25/09/2019
Esto no acaba aquí
Esto no acaba aquí. Volvemos a la realidad de nuestras vidas, a la rutina, sea
universidad o trabajo, pero ninguno de nosotros es la misma persona después de lo
que hemos vivido en Panamá estos días.
Unos más tiempo, y otros menos, pero todos hemos vivido lo que me atrevería a
decir que ha sido una de las experiencias más revolucionarias de nuestra vida.
Revolucionaria al estilo Hakuna. Nos hemos abandonado en Dios, hemos puesto
nuestra vida a su entera disposición y puedo decir demasiado convencida que ha
actuado a través de todos y cada uno de nosotros. A través de nuestras sonrisas,
miradas, palabras y actos. Hemos vivido como hijos revolucionarios de un Padre que
nos quiere y nos da el amor más increíble que existe; nos quiere con locura y cuando
uno se da cuenta de eso quiere a los demás casi de la misma forma. Un sacrificio que
no cuesta, que no hay que pedirlo porque nos sale de dentro: lo damos todo por
aquel que nos necesita sin que cueste. Hemos cabado, rascado paredes, pintado,
construido, pero sobre todos hemos vivido como verdaderos locos de amor por Dios.
Ayer al llegar a Panamá desde Saboga, el taxista que nos llevaba a casa definió
nuestra experiencia como un ayuno de todo lujo. Cuánta razón tenía, y qué fácil ha
sido aunque a muchos les pueda parecer raro. Fuera de toda comodidad, sin
espejos, sin camas de cuatro patas, con baños comunes y duchas limitadas (vaya,
limitadísimas) hemos sido felices y contagiado esa felicidad entregándonos a todos
aquellos que han necesitado de nosotros, sin esfuerzo. ¿Por qué? Pues porque un
cristiano que vive loco de amor por Dios abraza la vida tal como viene, y la vive y
exprime al máximo: se da entero sin necesitar grandes lujos.
Hemos redescubierto lo que significa la Fe, pues tal y como un amigo portugués,
también peregrino, decía: “Dios proveerá, hermana”, lo que implica que aprendamos
a abrazar la vida como viene, siendo revolucionarios del amor de Dios y viviendo la
vida al máximo, venga como venga.
Esto no significa que tengamos que dejar de lado nuestra posición activa respecto a
la vida, sino que ahora somos conscientes de que Dios se encuentra en cada
situación, y si actuamos en Él, seremos mucho más felices.
Hoy ya somos revolucionarios de Cristo, verdaderos pringados del amor de Dios,
somos HAKUNERS. Sigamos con esto en nuestras vidas y contagiemos el amor y la
bondad de Dios; seamos jóvenes que viven el ahora con la mayor intensidad posible,
tal y como nos pidió el Papa en la JMJ.