Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todos los pensamientos de sus corazón tienden siempre y únicamente al mal, el Señor se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón.
Dijo, pues, el Señor:
«Voy a borrar de la superficie de la tierra al hombre que he hecho. junto con los cuadrúpedos, reptiles y aves, pues me pesa de haberlos hecho».
Pero Noé obtuvo el favor del Señor.
El Señor dijo a Noé:
«Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra.
Dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie del suelo a todos los vivientes que he hecho».
Noé hizo todo lo que le mandó el Señor.
Pasados siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R/.
El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: “¡Gloria!”
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R/.
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».
Ellos contestaron:
«Doce».
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron:
«Siete».
Él les dijo:
«¿Y no acabáis de comprender?».
La primera lectura de este día nos cuenta algo que es frecuente en muchas culturas de Oriente Medio: el diluvio universal. La descripción narra de forma antropomórfica la reacción de Dios ante el mal de los hombres. Hay que tener en cuenta que las expresiones que se usan no se pueden tomar al pie de la letra. Dios no puede arrepentirse ante el mal del hombre. Equivaldría aceptar que tuvo un fallo al crearlo. No puede ser. Dios es la perfección misma y el arrepentimiento no tiene sentido en Él.
El hombre destructor de la creación
Lo que contraviene la creación de Dios es el hombre que, como recuerda el Papa Francisco es capaz de destruir todo lo que Dios ha hecho… El hombre parece ser más poderoso que Dios, porque es capaz de destruir las cosas buenas que Él ha hecho. El relato nos dice que «la maldad del hombre crecía sobre la tierra». Es la realidad del mal que a lo largo de la historia destruye con su presencia el orden establecido por Dios. Ante la existencia del mal, el narrador quiere destacar algo importante: el mal tiene consecuencias que se dan en la creación. Sin embargo, esta lectura no se puede tomar literalmente como un castigo que golpea a justos y pecadores por igual. La intención divina, como tantas veces en la historia, es recrear el mundo “renovar la faz de la tierra”, pese a la reiteración del mal de los hombres.
La misericordia infinita de Dios
Es interesante destacar cómo, a pesar de tanto mal, siempre hay un “resto”, un pequeño grupo, representado por Noé y los suyos, que permanece fiel y rechaza el mal, respondiendo así a la llamada de Dios. De ese “resto” se vale Dios para llevar a cabo ese restaurar la creación y establecer una nueva alianza con los hombres.
Una vez más percibimos la bondad y la misericordia de Dios. No deja al hombre perdido en la noche del mal, le devuelve su primera condición a través de su gracia.
La narración parte de un hecho sin importancia: los discípulos se han olvidado de llevar pan suficiente para el grupo. Solo llevan uno. Todo ello nos da el contexto donde Jesús reprocha a sus discípulos su incapacidad para comprender el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, avisándolos, a su vez, de tener precaución ante personajes cuyo ejemplo no es el mejor camino hacia Dios: la levadura de los fariseos y de Herodes.
Ante el consejo de que tengan cuidado con la levadura de los fariseos y Herodes, los discípulos interpretan que es una alusión al poco pan que llevan consigo. Jesús les echa en cara su poca comprensión para el milagro que acaba de realizar. “¿Es que tenéis embotada la mente…es que ya no os acordáis” del milagro de la multiplicación?
Objetivo de la multiplicación de los panes y los peces
Ese milagro tenía un objetivo: alentar su fe en Jesús como Mesías de Dios, ya que al revelarles el secreto mesiánico les descubría su personalidad. Ellos no lo habían entendido así, pese a “tener ojos y oídos”, que es lo que les reprocha Jesús. Entendemos que el proceso de ir descubriendo su persona va a costarles un tiempo y, aun así, ya sabemos cómo se desarrollaron los hechos.
Cuidado con la levadura de algunos personajes
¿Qué quiere decir Jesús con lo de la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes? La levadura es un elemento mínimo, sencillo, pero que puede hacer fermentar en bien o en mal a toda una masa de pan. La levadura en este contexto ha de entenderse en sentido simbólico: una levadura buena o mala, dentro de una comunidad, la puede enriquecer o destruir. Jesús quiere que sus discípulos eviten la levadura de los fariseos y de Herodes. Esa “levadura” es equivalente a hipocresía, legalismo, superficialidad. De todo eso quiere Jesús que se aparten sus discípulos. Por eso, comenta el Papa Francisco, los invita a reflexionar sobre la pasada multiplicación de los panes y de los peces, y los llama a tener confianza, al mismo tiempo que les recomienda la vigilancia para no contaminarse con el mal.
Concretando un poco más, esa levadura no es otra cosa que el rechazo permanente que estas figuras tuvieron hacia Jesús, hasta condenarlo al suplicio de la Cruz.
La familia dominicana recuerda hoy al Beato Angélico, fraile dominico pintor, del “quattrocento” italiano (1395-1455). Vivió, la mayor parte de sus días en el convento dominicano de San Marcos, de Florencia. Ha pasado a la historia como alguien que supo reflejar maravillosamente el mundo espiritual, a través del arte de la pintura. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.
¿Dónde percibo, en este momento, la levadura criticada por Jesús? ¿Qué hago para que esa levadura no contamine mi vida?
Beato Fray Angélico

Entró junto con su hermano Benedetto en el convento de Santo Domingo, en la periferia de Florencia, donde se formo como iluminador. Supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor. Faceta en la que destaca tanto por su calidad técnica como por la profunda devoción religiosa que inspiran sus pinturas.
La vida de Juan de Fiésole, fray Angélico, nacido en torno al año 1400 cerca de Vicchio, en Mugello (Toscana italiana), se desenvuelve en dos ambientes distintos y complementarios: el conventual y el artístico. Resumimos brevemente ambos, encuadrándolos dentro de un marco histórico-biográfico.
Carecemos de documentación sobre sus primeros años y su entorno familiar, y son escasas las noticias que pueden ofrecerse de su primera formación humana, religiosa y artística. En torno a 1417 se adiestra en talleres de Florencia como miniaturista y pintor, y se incorpora como un miembro más a la «Compañía de San Nicolás» en la Iglesia del Carmen.
Atraído por la predicación del beato Juan Dominici, ingresa en 1420 —junto con su hermano Benedetto— en la Orden dominicana, en el nuevo convento de Santo Domingo, Fiésole, en la periferia de Florencia. Se somete a la vida de observancia regular en ese convento reformado por el beato Dominici, que enarbola el humanismo cristiano frente a la cultura paganizante del renacimiento florentino. Al ser recibido a la profesión religiosa, Guido cambia su nombre por el de Fra Giovanni di san Domenico, e inicia su carrera sacerdotal. Alterna la vida de observancia regular y de estudio con su innata vocación artística, y crea el taller y estudio de arte. Durante este período fiesolano (1425-1438) pinta las tablas de la «Anunciación» (Museo del Prado) y la «Coronación» (Museo de Louvre) para los altares laterales de la iglesia del convento; minia, junto con su hermano Benedetto, los Libros Corales (Museo de San Marcos); recibe ofertas para pintar tablas destinadas a organismos e iglesias florentinas y a la iglesia-convento de santo Domingo de Cortona.
Se incorpora a la nueva comunidad dominicana de San Marcos de Florencia. Su prior y maestro es San Antonino de Florencia, insigne moralista y profesor, cuya Suma de Moral le brinda el marco doctrinal (junto a la Suma de Santo Tomás) de su magisterio teológico-artístico. En este segundo período florentino (hasta 1445) sus obras se multiplican; es el más fecundo. Lleva a cabo la ejecución de los célebres frescos del «Claustro», «Sala Capitular», «Pasillos» y «Celdas» de San Marcos, alternando el oficio de pintor con el de administrador del convento.
Comienza su período artístico en Roma en 1445. El Papa Eugenio IV lo llama para que se haga cargo de la decoración muralista de la Capilla, hoy desaparecida, del Smo. Sacramento en la basílica de San Pedro. Es la fecha en que, vacante la sede de Florencia, le proponen nombrarle arzobispo, cargo que declina a favor de su prior San Antonino. Interrumpe su estancia en Roma y comienza en verano los frescos que decoran la «Capilla de San Brizio» en la catedral de Orvieto (1447). Y después vuelve a continuar los frescos del estudio del Papa Nicolás V, conocido por «Capilla Nicolina», con el tema de San Esteban y San Lorenzo, obra que finalizaría en 1449.
Con motivo de la muerte de su hermano Benedetto, regresa a Fiésole y lo eligen prior del convento en 1450. Allí no acepta ya nuevos encargos, como el de afrescar la catedral de Prato. Tres años después regresa de nuevo a Roma, al convento de Minerva, llamado por el cardenal Torquemada para decorar el claustro. En ese convento fallece el 18 de febrero de 1455. Su cuerpo fue inhumado en la nave izquierda, junto al presbiterio. Una remodelación moderna, a modo de «Capilla del Beato Angélico», acoge la austera lápida de mármol blanco en que se talló su efigie-retrato y una inscripción de caracteres góticos que reza así: Aquí yace el venerable pintor fray Juan de Florencia de la Orden de Predicadores, 1455.
Más información en: la vida de fray Angélico
Oración colecta:
Oh Dios, que en tu paternal providencia
has inspirado al beato Angélico
expresar la paz y dulzura del paraíso;
danos, por su intercesión,
que podamos irradiarlas
al corazón de los hombres
con el ejemplo luminoso de la virtud.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
O bien:
Oh Dios, que diste al beato Juan Angélico
contemplar y enseñar en su obra
de modo maravilloso
los misterios de tu Hijo;
concédenos, por su intercesión,
que, conociéndote ya por la fe,
lleguemos a contemplar
la hermosura de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestras ofrendas y súplicas
en la memoria del beato Angélico,
y como a él lo hiciste
servidor insigne de la pasión de tu Hijo,
así este sacrificio haga de nosotros
una ofrenda que te sea agradable.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Te alabamos, Señor,
por los dones de tu redención,
y te pedimos nos concedas con misericordia
llegar a amarte
con la devoción sincera
que el beato Juan de Fiésole, Angélico,
manifestó con la admirable sabiduría
que proviene del amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.