Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.
Es palabra digna de crédito:
Pues si morimos con él, también viviremos con él;
si perseveramos, también reinaremos con él;
si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede negarse a sí mismo.
Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes.
Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.
Las sendas del Señor son misericordia
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza. R/.
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Pendiente de publicar. Publicación habitual: el fin de semana anterior.
San Pedro de Verona

Fraile dominico del siglo XIII, hijo de familia cátara, él trabaja por erradicar la herejía. Murió martirizado por cátaros que le tendieron una trampa. Dice la tradición que al morir, con su sangre escribió el Credo, que es la síntesis de su vida, de su abnegada entrega, de una fidelidad emocionante a Cristo Crucificado a quien imita y ama
Pedro nació a finales del siglo XII en Verona (Venecia, Italia) de padres maniqueos y ya de niño se convirtió a la fe católica, entrando muy joven en la Orden en Bolonia donde recibió el hábito de manos de santo Domingo.
Era un gran predicador y gran devoto de la Virgen, cuya devoción extendió entre los seglares, comprometiéndolos en el apostolado. Atendió con gran afecto a las hermanas de clausura.
Nombrado inquisidor por el papa Inocencio IV, sufrió el martirio, por su adhesión a la fe y en obediencia a la Iglesia romana, el 6 de abril de 1252 cerca de Milán. Su cuerpo fue trasladado el 4 de junio de 1340 a un arca de mármol en la iglesia dominicana de San Eustorgio en Milán.
Fue canonizado el 9 de marzo de 1253.