Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.
En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
La ciudad de Éfeso se llama hoy Ikonia, en Turquía. Las ruinas, muy bien conservadas, son espléndidas. Junto a la biblioteca se dice que estaba el taller de curtiduría donde trabajaba S. Pablo curtiendo pieles y cueros para ganarse el sustento diario y no ser gravoso a nadie. Así se convertía en ejemplo de trabajador asalariado y no podían acusarle de vivir “a costa de” nadie. Allí pasó tres años y le dio tiempo de crear una comunidad bien asentada, fortalecida en la fe. Pablo demuestra una gran confianza en los creyentes de esa comunidad. Confía en la fuerza del Espíritu para que se mantengan vivos en la fe; es el mismo Espíritu que resucitó a Jesús, convirtiéndolo en Señor de la historia, en Señor de todo lo creado. Es el mismo Espíritu que nosotros poseemos, aunque a veces le fallemos. Es el Espíritu que nos impulsa, sostiene y alienta en la fe. Hay una identidad entre Cristo, el Espíritu y nosotros, templos vivos de ambos y constructores de la Iglesia, casa común de los creyentes. Nuestra presencia y actitud suma y multiplica en la comunidad de los creyentes. Como dice Carlos Siller (no sé si es un actor mexicano): “La palabra tiene mucho de aritmética: Divide cuando se utiliza como navaja para lesionar; resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para dialogar; multiplica cuando se da con generosidad para servir”. Saber usar bien el lenguaje, la palabra, la nuestra y la de Dios, es un desafío diario. En ello nos andamos cada uno.
…y has los límites del mundo su lenguaje. Todo está imbuido por la presencia del Señor. La creación entera es un cántico de alabanza y nosotros en medio de ella nos hacemos voz y eco de cuanto existe de maravilloso. Solo hace falta abrir bien los ojos del corazón y de la mente para darnos cuentas de que cuanto nos rodea es obra del Señor, y, por ello, prorrumpir en alabanza… si es silenciosa, mejor. No necesitamos de algarabías que suelen sonar a hueco. Todos nos hemos extasiado ante la salida del sol, ante una puesta de sol intensa en una tarde cualquiera; todos nos quedamos admirados cuando contemplamos el cielo estrellado…
Antes de tomar una decisión transcendental: elegir a los que iban a ser sus testigos (eso significa apóstoles), Jesús ora, “pasó la noche orando”, dándole vueltas, sopesando las posibilidades de cada uno, viendo pros y contras. No cualquiera valía y aún así… nos desdeñó a Judas que lo traicionaría, ni a Pedro que lo negaría, ni a Tomás que dudaría hasta el final, ni a Santiago y Juan que buscaban los primeros puestos (¿o era su madre la que lo quería? ¡ah las madres!), ni a… Debía dar un paso decisivo -hoy diríamos decisión empresarial- y de elección aun a riesgo de equivocarse. Pero es que se trataba de que estuviera representado todo el género humano, con sus actitudes buenas o menos buenas, para que en el futuro nadie se sintiese no merecedor de ser elegido.
Había que confiar en su Padre Dios que los amaba por igual. Había que confiar en el Espíritu que los moldearía en su momento. Había que dilucidar porque ya se estaba haciendo de día -la oración fue a oscuras, en la noche, la elección fue con las primeras luces del alba, para que no hubiera engaño alguno- y tenía que reunirlos para contarles lo decidido… La luz del amanecer en los cerros de palestina es bellísima; así no tenían nada que reprocharle. Jesús era resolutivo, tras pensarlo/orarlo muchos. Decía George Bernanos: ¡Cómo cambian mis ideas cuando las rezo! Seguro que aquella noche cambió de ideas alguna vez hasta que llegó la luz del alba y…
¿Y lo que no fueron elegidos…? ¿Cómo se sintieron? Seguro que lo comprendieron y aceptaron aquella decisión rara del Maestro. Bueno, otra vez será… pensarían; nosotros aquí seguimos. No entendemos lo de Judas, pero parece que está cambiando… ¿Por qué 12 y no aquellos 72 que fueron enviados a predicar…? ¿Y ellas, es que acaso no están aquí desde el principio… ¿Acaso no dice el Maestro que todos somos hermanos y hermanas por igual…? Sí, sí, las 12 tribus de Israel representadas en la nueva misión del “nuevo pueblo de Dios”, pero es que…
Qué más nos da por qué lo hizo así, lo importante es que lo hizo como núcleo de lo que vendría después, de las elecciones posteriores, de… y aquí estamos nosotros, continuadores eficaces de aquella noche de oración…
Hoy es la festividad de Simón y Judas Tadeo, apóstoles/testigos, cada uno a su manera, cada uno con una misión…como nos toca a nosotros por igual.
San Simón y San Judas Tadeo

La Iglesia festeja a estos dos santos el mismo día porque ambos fueron apóstoles de Cristo y testigos de su resurrección, predicaron el Evangelio en Egipto y en Masopotamia y juntos sufrieron el martirio
Aparece en las listas de los Apóstoles junto con San Judas. En la de Marcos y Mateo aparece primero Judas y luego Simón, y en la de Lucas y Hechos, primero Simón y luego Judas. La liturgia romana celebra conjuntamente, el día 28 de octubre, la festividad de ambos apóstoles.
El único dato cierto respecto de Simón es que es uno de los Doce Apóstoles elegidos por Jesucristo para que estuvie¬ran con él y para enviarlos a predicar (Mc 3, 13). En las listas de Marcos y Mateo aparece, al final de las mismas, después de Judas Tadeo y antes de Judas Iscariote; con el apelativo «el ca¬naneo» (Mc 3, 18; Mt 10, 4). En las de Lucas y Hechos aparece mencionado después de Santiago el de Alfeo y antes de Judas de Santiago; con el apelativo «el zelota» (Lc 6, 15; Hch 1, 13).
El «cananeo» de Mc 3, 13 y Mt 10, 4 y el »zelota» de Lc 6, 15 y Hch 1, 13, son diversas traducciones del mismo término arameo que’na’. Este término no significa habitante de Canaán (como en Mt 15, 22) sino «zelota», celoso, como traducen Lucas y Hechos. [Aunque] Difícilmente se puede concluir de la denominación de Simón como «zelota» que lo fuese en el sentido revolucionario socio-político del movimiento zelota. El término podría también interpretarse en sentido religioso: celoso por la ley y las prácticas del culto mosaico. Con este sentido se lo aplica a sí mismo San Pablo: celoso por las tradiciones paternas» (Ga 1, 14), «lleno de Celo por Dios» (Hch 22, 3). Simón podría haber sido un judío celoso por la ley y las tradiciones judaicas, celo que después transformó en ardiente celo por el Reino predicado por Jesucristo.
Nada sabemos con seguridad sobre en qué lugares predicó el Evangelio y el final de su vida. Según una tadición abisinia habría predicado en Samaria y habría sido después obispo de Jerusalén. Según la tradición recogida en el Breviario Romano habría predicado en Egipto, luego en Mesopotamia y Persia, junto con San Judas apóstol, donde habría sufrido el martirio, Murió según unos crucificado, según otros habría sufrido el martirio de la sierra. De una y otra forma lo representan las antiguas reproducciones iconográficas. La iglesia griega y copta celebran su fiesta el 10 de mayo.
Refiere la leyenda que los templos de la ciudad de Suamir estaban poblados de ídolos. Simón y Judas fueron apresados: el primero fue conducido al templo del Sol, el segundo al de la Luna, con el fin de que les prestasen adoración. Pero ante la presencia de los apóstoles de Cristo los ídolos se derrumbaron estrepitosamente. De sus deshechas figuras salieron, gritando rabiosamente, los demonios en forma de etíopes. Los sacerdotes paganos despedazaron a los apóstoles. El azul del cielo enluteció y una tempestad hizo perecer a una gran multitud de gentiles. El rey, convertido al cristianismo, levantó un suntuoso templo, donde reposaron los cuerpos de los santos apóstoles hasta que fueron trasladados a la Basílica de San Pedro de Roma.
En las listas de los Doce Apóstoles aparece: en la de Marcos y Mateo después de Santiago de Alfeo y antes de Simón el Cananeo, en ambos con el nombre de «Tadeo» (Mc 3, 18; Mt 10, 3). En la de Lucas después de Simón el Zelota y antes de Judas Iscariote (Le 6, 16) y en la de Hechos después de Simón el Zelota y cierra la lista, una vez que quedó excluido Judas el traidor (Hch 1, 13); en ambas denominado Judas de Santiago. La denominación «Tadeo» en Marcos y Mateo y la «Judas de Santiago» en Lucas y Hechos pretenden, sin duda, distinguirlo de Judas Iscariote.
San Juan refiere el único episodio evangélico en que interviene Judas (14, 22). Explicando Cristo, en la noche de la Cena, a sus discípulos que quien guarda sus mandamientos es quien realmente le ama y que él a su vez le amará y se manífestará a él, Judas, en un acto de amor al prójimo, le interrumpe con la pregunta: «¿Cómo es que tienes que manifestarte a nosotros y no al mundo?». Cristo le responde que quien le ama a él, será amado por el Padre y que el Padre y él harán morada en el que le ama. Judas tal vez pensaba en una manifestación esplendorosa que asombrara al mundo. Cristo en cambio en la que se realiza por la fe y comunión con Cristo. En la actitud de Judas puede verse grandeza de corazón y celo apostólico. Algunos códices de la antigua versión latina lo denominan Judas «zelota» o «celante», el apelativo que todas las listas atribuyen al apóstol Simón.
A Judas se atribuye la breve y última de las Cartas Apostólicas. ¿Fue él realmente el autor de la misma? Así lo creyó la antigua tradición y continúan afirmándolo exegetas de nuestros días. Pero el autor de la carta se presenta como «Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago» (v. 1). Éste no puede ser otro que Santiago el Menor, obispo de Jerusalén, conocido como «hermano» del Señor, muerto hacia el año 62 y cuya relevante personalidad deja entrever San Pablo (Ga 1, 19; 2, 9; 1 Co 15, 7). La misma carta sugiere que su autor no está entre los Doce: en el saludo no reivindica el titulo de apóstol, sino que se presenta de un modo más general como «siervo de Jesucristo». La carta atribuida a Judas es «una carta breve, pero penetrada toda ella de divina sabiduría» (Orígenes). Pretende poner en guardia frente a quienes ponen en peligro la integridad de la fe e inducen a actitudes libertinas.
Sobre su actividad apostólica, Nicéforo Calixto dice que Predicó en varias regiones de Palestina (Judea, Galilea, Samaria, Idumea), después en las ciudades de Arabia, en todo el territorio de Siria y Mesopotamia y, por último, en Edesa donde murió (Ecclesiasticae Ilistoriae, II, XL:PG 145, 864 ss.). La tradición recogida en los martirologios romanos, el de Beda y el de Ación, y a través de San Jerónimo y San Isidoro, San Judas y San Simón fueron martirizados en Persia. También el Breviario Romano dice que evangelizó Mesopotamia y Persia y que murió mártir. Reliquias de San Judas se veneran en Reims y Toulouse, en Francia. A propósito de San Simón hemos referido la leyenda que une los destinos finales de ambos.
La liturgia latina celebra su fiesta conjuntamente con la de San Simón Tadeo, el día 28 de octubre. La Iglesia griega celebra la fiesta de San Judas el día 18 de junio. Se le venera en Austria y sobre todo en Polonia. También en España y en América Latina goza del favor de cierta religiosidad popular.
Gabriel Pérez Rodríguez
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.