06/07/2023
Empiezo sencillo, nunca sentí nada. Mi gran «bajón» o prueba en la fe es esa,
nunca sentí nada en ninguna adoración, efusión del espíritu o momento de
oración fuerte. Cuando todos lloraban, descansaban en el espíritu o sentían calor
en el cuerpo, abrazos o amor intenso en su corazón, yo no sentía nada … Tengo
bien sabido y asumido ya que nuestra fe no se basa en sentir, sino en creer
firmemente en que Dios ESTÁ, lo sintamos o no, pero cada tanto un calorcito en el
pecho ayuda, ¿no? Bueno, la escapada no fue la excepción a la regla ( aunque eso
no significa que no disfrute muchísimo la experiencia y que espero con ansias
otra hora santa de Hakuna), pero si me reveló algo en una de los revolcaderos, una
pregunta. Mi corazón, ¿ tiene espacio? Boba pregunta, podría parecer, pero como
dijo Santa Madre Teresa de Calcuta, ni siquiera Dios puede ocupar un lugar que
está ocupado. ¿ Tengo espacio en mi corazón para Cristo? Cuando invitó a Jesús a
habitar mi corazón, a hacerlo su casa y hogar, ¿ no se encontrara El con una casa
tan llena que no puede entrar? Muebles, electrodomésticos, ropa vieja, polvo y
cuadros de recuerdos viejos que ya es mejor soltar…cosas que Dios no puso en un
principio ahí, sino que el Mundo fue poniendo sin que yo me diese cuenta. Ahí me
di cuenta, tengo que limpiar, liberar espacio, pero ¿ cómo? Pues con su ayuda
obviamente. Está escapada me hizo darme cuenta que no le estaba pidiendo a
Dios lo correcto, antes de que Él entre y me habite, me tiene que ayudar a limpiar
y reparar esta casa que es mi corazón.
Al final, ¿sentiré algo? No es algo que me preocupe, solo pienso en que cada cosa
que suelte, que en cada espacio que libere de esos inútiles muebles, Dios lo va a
llenar con su cálida y hermosa presencia, como el sol que entra por mi ventana en
estos días fríos. Me espera una aventura muy interesante y un caminar movido
con el Amado Señor, recen por mí.