Ahora entiendo la grandeza de ser Tierra y ser Santa (Tierra Santa Seniors 2019)

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30/09/2019

Tierra Santa, ahora entiendo la grandeza de ser Tierra y ser Santa. Porque
nos hemos agarrado a la Tierra para disfrutar con todo esplendor de la
grandeza que Dios nos ha puesto a nuestros pies.
Estando allí te das cuenta de lo mundanos que somos muchas veces, las
preocupaciones y los enfados que podemos esquivar, evitar y sin duda nos
revolcamos en ellos como tontos. Aquí nos hemos caído y nos hemos
levantado, hemos pasado de la incertidumbre de no saber dónde estamos a
llegar a buen puerto, porque hemos creído que podíamos. Y apoyándonos
en los demás.
Nos hemos dado la mano para no caernos, manos de quienes no conocíamos
y con quienes hemos rezado con toda la pasión. Hemos unido nuestras
oraciones en momentos tan intensos que nadie puede romper esos vínculos,
por lejos que estemos.
Yo he comprendido el sentido del esfuerzo, de que los límites nos los
marcamos nosotros, de la importancia de tener un buen compañero de viaje
que te anime, a veces es muy bueno y necesario.
He disfrutado de la amistad, de las risas, muchas risas… Pero lo que más del
Gran Amor de Dios.
Deseaba el momento de la Misa, de la Hora Santa, de charlar… Y la intensidad
y sinceridad por parte de todos, la alegría y la fe han sido nuestros mejores
compañeros de viaje.
Por las calles de Jerusalén noté un gran pesar por tratar así al Hijo de Dios,
lloré en el Calvario y pedí perdón. Bueno llorar, lloré muchas veces… También
de emoción, de alegría.
Me planteo qué hubiera hecho yo si hubiera estado allí, el viaje interior
empieza ahora para mí. Esto no puede ser más que un seguir adelante
sabiendo llorar y sabiendo reír, la vida es un camino donde el aire no deja de
soplar como una agradable brisa o como un fuerte vendaval.
Ahora quiero disfrutar de lo vivido, viendo, leyendo, escuchando… No quiero
que la rutina prostituya esta inmensa paz de Dios que he sentido al volver,
estando allí. Momentos irrepetibles para llegar al «más difícil todavía», y con
un triple salto mortal, ¡zas!, lográbamos alcanzar un momento aun si cabe
más especial que el anterior. Desde luego, el Espíritu Santo ha estado
siempre con nosotros.
Y sigue estando.
Me llevo tanto que no puedo menos que estar agradecida por ayudarme a
sentir este gran abrazo de Dios

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