Hermanos:
Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.
Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.
Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.
Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.
En aquel tiempo, decía Jesús:
«¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».
Y dijo de nuevo:
«¿A qué compararé el reino de Dios?
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».
Pendiente de publicar. Publicación habitual: el fin de semana anterior.
Beato Bartolomé de Vicenza

Fraile dominico del siglo XIII, tomó el hábito de manos de Santo Domingo. Profesor de Sagrada Escritura y predicador y pacificador de Lombardía y Emilia. Teólogo del papa Gregorio IX, asistiendo al Concilio de Lyon, acabó siendo nombreado obispo de Vicenza
Bartolomé nació en Vicenza (Venecia, Italia) a principios del s. XIII y, siendo estudiante en Padua, entró en la Orden, recibiendo el hábito de manos de santo Domingo en Bolonia. Inicialmente fue profesor de sagrada Escritura, pero más tarde fue predicador y pacificador en las regiones de Lombardía y Emilia, fundando la Milicia de Jesucristo para la defensa de la fe católica y libertad de la Iglesia. Fue religioso de gran discreción y rectitud, que evangelizó con su ejemplo, sermones y escritos. Era teólogo consejero del papa Gregorio IX, asistiendo al concilio de Lyon y el año 1253 fue nombrado por el papa Inocencio IV obispo de Limasol (Chipre) y en 1255 de su ciudad, Vicenza, donde fundó el convento e iglesia dedicada a La Corona de Espinas del Señor. Él tuvo la homilía en la segunda traslación del cuerpo de santo Domingo en 1267. Murió en Vicenza en 1270 después del 20 de octubre, y su cuerpo se venera en la iglesia de La Santa Corona. Su culto fue confirmado en 1793.
Del Común de pastores: para un obispo.
Oración colecta
Oh Dios, que hiciste del beato Bartolomé
un apóstol admirable
para llevar la luz de la verdad a los extraviados
y la paz y concordia entre los pueblos;
concédenos, por su piadosa intercesión,
que nuestro corazón y pensamientos
mantengan en Cristo Jesús esa paz que tú das
y que supera todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Liturgia de las Horas. Propio O.P.