22/12/2019
Buenas noches, Jesús. Hoy es 30 de diciembre, estamos a punto de acabar el año.
Hago balance. ¡Cuántas cosas buenas! ¡Cuántas gracias nos has dado! Gracias por el
mejor regalo de este año. Gracias por dejarme pringarme. ¡Qué gustazo! Y pienso en
el 22 de diciembre y es que…
Da gusto cómo vas calando poco a poco en nuestras almas.
Da gusto ver cómo viene gente desde todas las partes de España para estar junto a
Ti un finde cualquiera de diciembre.
Da gusto no haber podido ir a la hora santa del 21 pero solo con ver las caras de los
demás, comprobar que lo que pasó allí fue una locura.
Da gusto cerrar el año con una misa como la del 22 de diciembre.
Da gusto ver a tantas familias comprobar que la alegría que ven en sus hijos es real.
Da gusto ver las caras de la gente.
Da gusto como continuamos sorprendiéndonos ante el Pan Blanco.
Da gusto como no cambias nada, lo cambias todo.
Da gusto ver Santa María del Mar a reventar de gente.
Da gusto no poder contener las lágrimas al pensar que estás loco por mí.
Da gusto poder besar y abrazar esa Cruz, pensando que vivimos arrodillados por Ti y
por los demás.
Da gusto ver como el año pasado unos locos se lanzaron al vacío de algo nuevo,
queriendo pringarse por Dios.
Da gusto pensar en nuestra historia de amor.
Da gusto ver a nuestros padrinos casi más contentos que nosotros.
Da gusto pensar que tengo a la mejor familia.
Da gusto compartir la alegría con un abrazo.
Da gusto ver la sonrisa del cardenal al ponerte la medalla de nuestra Madre.
Da gusto cantar a pleno pulmón: “dejando las diferencias, viviré de rodillas y
abrazando”.
Da gusto dar saltos de alegría, mientras suena la canción de “Revolución”.
Da gusto empapar las paredes de Santa María del Mar de acciones de gracias.
Da gusto vivir la intensidad de esos días.
Da gusto ver como Dios no para de liarla.
Da gusto haber podido ver y hacer Iglesia.
Da gusto comprobar que esto es un no parar.
Da gusto ver que esto es vida.
Da gusto llevar siempre la Madre de Hakuna en el pecho.
Da gusto que Dios haya contado con nosotros para pringarnos.
Da gusto no poder parar de dar gracias por lo vivido y por lo que queda por vivir.