22/12/2018
Querida Madre de Hakuna,
Qué afortunada me siento de que me hayas acercado a esta familia. ¡Qué PEDAZO
FAMILIA!
Sigo en una nube, como si estuviera en un columpio yendo hacia el Cielo.
Como nos explicó Josepe, el abrazo me hace ver a tu Hijo hecho carne en mis
hermanos. Y es que no hay mejores palabras para expresar algo tan grande. Y qué
mísera soy cuando, pretendiendo darme a todos, no soy capaz de levantarme a la
primera. Pero es verdad que «el mar son gotas» y que cada esfuerzo que ponga por
agradar y hacer sonreír a cada persona es algo, una gota, un charco, un estanque, un
río y todo acaba en el mar.
Pero Madre, te voy a decir que aquí se va a provocar un tsunami si cada uno
añadimos nuestra gota. Porque el 22 de diciembre cabíamos en una iglesia, pero
pronto necesitaremos una catedral y nos quedaremos cortos.
Qué maravilla es poder rezar en familia, en confianza. Es inevitable no sonreír ante
tanto pringado, ante cada rostro que se sienta a mi lado en una Hora Santa y que, sin
saber su nombre, me siento en comunión con esa persona.
«Incluir en el movimiento al mundo entero» es una frase de El Abrazo, preciosa. Y
ojalá pueda servir a tu Hijo como lo hiciste tú, Madre, con mi vida, mi corazón y mi
sonrisa, que es todo lo que puedo ofrecerte.
Por cierto, Mamá, el «todos por todos» estoy apunto de tatuarmelo en la piel, porque
en el corazón los tengo a todos, a todos, ¡a todos!
Me ha tocado el Gordo más grande que existe…
Y una vez más, ¡¡GRACIAS!!
Te quiero Madre