En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, sus palabras quemaban como antorcha.
Él hizo venir sobre ellos hambre, y con su celo los diezmó.
Por la palabra del Señor cerró los cielos y también hizo caer fuego tres veces.
¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!
¿Quién puede gloriarse de ser como tú?
Fuiste arrebatado en un torbellino ardiente, en un carro de caballos de fuego; tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros, para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob.
Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor.
Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.
Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó,
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.
Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
Él les contestó:
«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.
Este texto tiene una unidad muy importante con el Evangelio que vamos a leer: Elías es un hombre celoso, un hombre fiel, con una preocupación inmensa en preprar los caminos, en reconciliar, en buscar lugares de encuentro para que el Mesías pudiera llegar.
La palabra de Elías, como sería la de Juan, es como una antorcha que quemaba, pero que, en definitiva, solo buscaba la reconciliación antes de que la ira estallara.
Así, deben ser nuestras palabras, a pesar de que a veces suenan como un trueno, llevar siempre a esa reconciliación “entre padres e hijos”, una reconciliación que restaure una sociedad rota ahora por la mentira, la violencia y el desánimo.
El adviento es un tiempo de espera y de esperanza, en cambio el Evangelio de hoy nos cuenta la historia de dos fracasos: el de Juan Bautista y el de Jesús mismo. Elías (referido a Juan) ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, el Hijo del hombre también ha venido y va a padecer.
Parece que no es esperanza lo que transmite, en cambio en este corto texto nos muestra algo que vivimos cada día en nuestra vida: el fracaso, el no ser comprendidos, el sentirnos diferentes que nos asusta y no vemos en ello nada que valga la pena. Sin embargo, para los que seguimos a Jesús, sabemos que el fracaso, el dolor, la persecución, no es lo definitivo, sino que es un paso, a veces necesario, para comprender un estilo nuevo de vivir: la vida, la resurrección, pasa por momentos que parecen definitivamente infranqueables, pero que en verdad, es un camino que humaniza, abre nuevas perspectivas e, incluso, nos llena de esperanza.
El recuerdo este adviento del fracaso por el pasaron tanto Juan como Jesús, hombres buenos, no lleva al desánimo, ni a la desesperanza, sino a una visión luminosa: que la vida vale la pena; ser seguidor de Jesús vale la pena, a pesar de que a veces parece una vida sin salida. ¿Hay algo que dé más esperanza?
Santa Lucía

Santa Lucía fue una mártir cristiana, que padeció el martirio durante la persecución de Diocleciano. Nació y murió en Siracusa, ciudad de Italia. En los relatos se mencionan sus múltiples virtudes entre las que se destaca la sencillez, la humildad y la honradez. También es venerada por las iglesias ortodoxa y luterana.
Siracusa (italia), 13 de diciembre del 303 ó 304
Su nombre significa Luminosa y ello ya ha dado pie a tanta bella consideración en torno a que quien llevara ese nombre estuviera ilustrada con la doble corona de la virginidad y el martirio. Ha dado pie también a que la invoquen quienes tienen problemas de la vista o son ya ciegos, cuyas organizaciones la han elegido por celestial patrona.
Su existencia histórica y su martirio en Siracusa son históricamente seguros, pero los particulares de su martirio nos llegan en unas actas que no son auténticas y que por tanto no reflejan la historia, sino la imaginación de quienes, por echar de menos unas actas sinceras, llenaron el hueco con el producto de su fantasía. Y, como en todos los casos similares, nos resulta imposible discernir el fondo histórico que pueda haber en ellas.

El día de su martirio fue el 13 de diciembre. Como no hay por qué dudar de que fuera en la persecución de Diocleciano, la fecha será el año 303 ó 304. El lugar de su martirio Siracusa, donde su culto ya era practicado en el siglo IV, según confirma la inscripción hallada en 1894 en las catacumbas de San Juan, de Siracusa, y en la que se dice que la joven Eusquia había muerto en el día de «mi señora Lucía». Y consta por las obras de San Gregorio Magno que en el siglo VI había en Siracusa un monasterio dedicado a la santa.
El martirio se sucedió como sigue: Detenida Lucía y llevada ante el prefecto Pascasio, confesó sin ambages la fe en Cristo, y las amenazas no sirvieron para echarla atrás. El prefecto la amenazó con llevarla a una casa de prostitución, contestando Lucía que, cuando el alma no consiente, la profanación del cuerpo no afecta a la persona. Los esbirros que deberían haberla llevado al prostíbulo no lograron moverla. Entonces se la untó de pez y se la metió en una hoguera, pero, como ella había anunciado, al apagarse las llamas resultó ella estar intacta. La muchedumbre quedó asombrada y muchos comenzaron a plantearse si hacerse cristianos. El prefecto decidió acabar: mandó que le fuera acribillada la garganta con una espada. Así culminó su glorioso martirio y entregó su alma al Señor.
Hay una tradición, entre otras diferentes, según la cual el año 1038 el cuerpo de la santa fue trasladado a Constantinopla, de la cual, en 1204 y por manos de los cruzados, fue trasladado a Venecia, donde se venera.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.