30/09/2018
Hacer un paraíso de nuestra vida
Vuelta a casa, parece que el paraíso ya se ha acabado. ¡Qué dura es la vuelta! Se está
haciendo difícil, ¿por qué no nos quedamos más días? ¿Volvemos a Saboga? Todos
nos hacemos las mismas preguntas.
Pero es que después de escuchar al Papa diciendo “el presente”, cristianos del ahora.
Entonces pienso que volver no es la solución. Lo que me propongo es hacer de
nuestro día a día como la Isla. Hacer de nuestra vida un paraíso. No es nada fácil,
pero pienso que vale la pena. Se puede seguir viendo la playa pero ahora es la
diagonal. La islita donde íbamos nadando es el bar con los amigos, la cancha de
fútbol es la oficina.
¡Se trata hacer de nuestra vida un paraíso! Con todo lo que viene dado. Decir SÍ a
Cristo, abrazar la vida como viene, pero con todo. Con sus dificultades y
contradicciones. Hay que saber abrazar esas fragilidades, que pueden ser la familia,
los amigos, compañeros. Nuestro cansancio, contradicciones que en la Isla eran los
mosquitos y las hormigas o volver a comer arroz. Ahora esas contradicciones es el
jefe, es perder el bus en la cara o que se lleve el coche la grúa.
Siempre acabo haciendo montañas de los problemas cuando en verdad son
tonterías. Damos demasiada importancia a nuestro trabajo, nuestras vidas. Nos
llenamos de espejos que solo hacen que nos veamos a nosotros mismos y no somos
capaces de ver a nadie más. Queremos ser importantes y vernos en el espejo, ver
que hasta el moreno perdura. Pero si quitamos todas esas pequeñas cosas que
limitan la mente y el corazón, si en el espejo caben todos menos yo, es entonces
cuando nuestro corazón se llena por completo, de Dios y los demás.
Al llegar a la Isla don Josepe dijo algunos que estábamos mirando el mar: aquí es
muy fácil apalancarse, por eso, “al cuerpo no hay que hacerle mucho caso”. Me
encantó ese comentario. Yo la verdad que tenía mil ganas de tumbarme allí, pero
cuando acabaron esos días me di cuenta que la mejor forma de disfrutar de la Isla no
ha sido estar en el piso, sino arriba de pie; no permanecer en el piso, que es muy fácil
y es a lo que nos llama la sociedad de hoy en día.
Entonces pensé: el Papa no solo se refiere a permanecer en el piso cuando estoy
mal, cuando tengo problemas y me hundo en ellos sin saber salir, sino el hecho de
estar tumbado, sin hacer nada. Descansado del descanso… no tenía sentido. Hacer lo
que quiera cuando quiera pero sin permanecer en el piso para no quedarme en mi
espejo.
Con la última idea que me quedo es que nada puede ser salvado si no se ama. Hay
que poner amor en todas las cosas, poner amor es poner el alma en todo lo que
hacemos. Ésta ha sido una de las frases del viaje: ¡CON TODA EL ALMA! Eso es amar,
hagamos lo que hagamos estar siempre dando amor para que pueda ser salvado,
que no es otra cosa que llevarlo hacia el Padre. ¡Ahora sé que se puede hasta ir con
Calma pero haciéndolo con toda el alma!
¡HACER UN PARAÍSO DE NUESTRA VIDA!