30/05/2016
Hoy he pasado solo un momento por el centro de discapacitados de los Hermanos de la Cruz Blanca. Parecía que no había pasado ni un día desde el año pasado, todo igual. No esperaba que ninguno de los discapacitados me reconociera, y aún menos Jali. Me equivocaba.
El año pasado este buen hombre me robó el corazón pasando de mí, iba detrás suyo siempre y me quedaba a su lado mientras él miraba por la reja. Llegué a pensar que era un estorbo para él, hoy he visto que no era así.
Cuando he llegado ha parado de comer al oírme y se ha girado, cuando me he acercado me ha dado la sonrisa y el abrazo más bonitos del mundo. Tengo que reconocer que se me han saltado las lagrimas al pensar que me reconocía y se acordaba de mí. ¿Cómo podía ser? Estuve con él solo tres días y hace un año…
Esto me ha hecho sacar dos ideas: La primera: él estaba feliz de verme y se acordaba de mí, aún cuando hacía un año que no me veía. ¿Qué ironía no? Este amor que he recibido hoy me recuerda al de alguien. Sí, al Suyo. El Amor de Dios es tan grande que aunque le haya hecho caso solo un día o nunca, cuando le visito me recibe con los brazos abiertos, con una sonrisa de oreja a oreja y se vuelve loco de alegría. No tiene en cuenta todo el tiempo que no he estado, le da igual, lo único que quiere es volver a abrazarme porque he vuelto con Él.
La segunda idea es que cuando yo pensaba que le estaba estorbando o no estaba siendo útil solo por estar a su lado mirando por la reja, aunque estuviera callada, aunque no le acariciara, cuando pensaba que era mejor ir con algún discapacitado que me contestara, cuando pensaba que no valoraba mi presencia sí que la estaba valorando. Lo estaba más que valorando, lo estaba necesitando. Que tontos somos a veces, no?
Con Él nos pasa lo mismo. Hay veces que estoy delante Suyo y pienso que no se qué narices estoy haciendo. Que Él no me contesta, que no me necesita porque no veo ninguna correspondencia. Aquí me viene bien la frase que tanto me gusta de El Principito: «lo esencial es invisible a los ojos». Qué gran verdad. Él no me está gritando a la oreja, ni veo su sonrisa, ni siento sus abrazos, pero ahí están. Igual que Jali no expresaba de la forma que yo estoy acostumbrada su amor y necesidad de mi ahí estaban. A veces pienso que estoy en el banco del oratorio por rellenar un sitio, pero que no me escucha. Muchas veces pienso que Él no me necesita, que soy un bulto más. Pero me equivoco, Él me necesita a MI, y a TI, particularmente. No necesita a los hombres o a la humanidad, necesita a Juan, María y Carlota de forma única, a cada uno de nosotros. Agradezco este abrazo que me ha hecho ver que he de mirar más allá de los gestos visibles, que hay que mirar con el corazón, que lo esencial es invisible a los ojos y que lo esencial es Él.
He aprendido que para cuando necesite muestras de amor suyas tengo que acordarme del abrazo de Jali y de cada muestra de cariño que recibo de mis familia y amigos. Todas esas sonrisas que recibo cada día me transmiten un poquito de Su Amor.