Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo, aguzado, de doble filo: trillarás los montes hasta molerlos; reducirás a paja las colinas; los aventarás y el viento se los llevará, el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor, te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas, en medio de los valles, manantiales; transformaré el desierto en marisma y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos, y olivares; plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces, para que vean y sepan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos, que oiga».
El profeta Isaías anuncia el auxilio del Señor a los más pequeños de Israel utilizando una expresión que nos resulta familiar. Recordamos la escena de la Anunciación, en el evangelio de Lucas, en la que María es tranquilizada por el Ángel Gabriel: No temas, María. María, una mujer pequeña, tal vez una mujer sin importancia en su comunidad, halló gracia ante los ojos de Dios.
El Señor mira lo pequeño de este mundo, está pendiente de esas diminutas criaturas que nombra cariñosamente el profeta; animalillos que no acaparan la atención de nadie y nadie aprecia. A Dios sí le importa lo pequeño. Lo insignificante o lo despreciable para el mundo, resulta agradable a los ojos de un Dios que se muestra atento y solícito con todos.
Pobres e indigentes somos todos lo que, como la Samaritana del Evangelio, nos sentimos sedientos del agua viva y leemos, en las palabras del profeta, la misma promesa que Jesús hizo a aquella mujer en el brocal del pozo: veremos brotar manantiales, caudalosas fuentes que desde el abrasador desierto saltan hasta el cielo y lo transforman en marisma. Qué bonito describe Juan de Yepes la fuente escondida anunciada por Isaías: Sé ser tan caudalosas sus corrientes, que infiernos, cielos riegan…
En estos días previos a la Navidad vemos mucho trasiego en las calles luminosas, decoradas con infinidad de luces y adornos de un brillo que nos recuerda al de los metales preciosos. Nos encontramos en comidas y cenas con personas distinguidas, vestidos con ropas elegantes, disfrutando de menús refinados. Buscamos regalos sorprendentes y sofisticados.
¿Cómo preparamos el Adviento? ¿Qué salimos a buscar a las calles? ¿Buscamos palabras de verdad en los escaparates, en la publicidad de los productos caros?
Esta es la pregunta que Jesús nos lanza en el evangelio de hoy. Su interpelación va directa a examinar nuestro corazón: si buscáis al sofisticado, encontraréis al harapiento, si buscáis al poderoso, encontraréis al preso, si buscáis el placer, os encontraréis con la mujer maltratada, si buscáis hartura, a un pobre hambriento. Todos ellos nos precederán en el reino como al mismo Juan Bautista, el más grande de los hombres nacidos de mujer.
El Profeta del Altísimo del cántico de Zacarías nos anuncia una luz nueva en este Adviento, en el que presenciamos, ya sin palabras, toda la violencia ejercida contra los pequeños del reino. No es la luz de los luminosos abetos ni la de las fachadas de los grandes edificios comerciales, es la del sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas, en medio de calles bulliciosas y compras compulsivas.
San Juan de la Cruz

La ejemplaridad de Juan de la Cruz es inmensa. Además de maestro, es escritor y doctor de la Iglesia. Fue fundador de los descalzos carmelitas y ocupó diferetnes responsabilidades. Sabía iluminar y estimular en el seguimiento de Cristo, quitando tropiezos y alentando positivamente desde la vida teologal.
Fontiveros (Ávila), 1542 – Úbeda (Jaén), 14-diciembre-1591
[…] Juan, nuestro santo nació en Fontiveros en 1542, ignorándose el mes y el día. El nombre de Juan responde a Juan el Bautista. En 1551 pasa, junto a su familia, a vivir a Medina del Campo.
[…] En 1563, habiéndose planteado seriamente la elección de estado, se decide por la vida religiosa carmelitana y entra en el convento de Santa Ana de Medina del Campo. Toma el nombre de fray Juan de San Matías. Al año siguiente hace su profesión. De 1564 a 1568 estudia en la Universidad de Salamanca. ordenado sacerdote en 1567, en el verano-otoño de ese año se encuentra con Santa Teresa de Jesús. Tiene la madre 52 años y fray Juan 25. […] Teresa le gana para su causa: comenzar la reforma de la vida religiosa entre los frailes del Carmen, como ya la ha comenzado ella en 1562 entre las monjas. Fray Juan acepta la propuesta con una sola condición: que se haga pronto, que no se tarde mucho. […] A la reforma dedicará el resto de su vida.
[…] Ejemplo para todos en la enfermedad como lo ha sido siempre en toda su vida, muere santamente en Úbeda a las 12 de la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591. Se va como dice a cantar maitines al cielo, con Nuestra Señora, de la que era devotísimo y de la que había escrito cosas preciosas en verso y en prosa. Los maitines celestes a que acude presuroso eran de Nuestra Señora, al ser sábado y rezarse de Santa María. Tenía 49 años.
Su cuerpo fue trasladado a Segovia en mayo de 1593. Beatificado por Clemente X en 1675. Canonizado por Benedicto XIII el 27 de diciembre de 1726. Su fiesta litúrgica ha sido ya definitivamente cambiada del 24 de noviembre al 14 de diciembre, su dies natalis.
Pío XI le declara Doctor de la Iglesia universal el 24 de agosto de 1926. Juan Pablo II lo declaró patrono de los poetas de lengua española en 1993. Por los años cuarenta, el 21 de marzo, comienzo de la primavera, los poetas españoles lo habían proclamado su patrono, haciendo gran fiesta con profusión de poesías en ese día de cada año.
La ejemplaridad de Juan de la Cruz es inmensa. Ya Santa Teresa dice de él que ha sido siempre santo, que es hombre celestial y divino, que no halla ningún otro que tanto afervore en el camino del cielo. Afervoraba con su palabra y con la santidad de su vida llena de pruebas y tribulaciones. No se le había regalado nada. Señalado con la cruz desde su tierna infancia, se ha distinguido por su conformidad con la voluntad divina, por su dulzura, por su espíritu de oración y trato con Dios, por su enorme paciencia en los sufrimientos de la cárcel y de su última enfermedad.
Además de santo y maestro de viva voz es escritor, doctor de la Iglesia, que por boca de Pío XII ha calificó sus libros de «pura fuente del sentido cristiano y del espíritu de la Iglesia».
No sólo fue fundador de los descalzos carmelitas, sino también formador: maestro de novicios, maestro de estudiantes, demoledor de extravagancias, gran consejero, hombre de gobierno local, provincial, general en el seno de su familia religiosa.
Su magisterio entre los frailes y monjas del Carmelo fue muy abundante, de viva voz y escrito. Sabía iluminar el camino, acompañar al caminante, estimular en el seguimiento de Cristo, quitando tropiezos y alentando positivamente desde la vida teologal. Se desvivió en su apostolado múltiple no sólo en pro de frailes y monjas, sino también de sacerdotes y seglares. Sembraba a manos llenas, teniendo como lema que no había que tener acepción de personas, sino mirar a todos como almas redimidas por la sangre de jesucristo nuestro Señor. Su buena dirección espiritual en Ávila, Baeza, Granada, Segovia era proverbial.
Ahora todo su saber y su experiencia de Dios están puestos más que nunca a disposición de la Iglesia entera. Quien batalló tanto por defender lo teologal frente a las fantasmagorías de visiones y revelaciones, por las que andaban desaládas tantas personas, sigue con su cátedra abierta en este orden de cosas. Es el gran maestro en los caminos del espíritu, en las vías de la oración y del discernimiento. Espiritualidad alegre y sana la suya. […]
José Vicente Rodríguez, O.C.D.
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.