Volved, hijos apóstatas —oráculo del Señor—, que yo soy vuestro dueño. Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sion. Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Os multiplicaréis y creceréis en el país. Y en aquellos días —oráculo del Señor— ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no se recordará ni se mencionará; nadie la echará de menos, ni se volverá a construir otra.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono del Señor».
Todas las naciones se incorporarán a ella en el nombre de «El Señor que está en Jerusalén», y ya no se dejarán guiar por su corazón perverso y obstinado.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño». R/.
«Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Pendiente de publicar. Publicación habitual: el fin de semana anterior.
Beata Juana de Orvieto

Laica dominica, fue admitida en la Orden Tercera de la Penitencia de Santo Domingo. Su frágil salud hizo que se identificara con la Pasión del Señor. Fue espejo y maestra de vida cristiana para sus conciudadanos de Orvieto
Juana o Vanna nació en Carnaiola, cerca de Orvieto (Umbría, Italia), hacia 1264. Huérfana cuando era niña, vivió de su trabajo de bordadora. Entró en la Orden de penitencia de Santo Domingo siendo modesta y diligente, por lo que todos le pedían consejo e intercesión. Fue una gran contemplativa de la pasión del Señor, con amor ferviente y paciencia perfecta, recibiendo toda clase de dones celestiales por la gracia del Salvador. Murió en Orvieto el 23 de julio de 1306 y su cuerpo se venera allí en la iglesia de Santo Domingo. Su culto fue confirmado en 1754.
Del Común de vírgenes o de santas
Oración colecta
Oh Dios, que enriqueciste
con divinos carismas
la pureza eximia
y la caridad ferviente de la beata Juana;
haz que nosotros imitemos
con la inocencia de vida
y con la laboriosidad
lo que en ella admiramos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.