01/12/2023
Qué fin de semana, qué fuerte, qué pasada. Me faltan las palabras y me da vueltas la cabeza a
una velocidad vertiginosa. ¿Cómo puedo haber vivido tanto tiempo sin conocer todo esto?
Soledad, unidad, desnudez originaria… ¡¡Estoy bien hecha!! Todo me remite a Él. A más Él y a
solo Él.
NI yo estoy mal hecha, ni soy rara, ni lo que siento es patológico. Es que SOY DE DIOS y mi
cuerpo lo sabe y me lo dice.
Solo puedo dar gracias por esta riqueza. Por escuchar que mi marido es un don, por recordar
ese asombro al verlo y entender que era una llamada a la unidad originaria, llamados a existir
en comunión, pero sabiendo que no podemos saciarnos el uno al otro porque somos de Dios.
Y que para recibir el don tengo que salir de mí, sin salir no hay encuentro, no hay don, no hay
comunión. Pero todo esto en y por su gracia. ¿Estaremos a tiempo de vivir bien las cosas?
Nuestra sexualidad, nuestra vida familiar… De vivir sacramentalmente nuestra vida. ¿y por
dónde empezar? O, mejor, por dónde seguir. En el don sincero de mí misma.
Si nuestros hijos han nacido de nuestra comunión (de mi marido y mía), ¿qué fecundidad
tendrá ocupar el cuarto lugar del retablo, con la Santísima Trinidad?
Él me ha buscado y me sigue buscando. Yo sólo debo esperar a que él me muestre cómo ser
madre, cómo ser lo que él quiera
Tengo mucha paz y, al tiempo, mucha revolución. No quiero perder nada de lo recibido. Quiero
seguir escuchándolo y nadando en ello.
Sólo puedo decir GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS Y afirmar, qué bonita, qué sabia y qué grande es
la Iglesia.