Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
¿Qué es el amor? Es un deseo profundo de darse a sí mismo por el amado. Dios nos sorprende por su forma de amar. Quiere que desarrollemos su carácter, que nos volvamos más como El. ¡De tal palo, tal astilla!
Hoy en día se habla mucho de amor. Pero gran parte del “amor del que hablan”, no es nada menos que egoísmo disfrazado de bondad. El carácter de Dios es lo que define el amor.
Él nos amó cuando no podíamos responder a su amor. No nos ama porque lo merecemos, o porque lo amamos, sino porque su naturaleza es amar. ¡No es difícil amar a la gente bella! Pero toma más esfuerzo amar al indeseable. Esa es la clase de amor que Dios nos llama a demostrar. La misma clase de amor que Jesús demostró hasta los últimos instantes de su vida.
¡Dios es amor! No se dice que Dios tiene amor. El amor es su naturaleza. No hay nada que puedas hacer para que deje de amarte. Jesús abrió sus brazos a todo lo ancho de la cruz, diciendo, ¡así de inmenso es mi amor por ti! Te amo tanto que hasta me duele. Te amo tanto que moriré por ti, para no tener que vivir sin ti.
El amor de Dios sobrepasa todo entendimiento, es persistente, constante, nunca deja de ser. Su amor es completamente diferente al nuestro porque es inquebrantable…aun cuando nos alejemos nunca deja de buscarnos. ¡Su amor es increíble!
No se presenta el amor como una emoción superficial, sino como la esencia misma de Dios que se revela en la encarnación y el sacrificio de Cristo. El amor verdadero debe reflejarse en nuestra vida diaria y en nuestras relaciones fraternas, siendo un testimonio vivo del poder transformador de Dios. El amor que viene de Dios no se definió en palabras sino en acción, no es débil, ni efímero, restaura relaciones y trasforma vidas.
Cuando la Iglesia ama está trayendo un pedazo de cielo a la tierra, mostrando a todos que Dios es real y que habita en medio de su pueblo. De los primeros cristianos se decía ¡mirad como se aman!, ¿pueden decir eso hoy de nosotros? ¡Deja que el amor sea lo que te defina!
El evangelista Juan da respuesta al anhelo de felicidad eterna, proclamando uno de los contenidos centrales del mensaje cristiano: la victoria de Cristo y la nuestra sobre el último enemigo del ser humano, la muerte.
El milagro en sí de la vuelta de Lázaro a la vida no es lo más importante del relato, porque su interés se centra más bien en lo que experimenta sus hermanas Marta y María.
Ellas salen de su aldea de Betania que en hebreo significa casa del afligido, donde reinaba el llanto y el luto, para encontrar allí mismo, en esa misma tierra, al Señor de la vida.
Marta sale al encuentro de Jesús para acogerlo y recibir su condolencia. Al verlo, le dirige una súplica cargada de fe en el poder divino que obra en El, sabe que sólo Dios puede cambiar las cosas, no por sus méritos sino por el amor que Él tiene a sus amigos. Ahora, cuando ya no hay nada que hacer y a pesar del aparente desinterés mostrado por Jesús, Marta reconoce que él hubiese sido capaz de librar a su amigo de la muerte.
Ella no ha perdido la fe, pero ha sido puesta a prueba por la realidad inexorable de la muerte. Jesús la alienta a reafirmarla, haciéndole ver la resurrección, esperada para el lejano futuro de los últimos tiempos, puede hacerse ver ahora por la fe. Para ello Jesús la corrige y orienta. Debe dar el paso de la fe propiamente cristiana, que contiene, en primer lugar, la certeza de que la resurrección nos viene por Jesús.
Y, en segundo lugar, la posibilidad de experimentar la realidad ya presente de la resurrección. La vida eterna no es sólo futura sino presente. La forma de vida, que la fe promueve, contiene ya el germen de aquella vida que crecerá y alcanzará su plenitud después de la muerte.
Marta cree que Jesús es el Cristo y con ello afirma lo central de la fe cristiana: que con Jesucristo ha venido la vida que vence a la muerte y puede ser vivida ya en este mundo. Dios, vida nuestra, no está fuera del mundo; nos ha venido en Jesús y está con nosotros.
Santa Marta

La Iglesia recuerda hoy en la liturgia a Santa Marta, aunque el martirologio extiende la conmemoración también a sus dos hermanos.Marta y María, las amigas de Jesús, son un canto a la amistad. Marta y María se han convertido en figuras de cualquier ser humano que sufre el dolor de la enfermedad y la muerte. Son modelo de esperanza a pesar del dolor
La Iglesia recuerda hoy en la liturgia a Santa Marta, aunque el martirologio extiende la conmemoración también a sus dos hermanos. Su nombre procede del arameo y significa dama, señora. Marta aparece en dos Evangelios. Juan y Lucas hablan de ella y la presentan siempre junto a sus hermanos María y Lázaro, que fue resucitado por Jesús. Los tres viven en Betania, aldea cercana a Jerusalén, por la que el Señor solía pasar con frecuencia para descansar en casa de sus amigos.
Del Evangelio de Lucas se deduce que Marta era la mayor de los tres hermanos porque recibió a Jesús «en su casa» y porque se afanaba por los quehaceres del hogar (cf. Lc 10, 38-41). De todos modos, sea cual fuere el orden, la relación de los tres hermanos con Jesús es muy particular y no parece que uno sea más que otro. A los tres los quiere el Maestro y a los tres busca en los momentos en que necesita un descanso sereno y pacificador.
Marta y María reciben a Jesús en su casa (Jn 10, 38-41) y juegan un papel muy importante en la resurrección de su hermano. María unge los pies a Jesús en Betania, seis días antes de la Pascua, mientras que Marta sirve la cena a los comensales.
Vernos a Marta y a María en el Evangelio de Lucas. Jesús entró en una aldea y una mujer de nombre Marta lo recibió en su casa» (Lc 10, 38). Seguramente que la visita no fue improvisada. Marta sabía que el Maestro se hospedaría en su casa y „andaba inquieta y nerviosa». Seguramente lo había preparado todo para recibir a Jesús y se afanaba en tenerlo todo a punto para su esperado huésped.
María, su hermana, se había desentendido de las faenas de la casa y estaba dedicada exclusivamente al Maestro. Muchas veces se nos ha presentado a Marta en oposición a María. Una elige la acción y otra la contemplación. Dos estilos de vida que se comparan para elegir uno como más perfecto que el otro.
Pero no debió de ser así. Una mezcla de sentimientos se apoderaría del corazón de Marta. Ella también querría estar sentada a los pies de Jesús, escuchándole y haciéndole preguntas. Sin embargo. había que preparar la comida y el alojamiento. De una manera indirecta, estaba dedicada totalmente a Jesús. Por él y para él trajinaba. Pero nadie se daba cuenta. Ese «andaba inquieta y nerviosa», que nos dice Lucas. podría tener múltiples causas: el afán por ofrecerle a Jesús lo mejor, el no entender por qué su hermana no la ayudaba, el querer terminar pronto lo que estaba haciendo para estar con su huésped… Todo, menos preferir las tareas de la casa a estar con Jesús.
Juan dedica el capítulo 11 y parte del 12 a hablar de los amigos de ,Jesús: Lázaro, Marta y María, que vivían en Betania. Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro» Un 11, 5). No sabemos cuál de los tres fue el primero en conocer a Jesús. Pero sí queda claro que se relacionan y se ayudan.
El capítulo 11 nos cuenta la resurrección de Lázaro. Juan sitúa este milagro en Betania, la aldea donde vivían los amigos. Entre la fiesta de la Dedicación, que se celebraba en invierno (10, 22) y la fiesta de la Pascua, propia de la primavera (11, 55). Según este evangelista parece que la furia de los judios que buscan matar a Jesús está provocada por este hecho milagroso: Lázaro, que estaba muerto, ha vuelto a la vida. […]
La enfermedad del amigo servirá para honrar al Hijo de Dios. El sueño-muerte del amigo pondrá de manifiesto el poder de la vida y la resurrección. La muerte y resurrección de Lázaro serán causa de la muerte y glorificación de Jesús.
[…] Leyendo detenidamente el capítulo 11 de San Juan, advertirnos que en el fondo del relato, Marta, María y Jesús hablan de muerte y vida, de tinieblas y de luz. Jesús lleva la vida y la resurrección. Él es la luz de este mundo, Marta y María están envueltas en el dolor y la oscuridad, Hablando con Jesús vislumbran algo de su resplandor y creen que es posible la vida, aun estando muertos. Pero se empeñan en llevarle a la oscuridad del sepulcro. Es la mezcla de la fe y la impotencia ante la pérdida de un ser querido. Creemos que resucitará, pero lo cierto es que sólo tenemos su cuerpo enterrado en una tumba.
Jesús, Marta, María y los judíos que estaban con ellas fueron al sepulcro. Y ocurrió el «signo»» de la vida. Ninguna de las hermanas había pedido a Jesús que resucitara a su hermano. No se atrevieron a tanto. Sin embargo, era necesario aquello para que muchos creyeran y para que se manifestara el poder de Dios.
Muchos judíos que presenciaron lo que había hecho jesús, creyeron en él» (11, 45). Otros fueron a contárselo a los fariseos. He aquí el signo de contradicción: Ven la gloria de Dios y se preguntan ¿qué hacemos?» (11, 47-48). Y desde aquel día estuvieron decididos a matarlo» (11, 53-54).
El evangelista no nos cuenta cuál fue la reacción de las hermanas de Lázaro, pero sabemos que volvieron a encontrarse otra vez los cuatro en Betania.
Marta y María, las amigas de Jesús, son un canto a la amistad. Marta y María se han convertido en figuras de cualquier ser humano que sufre el dolor de la enfermedad y la muerte. Son el símbolo de la impotencia a pesar de la fe. Son modelo de esperanza a pesar del dolor.
Marta y María han metido a Jesús en su casa y le han hecho partícipe de sus vidas. Cuentan con él. Acuden a él. Le acogen en todo momento. […]
Julia Villa García
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.