19/03/2020
Muchas horas santas, Misas diarias, compartiriados, revolcadero a tope todas las
semanas y, obviamente, también Vía Crucis los viernes.
Sí, ese era mi plan de Cuaresma unos días atrás, cuando tan solo te recé “Entrar al
desierto con Vos, Jesús”. ¡Pero qué ilusa! ¿No aprendí todavía que hay que tener
cuidado con lo que uno pide? “Contale tus planes y hacelo reír” … ¡cómo te habrás
reído conmigo entonces!
Pensé que mi paso por el desierto, estos 40 días, iba a ser totalmente diferente.
Pensé que se trataba de cosas concretas, en donde iba a verte y encontrarte en lo
visible, en la liturgia, en la Eucaristía, en el prójimo, en la música… Pero no, el
desierto que estamos atravesando juntos es, literalmente, un desierto: en la
soledad, en lo oculto, en lo pequeño.
Me sacaste de la rutina, de los míos, de mis actividades, de mis planes, de todo,
para encontrarte en lo escondido, en este desierto que al principio me pareció que
no tenía nada bueno, nada interesante, que solo estropeaba mis planes, que no
había nada, más que caminar y que pasara rápido.
Pero no. Jesús, perdóname. Otra vez estaba pensando en mí, en lo que yo quería,
en lo que yo planeé. Me olvidé de que no soy dueña de mi historia, que no soy
nada sin tu gracia. Que la Cuaresma no se trata de mí, sino de Vos. Se trata de
encontrarte, seguirte y acompañarte. Me trajiste acá para que nos conozcamos
más, porque me querés mostrar algo, querés que hablemos, que pasemos tiempo
juntos, pero tiempo de calidad, querés que estemos juntos, sin nada que me pueda
distraer.
Y estoy viviendo este tiempo como Vos lo viviste, alejada de todos mis ruidos
externos, para encontrarme conmigo. Jesús, cada día que pasamos juntos en este
desierto, me enseñas algo nuevo, te encuentro en otros lugares que jamás pensé,
nos conocemos mejor y…, ¡rezamos tanto! Qué gracia poder asistir espiritualmente
a Misa todos los días y recibirte en mi casa en las horas santas a través de una
pantalla.
Hablar de planes y silencio… me recuerda a un gran Santo. Hoy quiero hablar de
San José. El primero en vivir todo esto. Afrontó todo lo que Dios le fue poniendo
en el camino, hizo lo necesario para seguir con su plan. Todo lo sufrió en silencio
en su corazón. Dios hizo grandes cosas en él, porque se vació de sí mismo para
entregarse a Dios.
San José,
Quiero velar por la Iglesia.
Quiero tu ternura para cuidar a Jesús.
Quiero enamorarme de María.
Quiero santificarme en mi familia.
Quiero tu obediencia con los planes de Dios.
Quiero tu humildad para reconocer que dependo de Él.
Dame tu fidelidad para los momentos difíciles.
Ayúdame a saber que, en el silencio, Dios se manifiesta de una manera
extraordinaria desbordando todo su Amor.