Diciendo SÍ al Señor (JMJ PANAMÁ 2019)

Imagen Placeholder

25/09/2019

Delante del Santísimo me pongo a escribir esta breve carta de nuestra escapada a
Panamá:
Vaya 12 días hemos pasado. Sí, incluyendo la ida y la vuelta. Empezar con esa misa
mañanera el día 24 de enero en Barajas era solo empezar a respirar a Dios por todos
lados.
Según nos acercábamos a la puerta de embarque era mayor el número de
sacerdotes, gente rezando y cantando, con banderas y guitarras por todos lados. Era
un aviso para el que no se hubiese enterado aún: nos íbamos a la Jornada Mundial
de la Juventud en Panamá, «una fiesta de alegría, de esperanza para la Iglesia y, para
el mundo, un enorme testimonio de fe», a compartir una experiencia inolvidable con
católicos de todos los países del mundo acompañados de Su Santidad el Papa
Francisco.
El recibimiento de las familias de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen se me
quedó completamente grabado. Y fue otro aviso: estaba en Panamá, pero no de
turismo, sino para estar reunidos con mis hermanos cristianos, que «habían dicho «sí»
al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos», y escuchar todos juntos el mensaje que
el Papa tenía para con nosotros. Creo que a todos nos sorprendió la enorme
generosidad de las familias panameñas, que teniendo poco (materialmente
hablando) nos lo daban todo. Y ello me hacía preguntarme si yo sería capaz de
tratarles de la misma manera si viniesen a Madrid. Y la respuesta desgraciadamente
no era un sí claro… pero iremos mejorando seguro.
Estos dos avisos (aeropuerto y acogida) que tan bien me venían en mi caso, ya que
me había aventurado a ir a Panamá pero sin ser tan consciente de adónde iba como
me hubiera gustado, me hicieron poder entrar mejor en aquel Via Crucis en la «cinta
costera», como definió el Papa a esa enorme calle en la que nos juntamos, que fue
profundamente bonito. Cada uno a su bola, pero todos juntos como hermanos,
íbamos rezando de la mano del Papa, que tanto nos insistía en respetar a todas las
personas con todo nuestro corazón, desde el niño en el vientre materno, pasando
por mujeres maltratadas, refugiados, hasta aquellos a los que hacíamos bullying.
El sábado por la mañana, celebrando misa todos los españoles que habíamos ido a la
JMJ, pensaba una vez más: qué bonita es Tu Iglesia. Y luego poco a poco fuimos
peregrinando hacia el Campo San Juan Pablo II, para la vigilia. El Papa nos insistió en
no tener miedo. Que María no compró un seguro de vida. Ella, que era joven como
nosotros, se jugó todo y se convirtió en una joven «influencer», y que «no era tonta»,
decidió decir que SÍ, decidió confiar en el Amor. Porque el Señor nos hace una
invitación a vivir nuestra propia historia de amor con Él, y es Él el primero en decir «sí»
a nuestra vida.
Diciéndole que SÍ al Señor tenemos unas «raíces fuertes» que nos ayudan a estar
sostenidos y agarrados, porque es fácil «volarse» cuando no hay de dónde estar
agarrados. El Papa me ha enseñado que tengo que ser visible, sentir que soy útil,
¡que mi vida tiene sentido para todos los que me rodean! ¡No tener miedo! ¡No tener
miedo a abrirLe el corazón! De esta manera, ¡¡Él me abrazará con todas mis
debilidades y mis defectos!!
En la homilía del Papa del día siguiente se me quedó tatuado que todos los jóvenes
somos el ahora de Dios. Es un amor concreto, un amor de ahora mismo. Y que es ese
amor, como dijo el padre jesuita Pedro Arrupe, el que me hará levantarme por la
mañana y me impulse en las horas de cansancio, lo que me rompa el corazón y lo
que me haga llenarme de asombro, de alegría y de gratitud.
Y dejando la ciudad de Panamá atrás y en mi corazón, nos fuimos al archipiélago de
las Perlas, a la Isla de Saboga, que nos recibió también con los brazos abiertos.
Qué buenos ratos compartiendo con su gente: hablando, jugando al fútbol (pese a
nuestra injusta derrota), pintando, construyendo la grada… Y qué buenos ratos de
diversión en grupo, de adoración, de misa. A lo mejor Saboga no es la isla con más
dinero del mundo, pero desde luego que ahí se puede contemplar a Dios en su
gente y en la naturaleza. Ver con ojos felicidad, alegría y compañerismo.
Me llevo muchas personas. Muchos nombres: Pirulito, Octavio, Dayanne, Milagros,
Luis Carlos, Pollito, José David, Mercedes, Zori, China, Claudi… y aunque
probablemente no les vuelva a ver en mi vida, un hueco de mi corazón ocupan ya.
Para no enrollarme mucho más. Aparte de muchísimas historias y recuerdos, me
quedo con la gente panameña, de los que tengo mucho que aprender. Con vosotros,
el grupo español de Hakuna, que tanto me habéis sorprendido una y otra vez. Con
aprender a ser cristiano, que como dijo San Oscar Romero, el cristianismo no son
normas, el cristianismo es Cristo y que, como don Josepe nos sugería, ser cristianos
con nuestra vida, con nuestro ejemplo.
No me extraña que de una JMJ pueda surgir una conversión, una llamada a la vida
consagrada, a la vida religiosa… porque realmente en estos encuentros abrimos
nuestro corazón a Dios, que nos habla en silencio a cada uno. Seguramente no sea
mi caso, pero de lo que estoy completamente convencido y de lo que me he dado
cuenta al llegar a Madrid, es que vuelvo con la cara y el corazón cambiados. Con
ganas de vivir con toda el alma, de querer a los demás y cada día un poco más al
Señor.
Gracias Jesús. Gracias Papa Francisco. Gracias Hakuna. Y gracias a cada uno de
vosotros.

¿Ves algún error?