Emaús

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19/03/2020

No ha hecho falta andar 11 kilómetros desde Jerusalén, tan solo un par de ellos y en coche, eso sí, con mascarilla y cada uno en una fila del coche y, después de 43 días en casa, Tú has salido a nuestro encuentro.

En este tiempo pensábamos: «eres el único que no se ha enterado de esta pandemia, que no la has evitado, no te has enterado de nuestro sufrimiento», pero éramos nosotros que los que seguíamos ensimismados en nosotros mismos. Nos hemos pasado este tiempo centrados y obsesionados en si el virus, si el gobierno, si se contagia, si… Encima, cuando Tú nos preguntas, te decimos que eres el forastero, tantas veces que te hemos hecho forastero de nuestras vidas: forastero, extranjero, extraño, intruso. Nos creemos el centro del mundo del que debemos controlar todo, del mundo del que te dejamos fuera.

Cuando nos preguntas, te contamos que otros creyeron, te reconocemos que esperábamos a otro, alguien que nos liberara. Pero, ¿sabemos qué es realmente liberarnos?¿Reconocemos nuestras cadenas para saber cuál es nuestra liberación?

En todo este tiempo encerrados nos has ido contando las Escrituras y no te hemos reconocido. Seguíamos las Misas en YouTube, las Horas Santas…, y ardía nuestro corazón, pero no te reconocíamos. Entonces, has hecho ademán de seguir para que tuviéramos el deseo de que te quedaras con nosotros.

Hoy, por fin, en esta Misa, te hemos reconocido al partir el Pan. ¡Tantas Misas oídas, tan acostumbrados a que estés al lado, que no te reconocíamos! ¡Tan metidos en nuestro mundo, que no sentíamos tu presencia! ¡Cuánto necesitamos no tenerte para tenerte y reconocerte! ¡Cuán real eres y qué cerca estás! Pero ¡que insensible somos! ¡Cómo nos abrazas en cada Comunión y no reconocemos lo extraordinario que es! Haz que se nos abran los ojos, y sobre todo el corazón, que lo tenemos tan entumecido.

Hoy hemos sido los 2 de Emaús, te nos has aparecido e, igual que hacemos uno, Tú sales a nuestro encuentro haciendo este matrimonio de tres. Haz arder nuestro corazón, haz que te reconozcamos. Gracias, Señor. Gracias por habernos traído hoy aquí, y gracias porque hace muchos años hiciste que eligiéramos esta lectura el día de nuestra boda. Creo que ya entonces nos estaba preparando el regalo de hoy.

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