No te has perdido nada

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31/12/2018

No te has perdido nada

Uno llega a Roma. Se encuentra con un camping por montar. Con un millar de personas que
recibir. Acogida. Alegría.
Llegaba desbordado. Desbordado de ganas. Desde hacía meses las letras H, A y M habían
resonado mucho. Familia Eucarística, juntos, todos, en Roma. Y ya, lo de que el Papa nos fuese
a recibir… Desbordado. Con el corazón casisaltando de la emoción. Y todo empezó el miércoles.
Algunos privilegiados estábamos allí ya el miércoles. Celebrando la Primera Misa y Hora Santa
del viaje de nuestras vidas.
Y vaya Misa. Y vaya Hora Santa. Si te digo que si no has venido a las HAM no te has perdido
nada…
Allí, en la terracita del bungalow 102, estaba Dios hecho Pan, y me pareció casi más heavy que
tenerle delante en San Pedro. Más heavy, porque en un camping perdido de Roma, con cuatro
colgados, Dios también se hizo Pan nada más y nada menos que en un Bungalow para estar
entre nosotros. Ahí. Tan pequeño. Tan Él. TAN enorme. TAN HEAVY.
Y llegó el jueves. Y llegaron los mil. Los mil, como uno. Detrás de Uno. En Uno. Los mil, familia.
Para celebrar esa familia. Abrazos, sonrisas, ilusión. Caras de guasa al ver las tiendas de
campaña… Paseíto desde la recepción, una cerveza… Y el viernes. Y vaya viernes. Un viernes en
el cielo, en la tierra. Y vaya Papa, y vaya voces, y vaya Dios. Porque allí, en la cuna de la Iglesia,
en la grandeza de las columnas, de la cúpula y de la vidriera, Dios seguía siendo el mismo que el
que nos espera todos los lunes en la Custodia… En esa custodia de madera. El mismo trocito de
Pan, haciendo arder a mil que le miraban.
Vaya show… Si hablas con Jesús, dile de mi parte que la que ha liado. O mejor, la que está liando.
Porque después del Vaticano, nos fuimos a recibirle a Santa María del Trastevere. Para pararnos
en su Madre, en esa primera iglesia dedicada a Ella en Roma. Para aprender a estar cada día un
poquito más cerca de la Madre de Hakuna. De la madre de todos.
Y otro día. Y todo pasaba volando. Y gente currando de arriba a abajo, ultimando detalles para
que saliera todo perfecto. En ellos, estaba Jesús igual que en la Custodia de San Pedro. En los
que estaban recibiendo en la puerta del teatro Italia, en los que renunciaron a ver Roma para
hacer compra para mil (los del Makro de Roma aún están flipando), de los que poco se movían
de las paelleras, de los que decoraban las distintas Iglesias a nuestro estilo antes de que llegara
todo el mundo, de los que rezaban en alto para ayudarnos con sus voces en Off, de los que se
peleaban todos los días con el pobre PierGiorgio, el del camping, que estaba desesperado con
nuestro jaleo. De los del musical, que nos hicieron llorar de la risa a todos. De los del coro, que
cuando no cantaban, estaban ensayando… Tantos, ellos, que se pringaban, sin que nadie lo
viera. En ellos, estaba la misma Hostia que adoramos en San Pedro. El mismo Cristo. Y en ellos,
a la vez, un amigo, un conocido o simplemente uno más con quien, sin necesariamente
conocerse, compartir esa noche gritos de Revolución en un concierto en el que brillo el pobre
loco en las caras de todos. Alegría. Alegría. Alegría.
Porque, para remate, ese concierto fue mejor que cualquiera. Y ahí también estaba el mismo
Jesús, haciendo, de nuestra Vida, una fiesta, de mil, una familia, de canciones, oraciones, de la
fiesta, Vida.

Si te digo que si no has venido a las HAM no te has perdido nada… Tal vez, te lo digo, porque no
ha sido nada especial. Nada diferente. Simplemente una celebración a lo grande de lo que es
Hakuna, la Iglesia.
Pero, simplemente, Hakuna, la Iglesia. Si te digo, que no te has perdido nada, tal vez, te lo digo,
porque ese Pan Blanco del Vaticano, te está esperando este lunes, otra vez. Y esa fiesta, cada
día.
Y esa gente, eres tú. Tú y yo. El rumor de una revolución.

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