Recuérdalo bien querida yo del futuro (INDIA 2018)

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30/09/2018

Querida yo en un futuro,

No sé dónde ni cómo estás, pero aunque me dé pena pensarlo ahora, sé que es probable que te hayas olvidado de algunas cosas que aprendiste en la India. Por eso estoy aquí, porque siempre viene bien hacer un parón y poner los pies sobre la tierra.

Primero recuerda a tu familia india, a esos 194 pringados locos que decidieron pasar un mes viviendo en condiciones mejorables entregándose a los demás simplemente por amor. Esos 194 ángeles que te abrieron su corazón y te conquistaron con sus sonrisas en los momentos más duros, sus miradas de amor y complicidad y sus caras de resucitados. Recuerda cómo se querían y cómo te querían a ti, tal y como eres. Recuerda que te repetían una y otra vez que te dejases querer y cómo te sentías cuando les dejabas hacerlo.

Recuerda esos momentos con Él, con tu mejor amigo, con el rey de tu vida. Recuerda como hablabas con Él durante horas y como Él te escuchaba. Recuerda como le cantabas gritando con tus 194 hermanos. Recuerda las caricias de Dios y los abrazos de tu Madre.

Recuerda todo lo que has aprendido este mes y, por favor, nunca olvides los propósitos que te has hecho y las ganas de comerte el mundo que has traído a España. Por eso, te los quiero dejar por escrito, al menos algunos.

No dejes que la carrera, el trabajo o las preocupaciones terrenales de tu vida te hundan o te amarguen. No dejes que todas esas cosas del día a día, que aunque a ti te parezcan obstáculos horribles no son más que piedras en el camino, te hagan perder el norte y desviarte de tu camino.
Recuerda cuando andábamos por el desierto de noche, hubo un momento en el que ibas delante, al lado del guía y tu luz era la que iluminaba el camino de todos. Tú tienes que ser esa luz que ilumina, y tienes que ir al lado del guía, al lado de Dios; porque si te desvías, te pierdes tú y todos los que van detrás de ti. También recordarás que como llevabas la luz en la frente, si mirabas hacia abajo o hacia los lados y dejabas de mirar fijamente el camino que tenías que seguir, no veías las piedras que tenías delante y te tropezabas. Por eso, mira hacia el frente, hacia el camino que te marca el Guía, y cuando no lo encuentres o te hayas desviado, pregúntale, que siempre estará ahí, dispuesto a ayudarte. Así que recuerda, cabeza alta, paso firme y sigue hacia delante.

Hay otra cosa que has aprendido en este viaje que no quiero que se te olvide. Redescubre, cada día de tu vida, la felicidad y la grandeza de servir. Siempre acompañada de la importancia de la gratuidad. Ese darte a los demás, pringarte por ellos, sin esperar nada a cambio, sin que nadie se dé cuenta. Como decía María Soria en su revolcadero, que cada movimiento o acción de tu vida sean por amor, al fin y al cabo, Dios es Amor, si cada cosa que haces la haces por Él, estarás haciendo sagradas todas las cosas. Vivir por amor te lleva al corazón de la gente y al corazón de Dios y es un trampolín directo al Cielo; que aunque muchas veces se te olvide, esa es tu meta y no un buen futuro profesional y personal. Tu meta es el Cielo y la vida no es más que un camino hacia él. No te desvíes de tu camino, nunca. Recuerda, repite y vive esas frases tan increíbles que tanto has oído este mes:

«Para servir, servir.»
«Nacimos para servir y moriremos sirviendo.»
«Quien no vive para servir, no sirve para vivir.»
«Que poco es una vida para darla.»
Y muchas otras. Pero la más clave, no la olvides nunca, es:
«A mi me lo hicisteis.»

Recuerda que todo lo que le haces a cada persona que te cruzas, se lo estás haciendo a Él.
Solo tengo un último consejo que darte. Aunque lo oigas mucho, no nades a contracorriente, que el mar es fuerte y si te cansas no alcanzarás tu meta. Yo te propongo que cambies la corriente, revoluciona las aguas de este mar, si la corriente cambia conseguirás arrastrar a muchos más nadadores. Así que empieza ya, coge fuerzas y ponte a nadar que tienes un mar entero que revolucionar, pide ayuda al de arriba que es el mejor entrenador. Recuerda que no hay barrera que no saltes con su ayuda, no hay un mar que no puedas revolucionar.

Recuerda, siempre, que hubo una vez, en un país en la otra punta del mundo, que tuviste la suerte de saborear un pedacito del Cielo. Recuerda lo que sentiste, recuerda lo que aprendiste, recuerda lo que hiciste, recuerda lo que rezad te, recuerda lo que amaste. Recuerda a tus 194 hermanos indios. Recuerda las caricias de mamá. Recuerda a ese pobre loco que te mira embelesado desde un trozo de pan blanco. Recuerda que te enamoraste del que más te ama, recuerda que aprendiste que el amor sin sentimiento es el verdadero Amor. Recuerda que abrazaste tu Cruz, recuerda que asumiste tu realidad, recuerda que eres reflejo de su grandeza, recuerda que eres pasión de Dios. Recuerda lo que significa Hakuna, recuerda la grandeza de ser un auténtico pringado, recuerda la gratuidad del servir. Recuerda la importancia de la revolución. Simplemente, recuerda.
Un beso enorme futura yo.
Namasté.

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