Alégrate y goza, Sion,
pues voy a habitar en medio de ti
—oráculo del Señor—.
Aquel día se asociarán al Señor
pueblos sin número;
ellos serán mi pueblo,
y habitaré en medio de ti,
Entonces reconocerás
que el Señor del universo
me ha enviado a ti.
Judá será la herencia del Señor,
su lote en la tierra santa,
y volverá a elegir a Jerusalén.
¡Silencio todo el mundo
ante el Señor que se levanta
de su morada santa!
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R/.
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitaran todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo. R/.
Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R/.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R/.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R/.
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, "porque para Dios nada hay imposible"».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
La alegría inunda las lecturas, como un nuevo amanecer que se despereza al compás de una fiesta que se enraíza en un jardín de rosas. La devoción del Rosario, con tantos siglos de historia y tan arraigada en la religiosidad del pueblo cristiano, es una forma de oración asequible a todos los que nos ayuda a contemplar, con la mirada de María, los misterios de la vida del Señor para identificarnos con Él y ser cada día mejores discípulos suyos.
En este camino de unión con Dios, la Virgen María es nuestra maestra, por su docilidad a la Palabra. Y la oración del Rosario el modo más sencillo para contemplar con los ojos de María los Misterios de la vida, muerte y resurrección de su Hijo. Oración que nos hace contemplar a Cristo a partir de la experiencia de María.
Hoy siguen resonando como nuevas las palabras de San Juan Pablo II al afirmar que el Rosario nos ayuda a recordar, configurarse, rogar y anuncia a Cristo con María y comprender a Cristo desde Ella. Recordar no es sólo,mirar al pasado con nostalgia, sino actualizar permanentemente un acontecimiento de salvación. María, en el Rosario, nos va llevando de la mano hacia esos acontecimientos salvadores, para experimentar en nosotros la salvación y abrirnos constantemente a la gracia que brota de ellos. Con María, nos hacemos contemporáneos de esos misterios que dan sentido a nuestra vida y nos van haciendo crecer en la fe. En el recorrido espiritual que hacemos en el Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo, en compañía con María, este ideal de configuración con El se va consiguiendo a través de una especie de asidua amistad, de repetición amorosa, que nos va metiendo de un modo que podríamos llamar natural en la vida de Cristo. Nos mete en una atmósfera en la que casi de forma imperceptible nuestra mentalidad se va aproximando cada vez más a su mentalidad y a sus sentimientos. El Rosario es a la vez meditación y súplica. María apoya nuestra oración con su intercesión materna. Esa plegaria insistente del avemaría que se va repitiendo una y otra vez se apoya en la confianza segura de que Ella con su intercesión lo puede todo ante el corazón de su Hijo. El Rosario es también un itinerario de anuncio y de profundización en el misterio de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia humana. La contemplación de los misterios de Cristo llena de contenido y de esperanzas esos diversos momentos de nuestras experiencias humanas.
Como dominico llevar el rosario colgando de la parte derecha de mi hábito muy cerca del corazón, escuchar el sonido alegre de sus cuentas al hacer camino me lleva a comprender a Cristo desde María. No basta con aprender las cosas de El, su enseñanza, lo importante es comprenderle. Entrar en su intimidad. Conocer sus sentimientos. Identificarnos con su misión. Y nadie como María puede ayudarnos a comprender a Jesús. Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a su escuela para conocer a Cristo, para penetrar en sus secretos e intimidades y para entender su mensaje.
Necesitamos ir con asiduidad a la escuela de María, la esclava del Señor, la del eterno Magnificat, la alegría y el gozo de Sión.
Nuestra Sra. del Rosario

Según la tradición, la Virgen María se le apareció a santo Domingo de Guzmán en 1208 en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, que le enseñó a rezarlo y se lo entregó para que lo promoviera. Con el tiempo se fue difundiendo el rezo del rosario para contemplar los misterios de Cristo bajo el amparo de María
«Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús (el rosario, para estar en comunión con Cristo).»
«El cual, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos (misterios gozosos).»
«Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó basta someterse incluso a la muerte, y una muerte en cruz (misterios dolorosos).»
«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble (misterios gloriosos).»
Estos versículos de la carta de San Pablo a los filipenses constituye el fundamento bíblico del rosario en sus tres partes. Luego, cada misterio abunda en un aspecto concreto de la vida, muerte y resurrección del Señor, con María.
El pueblo cristiano ha cantado durante siglos:
Viva María,
Viva el Rosario
Viva Santo Domingo
que lo ha fundado.
Aunque no nos han llegado documentos fehacientes de que Domingo fundara el rosario, sí sabemos que recitaba repetidas veces la «salutación angélica» (avemaría), mientras contemplaba los misterios de la redención.
Pocos años después de la muerte de Domingo, Humberto de Romans, uno de sus primeros sucesores al frente de la orden dominicana, escribía para orientar la espiritualidad de los novicios que querían identificarse con el espíritu de la orden: «El novicio medite y considere con devoción los beneficios de Dios: la encarnación, el nacimiento, la pasión y otros misterios…, y después diga el Padrenuestro y el Avemaría…». Estamos en los orígenes del rosario, de los que también hay vestigios en ámbitos extradominicanos.
Está claro que los dominicos, llamados en los primeros siglos «frailes de María», seguían ese clima de oración a la Virgen, a la vez que meditaban los misterios de la redención. En el siglo XV, el dominico Alano de la Roche (1428-1478), le dio la forma que tiene hoy el rosario y propagó su devoción, especialmente por medio de las Cofradías del Rosario, para cuya institución en cualquier parte del mundo ha sido preceptiva la autorización expresa del maestro general de los dominicos.
El rosario se ha considerado patrimonio de la Orden de Predicadores, hasta que un papa dominico, San Pío V, lo extendió a toda la Iglesia con su estructura actual (1569). El mismo papa dominicano instituye la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria (luego Fiesta de la Virgen del Rosario), para agradecer la intercesión de la Virgen en la victoria de Lepanto, el 7 de octubre de 1571: el rosario de la Iglesia había conseguido la victoria y la paz.
En los últimos siglos, ha sido la Orden de Predicadores, por mandato de los papas, la que más ha trabajado en la difusión: congresos, cofradías, participación en la extensión del «Rosario viviente», el «Rosario perpetuo», creación y difusión de los «Equipos del Rosario», revistas rosarianas, emisiones radiofónicas del rosario, edición de discos, casetes y audiovisuales para el rezo del rosario, etc.
La Santísima Virgen ha mirado con buenos ojos esta devoción y ha demostrado que es de su preferencia: en Lourdes y en Fátima ha aparecido con su rosario en las manos y ha comunicado al mundo los beneficios de santificación, de fraternidad y de paz que se derivan del rezo del rosario… que tanto ayuda a tener entre nosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús.
José A. Martínez Puche, O.P
El Rosario, por Fr. Timothy Radcliffe O.P.
Más información sobre el Rosario
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.