Queridos hermanos:
¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.
Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.
Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables, y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.
Así pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan. R/.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria. R/.
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.
Se acercaron y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».
Adivinando su hipocresía, les replicó:
«¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».
Se lo trajeron. Y él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».
Le contestaron:
«Del César».
Jesús les replicó:
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Y se quedaron admirados.
El cristiano mira al futuro y lo hace con la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. El cristiano con una mirada de fe sabe reconocer en la vida y en la realidad la presencia del Espíritu, vive en tensión hacia el futuro; su visión diferente, no depende únicamente de un enfoque materialista o de la ciencia, cuyos resultados siempre serán dentro del contexto de la posibilidad humana.
Es la promesa del Señor la que nos hace sabios para mirar al futuro y esperanzados en el día de la venida del Señor.
Esta esperanza se cultiva con una vida santa; la esperanza, la fe no son independientes de la forma de vivir; sabemos que vivir sin principios, sin valores torna la mirada descreída; y nos arrastra al error. Es la trampa de los que no esperan.
Mirar el futuro con esperanza nos hace estar en guardia, preparando la venida del Señor; nos hace: considerar la paciencia de nuestro Señor como salvación. Nos dispone a crecer en la gracia, es decir esforzarnos por ser mejores personas, más amables más tolerantes, más serviciales, más humanos… Mira: tú puedes crecer más en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo; puedes ser mejor cristiano, puedes entregarte más a Cristo… ¿Por qué no lo intentas?
El Evangelio hoy nos invita a preguntarnos ¿Cómo nos acercamos a Jesús? ¿Como Maestro, como Hijo de Dios; con intereses ocultos, con segundas intenciones; buscando la respuesta que nos gustaría escuchar?…
Los fariseos y partidarios de Herodes se acercan a Jesús con adulación con hipocresía, para hacerle caer en la trampa, con esta pregunta ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?
Jesús en la respuesta que da a fariseos y herodianos: no opone, lo temporal a lo espiritual, lo político a lo religioso, la autoridad civil al reino de Dios. Dice: Devolved al Cesar lo que es del Cesar.
El Evangelio nos invita a responder ¿Qué es del Cesar? La figura, la inscripción de la moneda que le presentan, es decir las apariencias, lo externo… por eso Jesús añade en su respuesta: Devolved a Dios lo que es de Dios. ¿Qué es de Dios?
De Dios es el regalo de la vida.
De Dios es la persona, porque es Dios, quien ha creado al ser humano a su imagen y semejanza.
De Dios es su pueblo Santo adquirido por él a precio de la Sangre de Cristo.
De Dios es la justicia, la misericordia, el amor de Padre a cada persona…
Mira en tu conciencia ¿Qué es de Dios? ¿Qué le das a Dios en tu vida?
Tú ten a Dios como único Señor de la historia y esfuérzate por hacer esta historia más humana, más fraterna más Reino de Dios.
Hoy los frailes dominicos recordamos a San Pedro de Verona que supo entregar su vida a Dios en el martirio
San Pedro de Verona

Fraile dominico del siglo XIII, hijo de familia cátara, él trabaja por erradicar la herejía. Murió martirizado por cátaros que le tendieron una trampa. Dice la tradición que al morir, con su sangre escribió el Credo, que es la síntesis de su vida, de su abnegada entrega, de una fidelidad emocionante a Cristo Crucificado a quien imita y ama
Pedro nació a finales del siglo XII en Verona (Venecia, Italia) de padres maniqueos y ya de niño se convirtió a la fe católica, entrando muy joven en la Orden en Bolonia donde recibió el hábito de manos de santo Domingo.
Era un gran predicador y gran devoto de la Virgen, cuya devoción extendió entre los seglares, comprometiéndolos en el apostolado. Atendió con gran afecto a las hermanas de clausura.
Nombrado inquisidor por el papa Inocencio IV, sufrió el martirio, por su adhesión a la fe y en obediencia a la Iglesia romana, el 6 de abril de 1252 cerca de Milán. Su cuerpo fue trasladado el 4 de junio de 1340 a un arca de mármol en la iglesia dominicana de San Eustorgio en Milán.
Fue canonizado el 9 de marzo de 1253.