Esto dice el Señor Dios:
«Grita a plena pulmón, no te contengas, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario, desean conocer mi voluntad. Como si fuera un pueblo que practica la justicia y no descuida el mandato de su Dios, me piden sentencias justas, quieren acercarse a Dios.
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ése el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las corras del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor, y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: "Aquí estoy"».
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado,
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».
En este viernes de Ceniza “Ayuno” es la palabra central de la liturgia de hoy. El ayuno es uno de los medios especiales, junto con la oración y la limosna, que nos pueden ayudar a la conversión del corazón en esta Cuaresma que acabamos de comenzar.
En esta primera lectura, el profeta Isaías denuncia enérgicamente con qué hipocresía el pueblo está ejerciendo la práctica del ayuno, pues lo llevan a cabo con meros formalismos exteriores vacíos de sentido y de verdadero espíritu de piedad. Es claro que toda práctica de penitencia debe tener como fin la caridad, el amor al prójimo. Esto es lo que realmente agrada a Dios, que amemos a nuestros hermanos.
Esta palabra también nos interpela a nosotros, el ayuno cuaresmal debe ir unido a la caridad y a la justicia entendida como misericordia. Precisamente Isaías, después de denunciar al pueblo su gran hipocresía, le dice claramente cuál es el verdadero ayuno que agrada a Dios, que no es otro que practicar las obras de misericordia para con el prójimo.
¡Cuántas veces nuestro egoísmo y el ponernos en el centro nos lleva a olvidarnos de las necesidades de nuestros hermanos! De nada sirve imponerse privaciones corporales si después somos incapaces de renunciar a nuestros propios intereses en favor de los demás. Como bien refleja esta lectura, el camino de la Cuaresma es doble: con Dios y con el prójimo. Nuestra conversión interior se notará no en nuestras palabras o ritos externos, sino en nuestras obras.
En esta Cuaresma, pidamos al Señor que nos ayude a buscar un sentido más profundo al ayuno y que éste nos lleve a hacer la vida más agradable a los demás.
En el Evangelio de hoy nos encontramos con dos actitudes frente al ayuno. Por una parte, están los discípulos de Juan Bautista, que a pesar de que su maestro llamó raza de víboras a los fariseos, se unen a ellos para preguntar a Jesús, con cierto tono de acusación, por qué sus discípulos no ayunan. Tanto los discípulos de Juan como los fariseos están aferrados a las leyes hebreas, a las viejas normativas, para ellos el ayuno es señal de dolor y penitencia.
Este adherirse a las normas les impide reconocer la llegada del Mesías, y por tanto, de ver que ya está instaurado el Reino de Dios. Jesús se lo explica con la imagen de una boda, Él mismo se revela como el Esposo. Por tanto, no es momento de luto ni llanto, sino tiempo de alegría.
Y por otra parte vemos la actitud de los discípulos de Jesús que no ayunan, porque ellos ya han descubierto que Jesús es el Mesías, que ha venido a liberarnos de nuestros pecados y traernos la salvación. Por eso para ellos no es momento de penitencia corporal como el ayuno, sino más bien están abiertos a la palabra y a la gracia del Salvador.
Nuestra vida cristiana debe estar teñida de alegría, como lo estaba la de los discípulos de Jesús, porque estamos con el Novio, el único que nos saca de nuestras esclavitudes, el que nos trae una Paz verdadera y nos hace vivir con libertad.
En esta Cuaresma no seamos como los discípulos de Juan que, anclados en su legalismo, perdieron la oportunidad de estar con el Novio y experimentar la auténtica alegría.
Que nuestro ayuno sea un medio para poder desprendernos de las satisfacciones terrenales y nos ayude a tener el corazón más libre para amar más a Dios y a nuestros hermanos.
San Casimiro

La vida cortesana no fue obstáculo para su dedicación a la espiritualidad más intensa, practicando con admiración de todos las más claras virtudes, como la fe, la caridad extrema con los pobres, una pureza inmaculada, una exquisita amabilidad y fraternidad con todos, la humildad, la prudencia, la modestia, la austeridad de vida, etc.
Príncipe de Polonia
Cracovia (Polonia), 3-octubre-1458
Grodno (Lituania), 4-marzo-1484
En la vida de este joven príncipe resplandecieron de manera admirable todas las virtudes cristianas. Era el segundo hijo varón del rey Casimiro IV Jagellón, soberano de Polonia y de Lituania. Era su madre Isabel de Austria, hija del emperador Alberto II.
En su vida ocupó un lugar destacado su preceptor Juan Dlugosz, canónigo de Cracovia, quien le infundió el amor al estudio, pero sobre todo la piedad y un enorme sentido de responsabilidad moral, que presidió toda su vida. De este preceptor no quería separarse, pues le tenía un afecto filial, y su influencia fue siempre benéfica al lado del joven príncipe.
Desde los 17 años estuvo continuamente al lado de su padre, el rey Casimiro IV Jagellón metido en los asuntos públicos, y le acompañó a Lituania, de donde procedían los Jagellones. La vida cortesana no fue obstáculo para su dedicación a la espiritualidad más intensa, practicando con admiración de todos las más claras virtudes, como la fe, la caridad extrema con los pobres, una pureza inmaculada, una exquisita amabilidad y fraternidad con todos, la humildad, la prudencia, la modestia, la austeridad de vida, la penitencia y mortificación, etc.
En 1483 quisieron casarlo con una hija del emperador Federico III de Austria, su pariente, pero Casimiro se negó a contraer matrimonio, habiendo tomado el propósito de vivir en celibato. Ya estaba enfermo de tisis, y los médicos de entonces le indicaron que sería bueno para su salud que contrajese matrimonio, pero el joven perseveró en su propósito de castidad perpetua.
Estaba en el castillo de Grodno, en Lituania, cuando la tuberculosis lo llevó al sepulcro el 4 de marzo de 1484.
Su cuerpo fue llevado a la catedral de Vilna, la capital de Lituania, donde se le ha tributado gran veneración, llegando a ser declarado patrono de Lituania, así como uno de los patronos de Polonia.
Era admirable su devoción a la Virgen María y le recitaba cada día el himno: Omni die dic Mariae, cuyo texto se encontró copiado en su tumba cuando se abrió en 1604. Se llegó a pensar que era él el autor, pero posteriormente se ha podido probar que el himno es anterior al santo.
San Casimiro es un modelo de fe y pureza para la juventud. Y así ha sido presentado desde el principio.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.