En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.
«La diestra del Señor es poderosa.
La diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R/.
Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».
Más de cuarenta años tenía aquel hombre al que encuentran Pedro y Juan junto a la puerta Hermosa del Templo. Les ha pedido limosna. Ellos no tienen ni plata ni oro, pero van a compartir lo que constituye su tesoro más preciado: la experiencia de la fe en Jesús Resucitado. El único capaz de hacernos poner en pie y caminar.
Este hombre, enfermo y dependiente de la limosna y de la generosidad de los demás, comienza a ser realmente libre. Todos los que le conocían pueden dar testimonio de ello.
A partir de este acontecimiento son muchos los que escuchan la Palabra y se convierten. Ante tales hechos, los sacerdotes y los saduceos se intranquilizan, sienten miedo, y mandan a la guardia del Templo a prender a Pedro y a Juan. Están sobrepasados por su actitud. Saben que eran del grupo de Jesús. Deliberan en consejo y les prohíben anunciar el nombre de Jesús.
Los Apóstoles se alegran de sufrir persecución por predicar el Evangelio y no están dispuestos a obedecer a los dirigentes y desobedecer a Dios. Ellos son testigos de lo que han visto y oído en primera persona de Jesús. Dan testimonio con su palabra y con su vida.
En El Evangelio vemos siempre a Jesús rompiendo moldes. El primer día de la semana se aparece resucitado a María Magdalena. Una mujer que había sido pecadora. Es ella la encargada de anunciar su resurrección a los Apóstoles. Es la primera en tener experiencia del Resucitado. Pero ¿cómo iban a creer el testimonio de una mujer? Ni siquiera creyeron a los que iban de camino.
Jesús les echa en cara a los discípulos su dureza de corazón e incredulidad. Hace falta que Él mismo en persona se siente a la mesa con ellos y que les envíe al mundo entero para anunciar el Evangelio, para que crean.
También nosotros somos llamados a creer en Jesucristo Resucitado. Su resurrección es el centro de nuestra fe. Por eso es necesario experimentar a Jesús, que nos pone en pie, que nos cura de todas nuestras dolencias, que nos invita a ponernos en camino y nos envía a anunciar la Buena Noticia desde el testimonio de nuestra experiencia personal.
San Estanislao de Cracovia

Fue obispo durante nueve años celoso de la gloria de Dios y del bien de los fieles, singularmente de los pobres. Estanislao significa la oposición de la Iglesia a los abusos del poder real y la libertad apostólica de ser conciencia crítica de los poderosos en favor de la justicia.
La historia de San Estanislao, obispo de Cracovia y mártir, ha sido objeto de polémica, basada en las fuentes contradictorias por donde llegan las noticias sobre él. Una tradición religiosa, recogida principalmente por el proceso de canonización y por el posterior historiador polaco Vicente Kadlubek (siglo XV), lo presenta como una víctima del odio del rey, cuya conducta Estanislao había denunciado y que por ese motivo lo mandó asesinar mientras celebraba la misa en la iglesia de San Miguel. Pero una crónica más antigua, firmada por Gall, atribuye su muerte a castigo o venganza del rey por haberle traicionado Estanislao. Según esta versión, Estanislao habría sido condenado a la pena de los traidores, la desmembración; según la versión que llamaremos religiosa, Estanislao habría sido sencillamente eliminado por un sicario mientras celebraba la misa.
No hay duda de que muy poco después de su muerte empezó su culto, y que éste se afirmó y oficializó en cuanto fue posible, siendo el pueblo llano el más adicto a la memoria de Estanislao, y pasando de ahí, tras su canonización, a ser el patrono de la nación polaca. Este culto solamente tiene explicación histórica si su muerte fue vista como martirial desde el principio, no pudiendo olvidarse que en la Edad Media numerosas muertes violentas eran tenidas como martirio, con criterio obviamente más ancho que el vigente ahora. Y aunque fuera verdad que su muerte hubiera sido un auténtico acto oficial de la justicia real, es decir, un ajusticiamiento en regla, no por eso se le tiene que negar el carácter martirial, ya que miles de mártires han muerto tras procesos llevados a cabo por la autoridad real, por ejemplo, los mártires ingleses. Se ha hecho hincapié en que la palabra traidor, que Gall aplica a Estanislao, no significaba necesariamente entonces alguien nefando; todos los opositores a un rey eran calificados así. Bastaba un conflicto de Estanislao con el rey para que éste lo calificara de traidor y los partidarios del rey hicieran lo mismo.
De todos modos, subrayemos un dato seguro, y es que el obispo Estanislao de Cracovia, y por orden del rey Boleslao II, el Atrevido, fue muerto violentamente, y esto indica necesariamente un enfrentamiento entre el prelado y el monarca. Y es seguro este otro dato, decisivo en una hagiografía: el pueblo vio aquella muerte corno un martirio, y la Santa Sede, canonizando a Estanislao, ratificó esta apreciación popular.
Demos los demás datos que parece pueden aceptarse como bastante seguros.
Nació en el año 1030, en la aldea de Szczepanowo, en la diócesis cíe Cracovia, de donde le vino el que se le llamara Estanislao Szczepanowski, y es la suya una familia modesta, pero de caballeros. Luego de haber hecho los estudios primarios en algún monasterio de la diócesis de Cracovia, fue enviado a estudiar a Lieja. Decidido por la vida sacerdotal, a su vuelta a Cracovia es ordenado sacerdote y nombrado canónigo de la catedral de su diócesis. Su buena preparación cultural y su piedad y buena conducta lo hicieron acreedor de este cargo.
El prestigio que se granjeó en el tiempo de su sacerdocio hizo que en 1072, a la muerte del obispo Lamberto Zula, fuese nombrado obispo por el papa Alejandro II. Así se le había pedido desde Cracovia no solamente por parte de los fieles, sino también del propio rey Boleslao y de la nobleza.
Fue obispo durante nueve años y fue un obispo celoso de la gloria de Dios y del bien de los fieles, singularmente de los pobres. Se dedicó también a extender el cristianismo a las zonas de su diócesis aún no cristianizadas. Inicialmente tuvo el apoyo del rey para su labor.
Las relaciones con el rey, sin embargo, empeoraron hasta llegarse al conflicto final, en el que el rey lo mandó matar. Su muerte tuvo lugar el 11 de abril del año 1079. Fue enterrado en el cementerio adjunto a la iglesia de San Miguel, en la que, según la tradición, el santo celebraba misa cuando fue asesinado por orden del rey.
En este cementerio reposó el cuerpo del santo hasta el año 1088 en que fue trasladado a la catedral cíe Wawel en Cracovia, y comenzó entonces el culto popular en torno a su tumba.
La fama de su martirio y de sus milagros persistió durante todo el siglo XII y provocó que en 1229 se iniciase el proceso de canonización en la diócesis, continuado luego en Roma. La canonización la realizó solemnemente el papa Inocencio IV en la basílica de San Francisco en Asís, el día 17 de agosto del año 1253.
La presencia de polacos en Estados Unidos ha llevado hasta aquel país la memoria del santo obispo, que tiene dedicadas allí numerosas iglesias, siendo naturalmente muchísimas las que le honran en su propia patria.
Estanislao significa la oposición de la Iglesia a los abusos del poder real y la libertad apostólica de ser conciencia crítica de los poderosos en favor de la justicia.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.