30/09/2018
Borrachos de entusiasmo, así llegábamos el primer día. 194 jóvenes rumbo a la India. Un país que llama la atención, que rompe tus expectativas. LA LOCURA en mayúsculas y en todos los idiomas. Ahí nos dirigimos, con ganas de todo y sin saber que esperar.
Borrachos de impactos, impactos de todo tipo. De calor, de pobreza, de miseria, de malos olores, de ruido, de caos, de un tráfico infernal, de regateos, de vacas con joroba, perros rabiosos y ratas, ratas vivas y muertas, de basura, mucha y mucha basura, montones y montones de ella.
Borrachos de servir. Dar, dar y más dar. Entregarnos a los más pobres de Calcuta, a los moribundos de la calle, a los niños escuálidos, a los discapacitados, a los sordomudos y ciegos, a los ancianos, a los enfermos mentales, a los poblados indígenas, a las familias que viven felices sin tener nada, nada para nosotros, para ellos eso era tenerlo todo.
Borrachos de aprender. Porque sí, nuestro objetivo inicial era dar, entregarnos al 100%. Pero más que eso, o por lo menos hablando en mi nombre, hemos aprendido y recibido lo que nunca nos hubiéramos esperado. Porque no tienen nada y lo tienen todo. Y bueno muchos no te tienen a Ti, o por lo menos no saben que te tienen. Pero hemos aprendido a verte en todos ellos y también a que te hagas ver en nosotros. Porque a toda vela vas, quieto del todo.
Borrachos de calor, y madre mía que calor. El sudor ya era parte de nosotros. Mareos, desmayos… ¡¿Dónde está el aire acondicionado?!
Borrachos de lluvia. Bendito monzón, que nos caían chaparrones todos los días que te calaban hasta los huesos y encharcaban las calles, y gracias a las crocks podías sentir el agua negra calentorra con basura y ratas flotando.
Borrachos de cansancio. Durmiendo en el suelo o en la cama buena, embutidos como sardinas en lata, en el tren rodeados de indios o sentados en el autobús dando botes. Que cada día dormías menos y peor, pero daba igual. Ahí estábamos para levantar al de al lado. Que el número de horas dormidas daba igual, Tu nos dabas el chute de energía que necesitábamos.
Borrachos de kilómetros y kilómetros. 33 horas en tren, 12 horas de autobús, 40 minutos andando hasta el voluntariado, horas caminado por el desierto rodeados de estrellas o subiendo y subiendo escaleras que había hasta que trepar. Cuantas más horas, cuanto más lejos, era mejor, porque eso significa que te llevábamos más y más lejos.
Borrachos de hambre. Y perdón equipo cocina, que de verdad que lo habéis hecho increíble y sólo puedo daros las gracias de corazón. Pero espero no ser la única persona que tenía hambre a todas horas, y repetía siempre que podía. Quizás eso era señal de que no parábamos. Pero he de decir que ya echo de menos el arroz con verduras y el croissant más seco que el desierto, y habéis conseguido también que ahora disfrute más de un buen chuletón.
Borrachos de compartir. Compartir experiencias, vivencias. Compartir testimonios e ideas sobre algunos temas en los revolcaderos. Compartir lo aprendido. Compartir tu agua y tu comida. Compartir un estilo de vida. Compartir amor. Compartir lo más grande que tenemos, a nuestro mejor amigo, a Jesús.
Borrachos de malestar. Que si diarreas con suero hasta para desayunar, cortes por todo el cuerpo, quemaduras, hasta alguna que otra operación de emergencia. Increíble el equipo médico, yo la verdad que les daba ya el MIR y todo.
Borrachos de unión. 194 personas hechas uno. 194 voces gritando al unísono. 194 personas en cadena cargando maletas. 194 personas con makuto a la espalda por el desierto. 194 personas embutidas en 4 autobuses. 194 personas cenando en familia. 194 personas bailando para darte gloria Jesús. 194 hermanos que me llevo. 194 desconocidos que has logrado que se conviertan en mi familia. Todos por todos y que no se pierda ninguno.
Borrachos de ser Santos de copas. Que el alcohol no ha impedido que disfrutemos como niños pequeños. Necesariamente disfrutones. Eso sí, gracias a las cervezas que supieron a gloria y que nos hicieron santos de copas de verdad. Unidos, bebiendo en Tu nombre, a tu salud.
Borrachos de ti, Jesús, mi mejor amigo. Que no se qué he hecho para merecerte. Nada, obviamente nada. Pero ahí estás, aquí estás. Te he dejado entrar en mí, estás en mí. Tu y yo, somos uno. Que todos ansiábamos el momento de la misa y mejor si era entre dunas, en un vagón del tren, en la cima de una montaña o en el mismo Taj Mahal. Y no cabe mencionar las Horas Santas. Que no es magia, que eres Tú, Jesús. Sin palabras.
Borrachos de María, tu Madre, mi Madre. La Reina de Hakuna. Como nos cuida, como está con nosotros, pendiente de todo, preocupada, atenta, que nos quiere, porque somos sus hijos. Bendita seas, Bendita sea tu pureza mamá.
Borrachos de agradecer. Es que no se ni por dónde empezar a dar las gracias. Simplemente gracias a todos, de corazón, gracias a ti personalmente y gracias a ti también Jesús. Que sin ninguno de vosotros nada hubiera sido posible. Y gracias por todo lo que tengo, por todo lo que me falta y por todo lo que me llegará. Gracias por la vida que tengo y gracias porque puedo ayudar. Gracias porque das ejemplo de vida a través de mi.
Borrachos de revolución. Porque vamos a cambiar el mundo, mejor, vamos a conquistarlo! Que has conquistado nuestros corazones Jesús y contigo si se puede. HAKUNA REVOLUCIÓN
Borrachos de amor. Que me he enamorado de ti, mi pobre loco. Que eres el rey de mi vida, el amor de mi vida. Que te quiero más que a mi vida. Que he descubierto lo que es el amor, todo el amor que tengo para dar y lo bonito que es dejarse querer. Que Hakuna es amor y no solo me ha mostrado lo que es, me ha dejado formar parte de ello. Y como bien dice nuestro lema, mi lema de vida: QUE NOS QUERAMOS MÁS
Y que la resaca nos dure siempre.