30/09/2018
Esta podría ser la forma de empezar cuando pienso desde casa en la salvajada de mes que he vivido con lo que se ha convertido en una gran familia: HAKUNA.
Volver a supuesto someterse a un constante bombardeo de preguntas: ¿qué tal ha estado la experiencia? ¿te ha chocado mucho? ¿ha sido duro? ¿mucha pobreza? ¿ha supuesto un antes y un después en tu vida? ¿habéis estado con las sisters? ¿habéis hablado con ellas?
Ante estas preguntas encontraba una media sonrisa dibujándose en mi cara y un pensamiento cruzándome la mente: Si tú supieras…
Si tú supieras lo que significa que 193 personas se conviertan en familia, en una mano que te ofrece ayuda y apoyo, en una sonrisa que te da fuerza, en un abrazo, en un “¿qué tal estás?” sincero, en testimonios que te hacen abrir los ojos a cosas que no te habías planteado nunca o que no habías dado el enfoque adecuado…
Si tú supieras lo que significa ver a gente con su botella de suero que se va del dolor pero siguen caminando con todos porque somos UN equipo, que caminando por el desierto carguen con tu mochila o tú con la de otro, que empiecen a cantar a pleno pulmón y que eso te dé un buen chute de energía para seguir el camino, que te pongas a andar con gente y que salgan conversaciones apasionantes, que conectes con gente con la que no habías cruzado una palabra nunca antes…
Si tú supieras lo que significa sentirse una parte del grupo, de una familia que sin ti está incompleta.
Si tú supieras lo que significan las palabras: equipo cocina y menú vegetariano…
Si tú supieras lo que es una imitación Mc Joseph a lo “Hombreeeeee, qué tal, qué talllll??”
Si tú supieras el juego que dan la pasta y el arroz, los cereales a escondidas fuera del desayuno, los croissants de chocolate que no saben a chocolate…
Si tú supieras la maravilla que es adentrarte en la noche del desierto, caminar con esa brisa fresca azotándote la cara, bajo un cielo estrellado y con un indio en chanclas a la cabeza… Llegar y celebrar Misa sobre un mar de dunas, bajo una bóveda de pequeñas y tintineantes luces encabezadas por una Luna grande y redonda. Dios, GRACIAS.
Si tú supieras lo que es dar las gracias o que te agradezcan algo de corazón sin parar, 24h al día!…
Si tú supieras lo que es el dolor de la risa por infinidad de chistes malos y lo que da de si un par de guitarras…
Si tú supieras lo que significó estar en un tren 33h, noches y días enteros en autobuses de hojalata… con celebraciones de cumpleaños, revolcaderos improvisados, paisajes espectaculares, Misa en un vagón cual “sardinas en lata”, distendidas conversaciones, trayectos subidos en el techo del autobús o sacando las piernas por la puerta del tren…
Oh Dios, ¡si tú supieras lo que es sentirse bien, sentirse libre, sentirse pleno!
Si tú supieras lo que es un testimonio… la suerte de que haya peña tan grande como Luis, Caro, Ana… que tienen un corazón y una fortaleza monumental, valientes que te tienen a Ti, Señor.
Si tú supieras lo que es ver que el amor sin sentir es amor…
Si tú supieras lo que es adentrarse en la mirada de un niño indio, en esos dos luceros negros que te desarman y que te hacer replanteártelo todo; sentir impotencia por la imposibilidad de cambiar la situación y pequeñez porque todo te viene grande.
Si tú supieras lo que significó tener la suerte de ir a Calcuta, donde aún continúa la entrega de una grande como la Madre Teresa, conseguir ver a Dios a pesar de tanta miseria, ponerte a prueba, conocer nuevas facetas tuyas en distintas situaciones; ver el amor con el que hacen todo las sisters, encontrarte amado cuando te entregas a ese anciano discapacitado y crecer. Crecer en ese amor. Si tú supieras lo que significó ver tu propia pobreza rodeado de pobreza exterior, en sentirse como en casa acurrucado en la tumba de la Madre Teresa de Calcuta, sentir lo que sentí al arrodillarme con los ojos cerrados y sentir paz como nunca antes lo había hecho…
Si tú supieras lo que es vivir (que no ir a) una Hora Santa, rezar con canciones que plantean el tornado de pensamientos, dudas e interrogantes que llevas dentro y postrarse ante ÉL y decirle: TÚ ERES EL REY DE MI VIDA, EL Nº 1 DE MI CORAZÓN. Y que consigas hacer de 194 voces solo UNA voz que haga vibrar a cualquiera.
Si tú supieras lo que se siente, cuando te das cuenta de que sientes a Dios…
Si supieras lo que es que Él de la cara por ti, que te envuelva con Su vida, que te entierre dentro de Su Corazón y que nadie te pueda sacar..
Si tú supieras lo que es llamar a Dios, Papá y sentir esa pequeñez ante su inmensidad, ese VÉRTIGO…
Si tú supieras lo que es sentir ese: Tú, LEVÁNTATE. Esa llamada para incendiar el mundo.
Si tú supieras lo que es saberte de verdad amado por Cristo, levantarte por amor, servir servir y servir por un Pobre Loco…
Si tú supieras que se siente al poder cantar con 194 bocas, «ven espíritu ven» y que venga…
Si tú supieras que se siente al estar arrodillado y gritar: te quiero más que a mi vida, te quiero más que a mi vida, te quiero más que a mi vida…
Si tú supieras lo que significa Santos de Copas, lo que es sentirse Santos de Copas…
Si tú supieras lo que es la euforia de una revolución, esa llama interior que en un instante se convierte en un incendio que se propaga ferozmente…
Si tú supieras todo esto, sabrías que quiero decir cuando digo HAKUNA, que no estoy loco, cuando hablo de amigos, de que he crecido con otros, cuando hablo de Dios, cuando hablo de que nunca he sabido qué era rezar hasta ahora y que aún queda mucho por aprender y crecer, sabrías por qué tampoco me da miedo la vuelta a la realidad, a vivir con Él este verano, a que no me dé pereza volver a clase y al trabajo, porque doy los buenos días con una sonrisa y porque necesito ir a Misa y estar con Él… porque de su mano sé que llegaré a todo. Porque he empezado a confiar.
Si tú supieras todo esto… Sabrías porqué soy feliz.