19/03/2020
Gracias por proponer el lavatorio de pies. Haciéndole caso, hemos sacado la guitarra y empezado a cantar a Dios mientras tanto. En un momento dado se ha roto el canto, sobrecogidos. El ambiente se ha impregnado de ternura mientras los padres que Dios nos ha dado lavaban los pies a sus hijos. Era un amor tan puro… Cristo estaba cerca, siempre lo está, pero en ese momento latíamos con la misma certeza de su presencia en el silencio. Cristo siempre nuevo. Gracias por invitarnos a probar su infinita humildad. Todo el misterio de su amor cabía en un simple gesto. Gracias por este regalo, padre.