
Oraciones
Un lugar al que poder acudir cuando falten las palabras, cuando no sepas qué rezar, cuando estés perdido, hasta cuando vayas en el coche con amigos.
Oración de la oficina
Señor, contigo hoy va a ser un GRAN día!
Enséñame a vivir con la cintura ceñida,
siempre dispuesto,
siempre al servicio,
una vida enamorada,
aquí, en mi casa.
Que los imprevistos sean tu providencia
y me mantenga siempre
en pie,
en vela,
a la espera de tu regalo.
Rompe cada día mis esquemas,
ensancha mi entrega
y abre mis oídos a la necesidad
de cercanos y lejanos.
Quiero mirar a los ojos a tus hijos
en cada reunión, cada llamada y cada email!
Que cada uno que pongas en mi camino,
sea el primero, último y único.
Que las gestiones sean pasiones,
y los objetivos, llenar el mundo de vivos.
Y cuando mis fuerzas humanas no den más,
y el malo me invite a abandonar,
recuérdame NUNCA AFLOJAR.
Gracias Maestro.
La del Estudiante
Madre mía Inmaculada,
que por haber recibido en tu seno el verbo de Dios,
eres Trono de la Gloria y de la Sabiduría,
alcánzame la gracia de estudiar con orden y constancia,
con pureza de intención y afán de servicio.
Haz que mi trabajo me acerque cada día
más a ti y a tu divino hijo;
que nunca me olvide de ofrecérselo,
como ahora lo hago, para que mis horas de estudio sean,
de verdad, horas de oración.
Ayúdame también a lograr el fruto humano y sobrenatural
que Dios espera de mi estudio,
para que sacrificándome en el trabajo alcance
la dicha de amarte para siempre en el cielo.
Imprescindible
Mirándote con Cristo me recreo.
Tu espíritu de Reina te embellece.
No conoces ni sombra de la muerte.
Solo sabes decir sí.
Ofreces tu carne al Padre y a tus hijos.
Femenina, me proteges.
Solo te importa ofrecer tu Corazón
donde reclinar la cabeza.
De ti no puedo prescindir,
de ti no puedo prescindir.
Bendita entre todas las mujeres,
Tú que ignoras tu belleza.
Nada tuyo en ti ocupa lugar,
en ti quepo todo entero.
Contigo me siento único y tranquilo.
Tu mirada me comprende.
Tan solo yo quiero tener tu Corazón
donde reclinar mi cabeza.
De ti no puedo prescindir,
de ti no quiero prescindir.
Ni el mismo Dios pudo prescindir de ti.
De ti no quiso prescindir,
de ti no pudo prescindir.
Oración del amigo pesado
Señor mío Jesucristo,
dame la gracia para poder hablar directamente
al corazón de mi amigo.
Espíritu Santo, ilumina mi entendimiento y mis palabras
para que sean las adecuadas.
Cambia mi corazón por uno nuevo,
derrítelo con el fuego de tu amor
y haz lo mismo con el corazón de mi amigo.
Tú tienes poder para hacer eso.
Yo confío en ti para cambiar los corazones
y limpiar las almas.
Solo soy un instrumento:
tu instrumento.
Si Tú quieres él cambiará;
si Tú quieres él se dará cuenta.
Solo te pido, Padre, que me dejes quererle como es,
porque si amamos solo a los que nos aman,
¿qué mérito tenemos?
Con la esperanza siempre de que cuanto Tú quieras
cambiarás su corazón,
yo mientras tanto estaré atento, paciente, servicial.
No permitas que hable mal de él;
no permitas que me separe de él.
Que sea mi cruz para salvar muchas almas.
Ayúdame a quererle.
Solo Tú, oh amabilísimo Dios,
tienes el poder de cambiar los corazones.
Te pido que cambies el mío y el suyo.
Por Jesucristo Nuestro Señor.Amén.
Después del SI
Ya te he dicho sí, Señor.
Te pedí consejo, fortaleza, ser valiente,
entender la situación, conocerla.
Señor, arranqué de mi corazón aquello en lo que me apoyaba
Y a quien me daba la vida…
Y es que para vivir contigo hay que morir primero.
Y eso me ha pasado: ¡he muerto para resucitar en ti!
El desgarro ha sido cruento;
la sangre brotaba, transparente de pureza,
por los ojos que hablan de tu verdad.
He subido la cuesta del Calvario contigo
y me he desprendido del amor que aquí me ata,
no sin antes suplicarte mil veces mirando al cielo,
gritando sin consuelo:
«Aparta de mí este cáliz, pero hágase tu voluntad».
Aún me queda tener sed, pedir agua y saborear vinagre;
aún me queda gritarte: «¿Por qué me has abandonado?»;
aún queda un maravilloso camino, porque tu yugo es fácil
y ligera la carga.
Con la confianza de que así lo has querido,
te digo que yo a ti me entrego y me abandono en ti.
«Deja tu patria, deja tu casa y ven tras de mí y sigue mis huellas,
que yo contigo estoy.
Toma tu alforja, toma el cayado y ven tras de mí».
Pues allí voy, Señor.
Gracias por la llamada,
perdón por la tardanza,
ayúdame a corresponderte.
Oración Por la Paz (S. Francisco de Asís)
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde hay odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, haz que yo no busque tanto
el ser consolado como el consolar;
el ser comprendido, como comprender;
el ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe,
olvidando es como se encuentra,
perdonando es como se es perdonado y
muriendo es como se resucita a la vida eterna. Amén.
Para hacer feliz a Dios
¡Te respeto y te admiro!
Toda una vida contigo:
así quiero vivir yo.
Buenos días, Padre mío,
vengo a pedirte perdón.
Perdón por tanto pedirte.
Perdón por poco escucharte.
Hoy vengo solo a mirarte,
quiero aliviar tu dolor.
Pues puestos a no pedirte
no te pediría nada,
mas mi condición humana
se empeña en esta excepción:
¡hoy te pido que hoy sonrías!
¿Qué te hace feliz a ti?
Hoy te pido solo eso:
¡lo que a ti te haga feliz!
Antes de coger la moto
Por la intercesión de la bienaventurada Virgen María,
que tengamos buen viaje,
libre de multas, percances y accidentes;
que el Señor esté en nuestro camino
y sus ángeles nos acompañen.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La del Conductor
Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante,
para que a mi paso no cause daño a nadie.
Guarda hoy mi vida en todo instante.
A quienes me acompañan,
líbrales de todo mal, enfermedad o accidente.
Enséñame a hacer uso generoso de mi coche;
que no me arrastre la pasión de la velocidad,
y que, admirando la belleza de este mundo,
logre seguir y terminar mi viaje con toda felicidad.
Te lo pido, Señor, por nuestra Madre.
San Rafael, ruega por nosotros.
San Cristóbal, ruega por nosotros.
Amén
La del Artista
Mi buen Dios, deseo encontrarme contigo
en este rato que voy a dedicar a buscarte en la belleza.
Quiero poner todos mis talentos a Tu servicio,
para que a través de ellos brille Tu luz en el mundo.
Conciénciame, Dios verdadero,
de que todo lo recibido es tuyo.
Dame la fuerza de Tu Espíritu y un deseo ardiente
de vivirte en los dones que me has regalado.
Concédeme un corazón agradecido y responsable
que viva siempre en el asombro de Tu gratuidad.
Que brille Tu belleza en cada obra que hagas nacer en mí,
para que todo sea verdadero reflejo del Dios vivo que realmente eres.
Haz que todo lo que escriba, cante, baile, interprete, moldee
o pinte, participe del gozo de Tu presencia. Que disfrutes con
nosotros de este tiempo y seamos tu delicia.
Condúcenos a Ti a través de Tu amada creación, para que
con la fuerza de Tu Espíritu ampliemos en el mundo Tu Abrazo
eterno, por Jesucristo, Tu hijo amado, nuestro
Pobre Loco y Señor.
Amén.
A solas
Para empezar tu oración
Tú y yo a solas,
Nuestro rato a solas.
Pon Señor dos guardas
a la puerta de mis sentidos
Durante este tiempo quiero dejar fuera todo lo que no eres tú.
Todo fuera.
Me tomas de la mano
me sacas de la aldea.
Tú y yo, ¡a solas!
Cierro los ojos:
entro en mi soledad habitada,
en esta oscuridad luminosa.
No hago pie,
no razono ni entiendo,
ni tengo nada que entender.
Sencillamente tomo conciencia
de hacerme presente al único PRESENTE
¡Estoy delante de aquel que sé que me ama!
Espabílame el oído,
para que escuche como los discípulos.
Recuerdo que has hecho maravillas,
y quiero gustar y ver qué bueno es el Señor.
Como tú, María, me recojo en oración.
Como tú, guardo en mi corazón la realidad de lo que vivo.
Como tú, José, quiero entrar en el sueño de Dios.
Ángel mío, ayúdame.
Después me abriré a todo y a todos
de un modo nuevo,
pero ahora: ¡tú y yo a solas!
Oración del pringado
Yo me entrego a ti, mi buen Dios,
porque quiero pringarme por tu Iglesia
siguiendo, junto a los demás, en comunión con ellos,
el estilo de vida de Hakuna.
Señor, me arrodillaré ante ti en la Hostia,
danos una vida de rodillas
ante el misterio y ante cada rostro.
Señor, me abriré a los alejados;
contágianos Tú la pasión
por que no se pierda ninguno.
Señor, te buscaré vivo en el Evangelio,
liturgia y sacramentos,
muéstrate como nuestro pobre loco.
Señor, sonreiré y miraré a los ojos,
recuérdanos que no hemos venido
a criticar ni a juzgar, sino a salvar.
Señor, abrazaré cada realidad
con la no-medida de la cruz;
devuélvenos la unidad,
y transfigura ya nuestra carne.
Señor, iré a las fiestas buscando
que sean momentos de Vida,
haz que te encontremos sufriente
en los sedientos de placer.
Señor, agradeceré tu confianza cada nuevo día,
que un profundo sentido de tu presencia
haga de cada día una fiesta.
María, madre de Hakuna,
que contigo solo sepamos decirle ‘Sí’,
que vivamos de rodillas, abrazados y abrazando,
con alegre cara de resucitados;
y recuérdanos rezar todos los días, TODOS X TODOS.
Para conocer la vocación
Todo un Dios se recrea conquistándome. ¡Señor, que sepa estar en
este momento tan nuestro! Que acepte la pobreza de no entender.
Que encuentre la riqueza en el fluir de tu amor en mí. Que descubra
la sabiduría en el juego de tu providencia ordinaria, sin efectos
especiales.
Te doy mi «Sí» a afrontar esta inquietud que has puesto en mí. Como
quien está conociendo a una persona y quiere saber si es ella, yo
quiero saber si me invitas a ser exclusivamente tuyo. Me pongo en
el sí: afrontándolo sin reservas, sin miedos, sin peros, sin límites, sin
pedir pruebas. ¡Solo así discerniré!
Padre: que imite la grandeza de tu «Sí» creador: veo la creación, y no
puedes haber sido más grandioso.
Hijo: que pueda ser enviado como tú eres el enviado del Padre.
Espíritu: que en el silencio escuche los suspiros del Padre, que desea
abrazar con nuestros brazos a todos los hombres en su seno eterno.
Que resuene con fuerza en mí esta forma de amar, tu paternidad
como mi paternidad. Tu esponsalidad como mi esponsalidad, tu don
en mi deseo de oblación por todos. Por el más pequeño. Yo por todos
para que tú seas en todos.
Por último, Padre, que cuando llames a mi puerta cada día, puedas
decirme: «Sí, te conozco, entra en mi intimidad, entra en la gloria.
¡Estás realizando el nombre que te puse cuando te di la vida!».
María, que fuiste Acogida del Don, que contigo solo sepamos decirle
«Sí».
Amén.
Desde la juventud
Quiero vivir la vida:
que sepa gozar de todo,
que no me venda a la falsa diversión,
que busque la felicidad en mi interior.
Quiero apostar por grandes ideales:
que sepa que mi vida vale mucho,
que no me venda a la mediocridad,
que busque servir y amar.
Quiero acertar en mis elecciones:
que sepa distinguir el bien y el mal,
que no me venda a ser como los demás,
que busque lo que vale la pena.
Quiero ser libre:
que sepa esclavizarme por amor,
que no me venda al capricho ni a la pasión,
que busque la libertad interior en ti, Señor.
La del Erasmus
Gracias, Señor mío, gracias por esta experiencia en este país.
Hazme realmente consciente del verdadero privilegio
que es para mí,
y ayúdame a aprovecharla:
no lo merezco,
tengo conciencia de que esta situación me endeuda.
Ayúdame a preguntarme repetidas veces:
«¿Qué quieres de mí en este viaje?».
Que no sea un tiempo para mí, sino para los demás.
Que no busque pasarlo bien, sino que otros lo pasen bien.
Que no desperdicie ninguna de las posibilidades
que me ofrece para enriquecerme.
Que aproveche esta situación para aprender a ser libre.
Que no confunda estos meses con un año sabático:
aumenta mi hambre por prepararme lo mejor posible
para servir más tarde a la sociedad
e intervenir en el mundo para mejorarlo eficazmente.
Que cada día me acerque más y más a ti
y así sea luz para cada persona que me encuentre.
Que pueda transmitirte, no solo con palabras,
sino, sobre todo, con mi alegría y ejemplo.
Que conozca y quiera cada día más a los que me rodean:
sus ilusiones, preocupaciones, intereses...
Que sepa que lo mejor que puedo enseñar a una persona
es a amar a las personas de verdad.
Que ame a cada persona nueva que conozca,
y me entregue a ella.
Que me abandone en ti,
consciente de que nada puedo sin tu ayuda.
En definitiva, que sea Cristo en esta universidad,
y que vea a Cristo en cada persona que me encuentre.
Porque es olvidándose de uno mismo, cuando uno se encuentra.
Porque es «perdiendo» el Erasmus, cuando uno lo gana.
Amén.
Para entregarse a Dios
Muera ya este yo,
y viva en mí otro que es más que yo
y para mí mejor que yo,
para que yo le pueda servir.
Él viva y me dé vida:
Él reine y sea yo su cautiva,
que no quiere mi alma otra libertad.
Santa Teresa de Jesús
La del opositor
Gracias Señor por este nuevo día.
Gracias por el privilegio de hacer lo que deseo.
Te pido fuerza para superar las dificultades,
inteligencia para sacar el mayor provecho,
humildad para no desistir ante el fracaso,
paciencia para recoger los frutos en su momento.
Pero sobre todo, dame un corazón
que sepa discernir lo que quieres de mí cada día.
Sabes Señor que he elegido este camino para
servirte mejor a Ti y a mis hermanos.
Toma todo mi esfuerzo, trabajo y sufrimiento para
aliviar una parte del suyo.
María, Madre, sé que me cuidas como cuidaste a tu Hijo.
Enséñame a estudiar, a sentir, a amar como lo haría Jesús.
Enséñame a vivir con toda el alma.
La del matrimonio
¡Enseñas el amor en un trozo de pan!
Pan blanco, venimos a mirarte en silencio,
a apoyarnos en tu pecho como Juan en la Cena última,
a acompasar nuestros latidos con los tuyos,
hasta desear ardientemente dar la vida hasta el final;
a aprender a amarnos mirándote,
hasta que también nosotros nos dejemos mirar sin miedos.
Jesús masticado por nuestros dientes…
Que siempre estemos disponibles el uno para el otro.
Que le cure con mi perdón
y busque mi curación en el suyo.
Que incondicionalmente encuentre ternura en mí.
Que viva para alimentarle y saciar sus sedes.
Que me deje masticar por los dientes
de sus imperfecciones.
Pan que has venido a pegar fuego en la tierra…
Que nuestro matrimonio arda.
Que tu amor le llegue por mi amor.
Que tu estilo sea nuestro estilo.
Que seamos imagen visible de tu amor invisible.
Que contagiemos vida, paz, unidad, alegría e ilusión.
Pan que eres carne viva…
Que tu infinitud le llegue en la ternura de mi carne.
Que la unión de nuestros cuerpos
sea gozo del cuerpo y del alma.
Que llenes de fecundidad nuestra entrega.
Que entienda que ‘soy’ para ser su ayuda.
Que le haga la vida tranquila, alegre y divertida.
Pan vivo que das la vida al hombre…
El mundo necesita la luz de los matrimonios cristianos:
por quienes ahora lo pasan mal o tienen miedo,
por quienes viven separados física o espiritualmente,
por quienes heroicamente sufren alguna infidelidad,
por quienes han perdido la frescura del primer amor:
¡que no se pierda ninguno! ¡que no se pierda ninguno!
¡Tú, que enseñas el amor en un trozo de pan!
Mi vida es Cristo
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclavo.
Mi vida es Cristo.
Con Cristo, soy hijo.
Tengo raíces. No soy inicio de nada: «vengo de».
Tengo Padre: mi Padre es Dios-Amor.
Tengo Madre: reina y madre de misericordia.
Estoy tranquilo dentro de su abrazo eterno.
Con Cristo, soy esposo (novio) de la nueva Jerusalén,
la más hermosa.
Ecclesia es su nombre: «vivo por y para ella».
Prendado estoy de su belleza y,
de rodillas,
la abrazo con toda el alma,
humana y divina,
una y diversa,
única y universal,
enferma y sana.
Con Cristo, soy hermano del mismo Jesús de Nazaret,
de todos los hombres y de los sacerdotes de modo singular.
Que crezcamos juntos en el sacerdocio, en familia,
abrazados y abrazando, queriéndonos,
cuidándonos y dejándonos cuidar: «soy con».
Te pedimos por la unidad de todos los seminaristas,
sacerdotes y Obispos, todos forofos de todos.
Con Cristo, soy padre, paternidad recibida y participada.
Sí, soy inicio de vida de muchos: «soy para».
Tengo hijos, muchos hijos, todos hijos:
de cada uno como si fuese único,
de cualquiera como conocido de toda la vida,
y de quien sufre como hijo predilecto.
No hago pie, vivo en el Misterio, seguro solo en Cristo.
Soy hombre: me fallan las piernas, el miedo me paraliza,
la soledad me aturde y las dudas me asaltan.
Pero soy hombre tomado por el Espíritu,
que me transfigura sin yo saberlo.
Tú haces proezas con mi brazo, Tú abrazas con mis brazos.
Bienaventurado si creo con toda el alma
porque lo que me has dicho Tú, Señor, se cumplirá.
La de los solteros
Señor, pongo ahora en tus manos
a la persona de la que algún día me enamoraré,
con quien compartiré mi vida entera.
Te pido que la bendigas, la cuides y la ayudes.
Donde quiera que ande,
bendice su camino, conserva su ánimo, guía sus pasos,
fortalece su corazón y muéstrale tu misericordia.
No permitas que nada dañe su capacidad de amar.
Aunque muy probablemente no la conozco todavía
llénala de alegría y hazla generosa.
A mí, ayúdame a ser mejor para hacerme
más digno de estar a su lado;
que sepa esperar hasta el día en que la conozca,
que me prepare aprendiendo a amar a cada uno
como necesita ser amado.
Educa mi corazón para amar desinteresadamente.
Que viva ahora el misterio de la sexualidad
como merece ser vivido.
Durante este tiempo de espera ayúdame a
capacitarme para amar al cien por cien.
Bendícenos y llénanos de amor.
Quiero vivir ya para él/ella; por eso,
si no te importa, haz que la conozca pronto.
La de los novios
Me has llevado hasta la maravilla desde
que en mi vida entró el amor.
Pienso que te conozco algo mejor
desde que conocí a N.
Gracias, y que en N. y con N. encuentre
la paz y felicidad que por
mí mismo no podría alcanzar.
Queremos acertar durante nuestro noviazgo:
conocernos sin engaños,
relacionarnos sin tapujos,
darnos y aceptarnos como somos,
vernos como un regalo sin acostumbrarnos ningún día...,
y tantas lecciones que necesitamos aprender.
Estamos poniendo las bases de lo que queremos que sea
la obra de arte de nuestra vida.
Que aceptemos las exigencias de este tiempo,
que aprendamos a esperar,
que nos acostumbremos a querer el bien del otro,
que dominemos los instintos para que luego
puedan ser vehículo del amor más limpio.
Que aprendamos a discutir, a respetar,
a ceder y a no ceder,
que descubramos nuestro modo de
perdonarnos sin quedar resentidos;
que jamás se nos ocurra querer cambiar al
otro antes de comprenderle…
Y sobre todo, que crezca nuestra confianza:
que aprendamos a desnudar nuestra alma
uno delante del otro sin hacernos daño,
que siempre demos y recibamos ternura
—¡tu ternura!— uno del otro.
Venimos a aprender de ti cómo hacernos alimento,
a pedirte por todos los novios del mundo,
y a decirte que aceptamos el reto de enseñar
al mundo a ser novios con estilo cristiano:
libertad, entereza, paz, unión, perdón, don,
gratuidad, limpieza, alegría, ilusión, sinceridad…
Por último, en los
momentos en que no sepamos
si seguir adelante o dejarlo, danos luz.
Que si yo no he de ser mejor por N. y N. por mí,
si no somos uno para el otro, sepáranos;
permítenos llegar, cada uno por su camino,
a encontrarnos de nuevo contigo en el Cielo.
María, ¡cuídanos!


