Quien observa la ley multiplica las ofrendas, quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.
Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina, quien da limosna ofrece sacrificio de alabanza.
Apartarse del mal es complacer al Señor, un sacrificio de expiación es apartarse e la injusticia.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues esto es lo que prescriben los mandamientos.
La ofrenda del justo enriquece el altar, y su perfume sube hasta el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptable, su memorial no se olvidará.
Glorifica al Señor con generosidad y no escatimes las primicias de tus manos.
Cuando hagas tus ofrendas, pon cara alegre y paga los diezmos de buena gana.
Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con generosidad, según tus posibilidades.
Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más.
No trates de sobornar al Señor, porque no lo aceptará; no te apoyes en sacrificio injustos.
Porque el Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas.
Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R/.
«Escucha, pueblo mío, me voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
– yo, soy Dios, tu Dios -.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí». R/.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo.
«El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna.
Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
Es oportuno lo que en el día de hoy nos dice este libro sapiencial. Se trata de dar sentido a lo que se ofrece para “el altar” de acuerdo con la ley. Ante todo, indica que la ofrenda al altar, para las necesidades del culto, por ejemplo, o sostén de los encargados de él, termina en Dios, y por lo tanto es un ofertorio a Dios. Lo que exige que el ofertorio -que es lo esencial de cualquier sacrificio-, ha de ser agradable a Dios.
Y A Dios lo que le gusta es la generosidad. Ésta se mide como enseña Jesús cuando la mujer pobre ofrece de lo que necesita para vivir, no en lo que se da, sino en aquello que se queda quien ofrece. Siempre será mucho más lo que Dios recibimos que lo que a Él ofrecemos. Él infinita generosidad. En el salmo responsorial, el Señor pide que se le ofrezca sacrificio de alabanza y de acción de gracias, que se manifiesta en “seguir el buen camino”.
Y de generosidad, de ofertorio, habla el texto evangélico. Pedro se quiere hacer valer ante Jesús, pues ha dejado todo, algo tan querido como la familia, la casa, sus bienes, para seguir a Jesús. Un cambio radical de vida. Una auténtica conversión a Jesús.
Jesús le promete que la generosidad de Pedro no va a ser inútil. Jesús será más generoso que él lo ha sido, pues Jesús mismo es una ofrenda, la mayor que se puede hacer al ser humano, él mismo ser la ofrenda. No dejado nada para sí, se ha entregado, ha puesto en manos de los seres humanos lo que es. No será inútil lo que por Él se deje, lo que a él se le ofrezca. Y así se lo indica a Pedro.
¿Nos hemos preguntado cuál es el nivel de nuestra generosidad? Es decir: ¿con qué nos hemos quedado y qué ofrecemos a Jesús y a la causa del Evangelio? ¿Estamos convencidos de que será mucho más y mejor lo que recibiremos, que lo que damos?
San Casimiro

La vida cortesana no fue obstáculo para su dedicación a la espiritualidad más intensa, practicando con admiración de todos las más claras virtudes, como la fe, la caridad extrema con los pobres, una pureza inmaculada, una exquisita amabilidad y fraternidad con todos, la humildad, la prudencia, la modestia, la austeridad de vida, etc.
Príncipe de Polonia
Cracovia (Polonia), 3-octubre-1458
Grodno (Lituania), 4-marzo-1484
En la vida de este joven príncipe resplandecieron de manera admirable todas las virtudes cristianas. Era el segundo hijo varón del rey Casimiro IV Jagellón, soberano de Polonia y de Lituania. Era su madre Isabel de Austria, hija del emperador Alberto II.
En su vida ocupó un lugar destacado su preceptor Juan Dlugosz, canónigo de Cracovia, quien le infundió el amor al estudio, pero sobre todo la piedad y un enorme sentido de responsabilidad moral, que presidió toda su vida. De este preceptor no quería separarse, pues le tenía un afecto filial, y su influencia fue siempre benéfica al lado del joven príncipe.
Desde los 17 años estuvo continuamente al lado de su padre, el rey Casimiro IV Jagellón metido en los asuntos públicos, y le acompañó a Lituania, de donde procedían los Jagellones. La vida cortesana no fue obstáculo para su dedicación a la espiritualidad más intensa, practicando con admiración de todos las más claras virtudes, como la fe, la caridad extrema con los pobres, una pureza inmaculada, una exquisita amabilidad y fraternidad con todos, la humildad, la prudencia, la modestia, la austeridad de vida, la penitencia y mortificación, etc.
En 1483 quisieron casarlo con una hija del emperador Federico III de Austria, su pariente, pero Casimiro se negó a contraer matrimonio, habiendo tomado el propósito de vivir en celibato. Ya estaba enfermo de tisis, y los médicos de entonces le indicaron que sería bueno para su salud que contrajese matrimonio, pero el joven perseveró en su propósito de castidad perpetua.
Estaba en el castillo de Grodno, en Lituania, cuando la tuberculosis lo llevó al sepulcro el 4 de marzo de 1484.
Su cuerpo fue llevado a la catedral de Vilna, la capital de Lituania, donde se le ha tributado gran veneración, llegando a ser declarado patrono de Lituania, así como uno de los patronos de Polonia.
Era admirable su devoción a la Virgen María y le recitaba cada día el himno: Omni die dic Mariae, cuyo texto se encontró copiado en su tumba cuando se abrió en 1604. Se llegó a pensar que era él el autor, pero posteriormente se ha podido probar que el himno es anterior al santo.
San Casimiro es un modelo de fe y pureza para la juventud. Y así ha sido presentado desde el principio.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.