01/03/2024
Íbamos a Cifuentes un grupo de amigos, desde bastante lejos. Algunos se habían caído en el último momento. En nuestro coche, viajábamos con otro matrimonio. Cada uno iba rumiando las contrariedades que dejábamos atrás: problemas de trabajo de última hora, los niños, llamadas de teléfono inoportunas…
Al llegar a Cifuentes comencé a sentirme “ en casa”: caras conocidas, abrazos, alegres reencuentros, la expectación… Pero también miraba de reojo a quienes habían venido conmigo y vivían su primera vez. Me inquietaba que no estuvieran a gusto o que no entendieran. De hecho, alguno se había contrariado muchísimo cuando nos dijeron que teníamos que llevar ropa elegante al God Stop. A mí me había parecido divertidísimo y para quitarle hierro al asunto mi marido y yo habíamos metido en las maletas ropa de gala propia de una alfombra roja.
El viernes transcurrió tranquilo, dejé mis preocupaciones en la libreta , o al menos, eso pensaba que hacía. En la Homilía sentí una alegría brutal: aquella mañana al leer el Evangelio yo había subrayado en la Blank Bible “ Ahí viene el soñador”( Gn 37, 19). La escribí por todos sitios, incluso en mi estado de whatssap. Durante la comida le enseñé la frase a mi marido y me pregunté por qué no hacían pulseras con esa frase. Le había pedido al Señor ser una soñadora, tener valor para serlo, aunque no me entendieran, se rieran de mí, me intentaran matar con las críticas, robarme la imagen, aunque me quisieran hacer sentir culpable por ir a un God Stop. Y le pedía a Dios valentía y fortaleza para ello. Cuando Don Miguel se paró en esa frase en la Homilía, era que Dios confirmaba mi intuición y que aquel God Stop iba a ir de eso. Me iba a explicar cómo no dejar de soñar.
El sábado por la mañana comencé algo despistada, pensando cómo iba a darle a mi marido un regalo que le llevaba ( gracias, pringados y a todos los demás por ayudarme con la sorpresa), y aquello parecía que me sacaba de donde tenía que estar. Entonces, con el Señor delante, escuché la respiración de Lucecita a mi lado. Luz dormía. Le di gracias a Dios por haber conocido su fuerza a través de la historia de Luz. Escribí:
Que me regales
escuchar
la respiración tranquila
de Luz
mientras duerme
es tener experiencia
de Ti,
de Tu Amor,
de que cuando nos abandonamos
en Ti
Tú vences
y nos das VIDA.
Al terminar de escribir aquello, Luz me tendió su manita, y yo, tímida, le acaricié la palma de la mano, esa que Dios se sabe de memoria. Para mi asombro, Luz agarró mis dedos, como pidiéndome más caricias, y me sostuvo la mano durante un buen rato mientras yo miraba el Pan. Formas que tiene el Espíritu de templar las almas despistadas…
Me encantó meditar sobre los nombres que le he puesto a Dios a lo largo de mi vida, y mi historia de Salvación. Me confirmaba Dios lo que venía intuyendo a lo largo de los últimos meses, me pide dar el salto y confiar, olvidando mis propias fuerzas y lo que yo creo que son mis virtudes. Afrontar la vida y las batallas contra los criterios del mundo, aunque te parezca muy loco, casi suicida, ir de rodillas y buscando el bien del otro, no el propio e inmediato. Callando si lo que va a salir de mi boca es queja o reproche y no es Amor. Teniendo paciencia sabiendo que Dios la tiene conmigo. Y mira que todo esto me cuesta, especialmente en los conflictos laborales y ya ni te cuento en las discusiones matrimoniales.
Compartir todo esto con mi marido nos ayudó muchísimo, sentíamos que Dios estaba al medio de nosotros y que nos va a ayudar en esta aventura de adentrarnos en Su Misterio.
Empezó a llover y hacer un frío que pelaba y se fue la luz en todo Cifuentes. Todos seguíamos alegres, alumbrados por las luces vacilantes de las velas, sin quejarnos ni inquietarnos a pesar de que sin luz, la noche podía ser especialmente fría.
Cuando íbamos a entrar en la Hora Santa de Alabanza comenzó a nevar con fuerza. Los sureños alucinábamos, sacando fotos y vídeos. Alguien me abrazó y con una sonrisa dijo: “ ¡ cómo nieva! Se va a derramar la Gracia”. Durante la Hora Santa perdí la noción del tiempo, yo sólo podía mirar al Señor, y entender que Él no podía caber en los nombres que yo le había dado, había intentado encerrarle tantas veces en mis míseros conceptos humanos. Si tengo miedo a dar ese salto, lo que tengo que hacer es repetir una y otra vez que Él es mi Todo, mi Fuerza, Mi Ayuda, mi Esperanza. Alabar a Dios al saltar. Como el niño que grita jubiloso antes de tirarse por el tobogán que tanto le asustaba cuando abajaba la mirada y descubría la pendiente.
Seguíamos sin luz, y aprendí otra cosa importante, especialmente para mi marido: me puedo vestir de gala y maquillarme en quince minutos y a oscuras. Al llegar a la puerta de la capilla, no podíamos vernos. Estaba claro que el Señor quería que nos pusiéramos guapos para Él , que para eso Él es el Novio, sin que nos preocupáramos de más. Arreglarnos para Él y ponernos guapos en lo escondido, en la oscuridad de la alcoba, y confiando.
Cuando vi por el pasillo de la capilla al Señor en Su Custodia, entrando para casarse conmigo, de verdad que lo entendí todo. En el momento de la consagración, cuando Don Miguel alzó el Pan, en ese momento, vino la luz. Cuando lo bajó, se volvió a ir la luz. Volvió a pasar exactamente igual cuando alzó el Cáliz. Todos vivimos semejante gesto del Señor con una sencillez y una naturalidad preciosa, ni un grito, ni un sobresalto. Dios estaba con nosotros, y nosotros de rodillas frente a Él. No lo olvidaré jamás. Desde este God Stop la Misa no será igual, saborearé cada momento , sabiendo que el Cielo entero asiste a mi banquete nupcial. Vivirlo así, con estas imágenes, me ha ayudado a asumir y vivir lo que antes había leído que de debe ser. Viví la mística de Santa Teresa de Jesús, y comprendí a mi querida Santa Teresita, y me pareció que no podía ser casualidad vivir todo esto a escasos dos meses de la Primera Comunión de mi hija.
Al terminar la Misa, los rostros eran otros. Las manos, los abrazos, las voces… Eran otros. Éramos los mismos pero con algo distinto, quizás porque éramos más nosotros mismos, éramos de VERDAD… La alegría era luminosa. Y hablando de luz, justo en la fiesta de después, volvió la luz, para que pudiéramos bailar, bailar abrazados, bailar viviendo a tope aquella historia de salvación, y dejando nuestras historietas particulares. Bailar juntos ante la mirada de Martita, con los ojos llorosos de alegría. Bailar VIVOS. Glorificando a Dios.
No tengo palabras de agradecimiento, al primero, Dios, siempre, que quiso que estuviéramos allí con nuestros amigos. A cada una de las personas que compartieron conmigo el God Stop, con quienes cada vez me gusta más compartir. A los pringados, que listón tan alto de servicio, chico. Me sentí tan bien dejándome cuidar por vosotros. Gracias por vuestro sí. A los chicos que vinieron a cantar en la Hora Santa. Gracias, sin duda Dios se valió de vuestras voces para tocar cada corazón. A Don Miguel , que irradiaba belleza y verdad, sus palabras dando luz y guiando, qué pasada Don Miguel, ¡ lo que ayudan las oraciones de una madre!. ( me encantó volverla a ver)Y a Tomate, sus cuidados, su ayuda, su trabajo, su labor ¡ qué grande eres Tomate!. Estaba tan bien que me costó marcharme. Ganas de volver….