2023
Cuaresma (ELIMINAR)
Primer slope de Cuaresma en Hakuna (Getsemaní), 2023. Solo se llegaron a publicar los dos primeros días: el slope no continuó más allá del día 2. Se conserva como registro histórico.
Días
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Día
1
122 de febrero
¿Por qué la Cuaresma?
DÍA 1 — ¿Por qué la Cuaresma? ¡Qué absurdo! Si te fijas, los hombres estamos continuamente con el YO en la boca: que si me han…Abrir →DÍA 1 — ¿Por qué la Cuaresma?
¡Qué absurdo! Si te fijas, los hombres estamos continuamente con el YO en la boca: que si me han dicho, si siempre tengo que hacerlo yo, si me tienen manía, si era mío o para mí, que si la idea era mía o si yo he metido el gol, si yo le dije y entonces…, si me apetece a mí, si me va bien, qué pensarán de mí… y mil frases más en las que conjugamos de distintas formas el yo, mi, me, conmigo…
Y hoy, miércoles de ceniza, la Iglesia nos recuerda: polvo eres y en polvo te convertirás. ¿Sabes qué quiere decir eso? Dios creó el cuerpo de Adán de la tierra, nuestro cuerpo volverá a ser tierra con la muerte, y nuestra alma volverá a Dios:
- a) quien ha amado disfrutará de Dios ya para siempre.
- b) y quien ha amado el YO, lo MÍO y el A Mí no podrá estar en el Cielo porque allí sólo pueden vivir los que aman, los que han conjugado el TÚ; y estos también ya para siempre estarán privados del Dios que es Amor.
¿Cuál es la historia del miércoles de ceniza? En los primeros siglos, quienes se convertían eran bautizados en la Pascua. Su preparación más intensa para ser cristianos comenzaba seis semanas antes de la Pascua. El primer día de la cuaresma comenzaban su penitencia pública, eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal… Con el paso del tiempo la mayoría de los cristianos eran bautizados nada más nacer, pero la Iglesia quiso conservar este gesto: los cristianos reciben una cruz en la frente con las cenizas de las palmas usadas en el domingo de Ramos del año anterior.
Así empiezan estos cuarenta días: «Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás», recuerda que estamos de paso en la tierra, que tienes que cuidar la vida de tu alma. El alma respira bien cuando dice muchas veces tú, hace cosas para los demás, por los demás y con los demás, piensa en los otros y en Dios…
Si recorremos el camino cuaresmal nos acercamos a Dios, y es un tiempo que nos permite mirar con ojos nuevos a los hermanos y a sus necesidades. Por eso la Cuaresma es un momento favorable para convertirnos al amor. Un amor que nos llevará a tener la misma compasión y misericordia del Señor… Mirar con ojos nuevos, no contaminados por el omnipresente Yo.
Es como un entrenamiento de cuarenta días. Como cuando en una barca se ha metido mucha agua, con un cubo se va achicando el agua. Así, cada día de cuaresma podemos sacar un cubo de Yo de nuestro corazón: con menos Yo seremos capaces de amar más y mejor. ¡Convertirnos al amor! Tenemos que ir amando a Dios y olvidando –¡matando!– el Yo. Pediremos en más ocasiones perdón por nuestros pecados; así nos preparamos para recibir la salvación y el amor de Jesús que conmemoramos en la Pascua.
Dile a la Virgen que te gustaría vivir la Cuaresma como ella quiere que lo hagas. Y pídele que te recuerde y te ayude a hacer con cariño este rato de oración durante estos 40 días. Le darás una alegría a Jesús, y él te podrá sugerir modos de darte a los demás y de ser más suyo. Se lo merece. Pregúntale al Señor: ¿qué «cubo de Yo» quieres que empiece por sacar? ¿En qué momentos del día he pensado hoy más en mí que en los demás?
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Día
2
223 de febrero
Consolad a vuestro Dios
DÍA 2 — «Consolad a vuestro Dios» «¡Señor, perdónales porque no saben lo que hacen!». Estas fueron casi las últimas palabras que Jesús dijo antes de…Abrir →DÍA 2 — «Consolad a vuestro Dios»
«¡Señor, perdónales porque no saben lo que hacen!». Estas fueron casi las últimas palabras que Jesús dijo antes de morir en la cruz (Lucas 23, 34). Dios perdona siempre que le pedimos perdón, pero desafortunadamente no todos los hombres tenemos la costumbre de pedir perdón al Señor.
De los tres videntes de Fátima, Francisco es el menos conocido. Pero en Francisco brilla su humildad y su inquebrantable fidelidad a la gracia. Fue un verdadero contemplativo. El Ángel, en su tercera aparición (junio 1916), les dijo «Consolad a vuestro Dios». Estas palabras cincelaron su alma. Su prima Lucía ha escrito: «Jacinta parecía preocupada, con el único pensamiento de convertir pecadores y preservar las almas del infierno. Francisco parecía pensar solamente en consolar a Nuestro Señor y a la Virgen, que le habían parecido estar tan tristes».
En cierta ocasión su prima le planteó un dilema sutil: «—¿Qué te gusta más: consolar a Nuestro Señor o padecer por los pecadores para librarlos del infierno?». Francisco, sin titubear, respondió: «—Consolar a Nuestro Señor. ¿No recuerdas la tristeza de la Señora cuando pidió que no ofendiesen más a Nuestro Señor, que está muy ofendido?». Y añadió, vislumbrando la conexión íntima de las dos formas de amor: «—Quisiera consolar a Nuestro Señor y, luego, convertir a los malos a fin de que no le ofendan más…».
Le gustaba mucho pensar. Dominado por el sentimiento de la presencia de Dios, recibido en la luz que María comunicó a los videntes en las apariciones, discurría: «Estábamos ardiendo en aquella luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? Esto no lo podemos decir. Pero qué pena que Él esté tan triste; ¡si yo pudiera consolarle!».
Con su hermanita, imitaban al Ángel precursor de la Virgen, que preparó sus corazones para los grandes acontecimientos que habían de vivir. Postrados, en actitud de adoración, repetían las oraciones que aquel ser misterioso les enseñó: Dios mío, yo creo, yo os adoro, yo espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, ni os adoran, ni esperan, ni os aman.
Un día Francisco se perdió en el campo cercano al lugar donde vivía. Lucía y Jacinta lo buscaron desazonadas. Lo encontraron detrás de unas matas, absorto, de rodillas y ajeno a todo lo externo, rezando la oración del Ángel.
Enfermó gravemente siendo un chaval. Uno de esos días decía a Lucía: «¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él esté así. Le ofrezco cuantos sacrificios puedo». La víspera de morir se confesó y comulgó. Después de cinco meses de continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a las diez de la mañana, murió santamente el consolador de Jesús.
«¡Perdónales!», grita Jesús al Padre, y es bueno que lo gritemos muchas veces cada uno de nosotros. «¡Si pudiera consolar a Dios!», suspiraba Francisco. Sí podemos. Cuando lees noticias en las que se informa de alguien que asesina o secuestra, cuando te enteras de alguien que roba o engaña, cuando pasas por delante de uno de esos sitios en los que sabes que se ofende a Dios, cuando escuchas insultos o ves peleas, cuando ves publicidad o hacen propaganda de algo que genera mal… ¿te acuerdas de pedir perdón por esas personas que no saben lo que hacen? A esto se llama desagraviar: consolar a Dios.
¡Jesús, perdónales porque no se dan cuenta, porque no saben lo que hacen!
Este slope ya terminó. Apúntate a la próxima edición cuando la anunciemos.