Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.
Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.
Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos. R/.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
¿Quién es Dios para mandarnos tanto?: “Hoy te manda el Señor, tu Dios que cumplas estas leyes y decretos; guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma”. Pues sencillamente que es nuestro Dios, y por lo que sabemos por Jesús, es un Dios que no está allá en las alturas, sin interesarse por nuestra vida, sino un Dios Padre que como buen Padre busca nuestro bien. “A los que le recibieron les dio el poder de venir a ser hijos de Dios”.
Y como Dios, sabe mucho más que nosotros de nuestra vida. No en vano es el que nos ha hecho, es nuestro Creador. Y conoce los caminos que llevan a vivir con esperanza, con alegría, con felicidad. Ese es el sentido de todo lo que nos manda Dios y también Jesús, el Hijo del hombre e Hijo de Dios.
Nuestra reacción ante Él y sus mandatos, debe ser doble fundamentalmente. La primera es el profundo agradecimiento por habernos señalado el camino de nuestra felicidad, disipando nuestras tinieblas. Y la segunda, yendo más allá del agradecimiento, es la de hacerle caso, cumpliendo todas sus indicaciones. De esta manera seremos “un pueblo consagrado al Señor”.
A los que somos cristianos de toda la vida, cuando éramos niños y oíamos las palabras de Jesús: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”, las recibíamos sin hacernos ningún problema.
Con nuestra mentalidad de niños cristianos aceptábamos sin más todo lo que nos decía Jesús. Pero cuando fuimos creciendo, y dimos la espalda a nuestra ingenua niñez, estas palabras de Jesús nos empezaron a chocar. No nos parecía normal lo de amar a los enemigos, a esas personas que buscan y, si pueden, nos hacen daño. Buscan nuestro mal.
Pero también a esa altura de nuestra vida ya habíamos llegado a saber que Jesús siendo la Verdad, acertaba en todo lo que nos decía, nos decía siempre la verdad. Y comprendimos que quien no ama, quien odia incluso al enemigo… se hace daño a si mismo. Nadie puede ser feliz por el camino del desamor y el odio.
Y también oímos a Jesús que estaba dispuesto a venir en nuestra ayuda para amar a nuestros enemigos. Que estaba dispuesto a regalarnos su mismo amor para que si no éramos capaces, en un primer momento, de amar a los enemigos, por el amor prestado por él lo conseguiríamos.
Lo de san Pablo, “ya no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí”, lo debemos ampliar: “ya no soy yo quien ama es Cristo quien ama en mí”. En Cristo y en un cristiano siempre triunfa el amor y nunca el desamor, el odio, el mal, el único camino que nos lleva a la alegría de vivir.
Beata Ascensión Nicol Goñi

Primera misionera en la Amazonía Peruana y cofundadora de las Misioneras Dominicas del Rosario. Experimenta a Dios profundamente en la vida misionera, es capaz de descubrirlo presente en todos los acontecimientos. Su vida fundamentada en Jesús nutre su predicación y la hace fuerte y paciente para enfrentar las adversidades en la misión.
Virgen, Hermana de vida activa
(1868 – 1940)
Memoria obligatoria
Ascensión del Corazón de Jesús (en su Bautismo: “Florentina”) fue cofundadora de la Congregación de Hermanas misioneras Dominicas del Santo Rosario, cuyo fin principal es dedicarse a la evangelización de los no cristianos. Nació en Tafalla (Navarra, España) el día 14 de marzo de 1868. Niña todavía quedó huérfana de madre. Para darle una formación adecuada su padre la encomendó a las Hermanas Dominicas de Santa Rosa en la ciudad de Huesca. Allí comprobó que el Señor la llamaba a la plena consagración a Él y empezó el noviciado el 22 de octubre del 1884. Al año siguiente hizo la profesión. Luego fue nombrada educadora en el Colegio Santa Rosa, dependiente del convento, del cual fue directora. A ruegos del obispo Mons. Ramón Zubieta, OP., Vicario Apostólico del Urubamba y Madre de Dios, el año 1913, ella se ofreció, junto con otras cuatro hermanas, para trabajar como misioneras en Perú.
En 1915 se trasladó a la ciudad peruana de Puerto Maldonado donde ejerció un fatigoso y humilde trabajo apostólico. Vuelta a Lima, buscó, junto con el obispo Mons. Ramón Zubieta, dar vida a la Congregación de Misioneras Dominicas del Santo Rosario, con el fin de formar nuevas misioneras que pudieran evangelizar los pueblos de la Amazonía. El nuevo Instituto fue erigido oficialmente el 5 de octubre de 1918 y Ascensión fue nombrada Superiora General y se decidió a abrir el Noviciado en España y casas en diversas regiones de Perú, España, Portugal y China. Aceptó con fe firme las verdades reveladas y con fe profunda buscó extender con todas sus fuerzas el Reino de Cristo. El año de 1936, ante la grave situación política en España, volvió a la patria para alentar con su presencia a sus hijas espirituales. En el mes de septiembre del año 1939 de nuevo fue elegida Priora General. Con salud ya delicada, soportó con paciencia su última enfermedad y el día 24 de febrero del año 1940 pasó a la casa del Padre eterno. Fue adscrita entre los Beatos el 14 de mayo del año 2005.
Oficio litúrgico de la fiesta: Descargar en PDF
Más información: Misioneras Dominicas del Rosario