Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob».
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Estamos en el segundo día de Cuaresma. El gesto de la imposición de la ceniza acompañado de las palabras “conviértete y cree en el Evangelio”, todavía hace eco en nuestro interior. Y hoy, con esta lectura se nos hace una invitación a la conversión de una manera muy concreta: “Elige la vida, y vivirás, tú y tu descendencia amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, pegándote a Él…”.
La Cuaresma es un camino hacia la Pascua y en todo camino se presentan opciones que nos acercan a la meta o por el contrario nos alejan de ella. Hoy la alternativa es clara: “Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal”. La decisión es del pueblo, no los fuerza, libremente pueden elegir, Dios respeta la libertad del hombre pero les expone las consecuencias que tiene una opción y la otra.
En esta encrucijada nos encontramos muchas veces nosotros, hemos de elegir entre seguir el camino que lleva a la vida y que pasa por ser fiel al Señor y vivir guardando sus mandamientos, o desviarnos siguiendo otras voces que, aunque parecen más atrayentes, no conducen sino a la infelicidad. La línea que divide un camino del otro es en ocasiones muy fina, por eso hemos de vivir atentos y pedir el don de discernimiento para no extraviarnos del buen camino.
La Cuaresma en un tiempo propicio para convertirnos, volvernos al Señor si hemos tomado la dirección equivocado y encaminarnos hacia la Pascua.
Los primeros versículos de este Evangelio son cómo un preludio de lo que vamos a conmemorar. Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección: va a padecer, va a ser llevado a la muerte, pero lo más importante es que va a resucitar. No podemos perder de vista estos tres momentos, porque son el eje de nuestra fe.
A continuación, Jesús invita a seguirlo, pero no de cualquier manera, sino cargando con la cruz de cada día. Porque en nuestra vida siempre hay cruces, unas veces pequeñas otras grandes pero la cruz siempre está presente. Sin embargo, como El va delante, no tenemos que temer porque no estamos solos, Él nos precede.
La otra condición para el seguimiento, para vivir la vida plena, negarnos a nosotros mismo. Hoy día en que se habla mucho de empoderamiento, negarse a unos mismo está no mal visto sino incluso algunos no saben lo que significa. Por mantener el cuerpo en forma se hacen mil sacrificios: dietas, largas horas de ejercicio… pero poco se cuida el alma y se huye o rehúsa el mas pequeño sacrificio.
Negarnos a nosotros mismos, nos entrena para llevar la cruz de cada día. Nos ayuda a descubrir el verdadero tesoro que esconden las palabras de Jesús: “pero el que pierda su vida por Mí, ése la salvará”.
La decisión es tuya…
Beato Álvaro de Córdoba

Fraile dominico del siglo XIV que impulsó la reforma religiosa fundando el Convento de Scala Coeli en Córdoba. En este lugar instauró el primer «Via Crucis» localizado que se conoce
Alvaro nació en Zamora y en 1368 entró en la Orden. Fue durante muchos años profesor en San Pablo de Valladolid y luego maestro en teología de Salamanca y confesor del rey Juan 11 de Castilla. Después de una peregrinación a Tierra Santa e Italia (1418-1420) para conocer de cerca la reforma de la Orden realizada por el beato Raimundo de Capua, inició la misma labor de reforma en España fundando el convento de Scala Coeli (Córdoba), cuna de la reforma. Del papa Martín V recibe el nombramiento de superior mayor de los conventos reformados en España. También en Scala Coeli instauró el primer «Vía crucis» localizado que se conoce. La devoción popular le ha llamado santo. Muere un 19 de febrero alrededor del año 1430 y su cuerpo se venera en el convento de Scala Coeli. Su culto fue confirmado el 22 de septiembre del 1741.
Oración colecta
Oh Dios que adornaste al beato Álvaro
con las virtudes de la caridad y de la penitencia;
concédenos, por su intercesión
y movidos por su ejemplo,
llevar siempre en nuestro cuerpo
la muerte de Cristo
y en nuestro corazón el amor a ti.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, la ofrenda de tus hijos
en la festividad del beato Álvaro
y haznos aceptables a tus ojos
por la sinceridad de corazón.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Vivifícanos, Señor,
por estos sacramentos que hemos recibido;
y al celebrar con gozo la fiesta del beato Álvaro,
concédenos que
el ejemplo de su celo apostólico
nos impulse a crecer cada día
en gracia y santidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Liturgia de las Horas. Propio O.P.