30/03/2023
Este fin de semana ha sido una bomba, en el mejor de los sentidos. En parte gracias a tres sucesos distintos:
- He vislumbrando parte del anhelo que Dios construyó en mi alma y, claramente, es un anhelo de Él, pero a través de la pobreza. Definiendo pobreza como la falta de algo necesario, se puede entender esta idea. A nivel material es pobre aquel que tiene poco dinero y necesita más. A nivel espiritual, entonces, es pobre aquel que tiene necesidad de más Espíritu, necesidad de Dios. Creo poder afirmar que todo hombre es pobre, necesitado de Dios; aun incluso cuando el hombre no asume su propia pobreza. Por tanto, cuando somos llamados a ser pobres, ¿a qué se nos llama exactamente? En primer lugar creo que se nos invita a abrazar esta verdad tan nuestra y reconocernos obsoletos frente a un Absoluto, incapaces ante a un Todocapaz, necesitados de un Dios misericordioso. El mayor anhelo de todo mi ser (cuerpo, alma y espíritu) es Dios, pues Él es Arquitecto del hombre. A la par, el mayor anhelo de Dios soy yo. Una vez reconocida mi pobreza debo centrarme en la subsanación de esta, de la manera que sea, de la manera que Dios me llame, pero pobre y sencillamente. Me resulta importante hacerlo sin olvidar el Evangelio, donde se nos llama a buscar el bien del otro hasta el extremo mientras vemos el rostro de Dios, que nos quiere saciar, en este: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Además, una vez abrazada y encaminada la pobreza espiritual, empezaremos a darnos cuenta que, hasta en la peor de las realidades, vivimos en una riqueza inmensurable. Al lado de Dios, del que nunca es suficiente y nuestra alma siempre quiere más, todo el resto de realidades nos parecerán más que suficientes. Qué ganas de llegar al Cielo, donde poder gozar en abundancia, riqueza y plenitud de este buen Dios.
- Por otra parte, una idea bastante distinta. Me he dado cuenta de que a veces le quiero robar a Dios su Libertad. Quiero conocer el dónde, el cuándo y el cómo; pero así, ¿cómo podré disfrutar? ¿Cómo podrá Dios sorprenderme si quiero saberlo todo ya? Si le arranco a Dios su Libertad, no podré amarLe bien, no podré alcanzar el culmen de mi existencia. Debo dejarLe hacer, aunque ya hace, sin estar como policía buscando a todo respuesta. Nuestra relación no es un interrogatorio, Él no es ni Wikipedia ni psicólogo ni mecánico. Él es Dios y lo nuestro es una historia de Amor.
- Por último, me ha hecho muy feliz ver a aquellos que siempre están pringando por todos nosotros descansando y dejándose querer. Sé que les cuesta, pues su vocación es darse al máximo a los demás, pero me alegra que hayan sabido darse al resto dejándose cuidar.
Ha sido una gozada de tres días y soy consciente de que Dios tiene grandes planes tanto para mí, a nivel personal, como para Hakuna. ¡Aún no hemos visto nada!