El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».
Jesús, cuando predicó su buena noticia, fue aceptado por unos y rechazado por otros. Pues esa va a ser la tónica y la reacción ante Jesús y su evangelio hasta el final de los tiempos, al ser presentado por parte de sus predicadores ante los distintos pueblos. Esta primera lectura nos habla del rechazo de los judíos ante la predicación por parte de Pablo. Pablo, como buen judío y con el corazón dolorido, anuncia, junto con Bernabé, a sus hermanos judíos que como les rechazan se dedicarán a evangelizar a los gentiles. “Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron mucho y alababan la Palabras del Señor y… creyeron”. Algo que no les gustó y se las arreglaron, a través de “señoras distinguidas y devotas y de los principales de la ciudad, para perseguirles y expulsarles de su territorio”.
Pidamos, una vez más a Jesús, que nos siga convenciendo que su palabra es especial para nosotros, pues no solo es hombre sino también Dios, el Hijo de Dios. Y que nos siga convenciendo que la amistad que nos brinda, la buena noticia que nos brinda… es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y que no queremos dejarle por nada del mundo. Deseamos con fuerza seguir sus pasos. “¿A quién iríamos?”.
Da toda la impresión de que Jesús fue hablando de temas importantes a sus apóstoles poco a poco, cuando lo creyó oportuno. Uno de estos temas fue el del Padre. Jesús les habló de su Padre Dios en más de una ocasión, pero no parece que los discípulos entendieran todo lo que les decía de él. En este pasaje evangélico, el apóstol Felipe le pide que se deje de rodeos y les muestre claramente al Padre.
Y es entonces cuando le explica a Felipe, y a sus discípulos y a todos nosotros, la unión íntima que hay entre el Padre y él, algo a lo que nosotros, por nosotros mismos, nunca hubiésemos llegado: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre… ¿no crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?”. En otros momentos, hablándoles del Espíritu Santo les revelará que es también Dios y que está a la altura del Padre y del Hijo. De esta manera nos revela que el Único Dios son tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, a las que podemos acudir indistintamente con la convicción de que seremos escuchados, como nos indica Jesús de sí mismo: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”.
Beata Hosanna de Kotor

Dios le otorgó el don de consejo para guiar muchas almas hacia Él. En Kotor la llamaban “la trompeta del Espíritu Santo” y “maestra mística”. Personas de todas partes acudían a ella en busca de consejo. Atraía a todos a vivir una vida cristiana auténtica. La consideraban patrona del movimiento ecuménico.
Catalina nació en Kotor (Montenegro) en 1493 y fue bautizada en la ortodoxia. Entró en la Orden seglar tomando el nombre de Hosanna. Vivió durante cuarentaiún años recluida en dura penitencia, dedicada a la divina contemplación y a la oración por el pueblo cristiano. Murió el 27 de abril de 1565 y su cuerpo se venera actualmente en la catedral de Kotor. Su culto fue confirmado, presentándola como intercesora para la unión de los cristianos, en 1927.
Del Común de vírgenes o de santas mujeres.
Oración colecta
Reaviva, Señor, en nuestro corazón
el amor a tu cruz,
y por la intercesión de la beata Hosanna
y siguiendo su ejemplo de sufrimiento
en favor de la unidad de la Iglesia,
concédenos participar
de tus dolores y de tu gloria.
Tú que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor,
los dones que te presentamos
en la conmemoración de la beata Hosanna,
y concédenos que,
por la fuerza de esta oblación,
te podamos agradar siempre
con una vida casta y penitente.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Oh Dios, que has querido
que seamos un solo cuerpo en Cristo
los que participamos
del mismo pan y del mismo cáliz;
te pedimos que,
siguiendo el ejemplo de la beata Hosanna,
confirmes a tus fieles en la verdad
y conduzcas a la unidad de tu Iglesia
a los que se han separado de ella.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Liturgia de las Horas. propio O.P.