LAS HAM

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31/12/2018

LAS HAM

Quisiera empezar esta carta agradeciendo a todas y cada una de las personas que han hecho
posible este pedazo de reencuentro. Dios os lo pagará y bien.
Las HAM para mí han sido un nuevo nacer en Dios y en la Iglesia. La oportunidad de poder ver
al Papa y escuchar las bonitas palabras que nos dirigió, me han hecho reflexionar y rezar mucho
estos días ya en España. Me llamó especialmente la atención que el Papa empezara
agradeciéndonos nuestra presencia allí, en el Vaticano. La que tenía que estar dando GRACIAS
a Dios por este regalo era yo, la que tenía que estar dando GRACIAS al Papa por su dedicación y
sus ganas de rezar una hora con nosotros (a pesar del mucho trabajo que tendría) era yo.
Obviamente, desde el minuto uno, el Papa ya me estaba dando una gran lección: ser agradecida
con Dios. Lo que hemos vivido me hace sentirme y saberme una AFORTUNADA.
Lo segundo que más me llamó la atención fue que nos pidiera perdón. Perdón debería pedirte
yo por no ser la cristiana que esperas que sea y por la que rezas cada minuto, perdón te tengo
que pedir por no rezar todos los días por la Iglesia y por tu persona, perdón tengo que pedirte
por no dar el testimonio que esperas de mí y perdón tengo que pedir por las veces que me
cuesta defender a la Iglesia y a los cristianos. El perdón que nos transmitió el Papa iba lleno de
dolor, un dolor muy profundo reflejado en algo que él ni siquiera ha hecho. Nos demostró cómo
sufre con el prójimo y cómo hace de ese sufrimiento algo tan propio hasta acabar atribuyéndose
TODO lo que sucede en la Iglesia. Menudo impacto.
Alegría, inconformismo y compasión. Jamás se me van a olvidar estas tres palabras tan bellas y
con tanto contenido. No quiero conformarme con la vida organizada y cómoda que estoy
llevando últimamente. No quiero y no puedo. No puedo porque me llamo cristiana y quiero
revolucionar todo y a todos. Quiero llevarLE a todas partes. ¡¡Quiero soñar a lo
grande!! ¡¡Quiero decirte que sí!!
Sólo puedo dar las gracias. Gracias porque las HAM me han abierto los ojos. Me han enseñado
lo que es vida. Gracias por todos los que fuisteis. Gracias porque allí, en la Hora Santa en Santa
María La Mayor, pude ver la necesidad que tenemos los hombres de llevar nuestra fe en
comunidad, en familia, en definitiva, en vida. Gracias por ser las tres cosas: comunidad, familia
y vida. Gracias porque me he podido fundir en el abrazo eterno que Dios me ofrece y en el que
este fin de semana hemos entrado todos. Gracias, porque la Misericordia no sólo ha entrado en
esta casa, sino que también en mi corazón que tan de piedra lo tenía…
Dios me ha dado tanto, tanto, tanto que debo corresponderle. No puedo ni quiero quedarme
de brazos cruzados balconeando la vida y usando sólo para mí todos los dones que he recibido
de Él. Haber estado en un encuentro con el Papa es una suerte y una bendición, pero también
sé que ahí estaba Dios queriendo transmitirnos algo. Ese algo tiene que ver con decirle que SÍ.
Él es el camino, la verdad y la vida. Si le digo que SÍ sé que alcanzaré la felicidad, pero cuánto
cuesta desprenderse… Por eso, gracias de nuevo por arrancar la piedra que tengo por corazón
y así poder llegar cada día un poco más al SÍ rotundo que quiero darLE.
Este fin de semana he visto a Dios en Hakuna. He visto que Dios es el que mueve los corazones,
los hombres sólo estamos ahí de instrumento. He visto a Dios en cada sonrisa y en los ojos de
todos. Lo he visto también en el concierto y en el musical. Creo que el coro no es consciente de
los muchos corazones que ha tocado y de lo mucho que ha ayudado a rezar. El concierto fue un
puro rezar juntos, rezar en familia. La familia que reza unida permanece unida. ¡Gracias a todos!

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