En aquellos días, David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de Obededom a la ciudad de David.
Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.
David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.
Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompetas.
Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.
David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en el nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y en pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
¡Portones!, alzad los dinteles
que se alcen las puertas eternsales:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla.R/.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
Él es el Rey de la gloria. R/.
En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».
La lectura del libro de Samuel nos relata como David hace ingresar el Arca de la Alianza en Jerusalén. La descripción que se hace nos permite percibir que es un momento importante en la historia del pueblo, por eso son abundantes los detalles que hacen referencia a la acción ritual que se realiza. Los ritos nos permiten expresar en lenguaje simbólico lo que vivimos y experimentamos. «Lo que significa un rito no lo significa otra cosa de la misma manera» (Mary Douglas).
Entre los elementos que se describen se hace referencia a la danza que hace David antecediendo el paso del Arca. La danza permite coordinar mente, cuerpo y espíritu, estando atentos en el aquí y ahora. Esta acción se vuelve entonces oración de alabanza festiva. Alabanza a la que nos invita el salmo que proclamamos: «¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria» (Sal 23).
«El arca había sido el signo de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo cuando hacía camino por el desierto» (Hilari Raguer). Dios siempre está presente en medio de nuestra vida y en el acontecer de la historia. Hoy como ayer estamos llamado a responder a esa presencia con nuestra oración de alabanza dando gracias por lo que Él realiza en medio nuestro. Afrontando con esperanza las nuevas etapas de la vida.
Jesús nos abre al proyecto del amor del Padre a través de sus gestos, acciones y opciones en el camino. Después de instituir al grupo de los Doce se nos plantean las resistencias a las que se enfrenta Jesús. Por eso la referencia que se hace sobre la familia que viene a verlos propiciará la oportunidad de que Jesús nos ayude a profundizar en su propuesta. De ninguna manera su actitud implica un rechazo a los vínculos familiares. Lo que se quiere resaltar es que la fe implica una relación personal con Jesús y con su Padre. Por eso la respuesta: «El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mc 3,35).
El evangelio de hoy es una clara invitación de pasar del oír al escuchar. Oír es relativamente fácil, y no comporta ningún cambio; Sin embargo, la escucha implica prestar atención, comprender e implicarnos. La escucha es la actitud propia del discípulo como se hace ver en el encuentro con Marta y María: «María se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra» (Lc 10,39). En este sentido la primera discípula es la virgen María. «María nos dio a Jesús según la carne porque antes supo acogerlo en su corazón lleno de fe» (Eduardo Pironio). Que María, buena maestra en el seguimiento de Jesús, nos ayude a escuchar la Palabra, profundizarla en nuestro interior y llevarla a la práctica.
San Ildefonso de Toledo

Fue arzobispo de Toledo del año 657 al 667 y es uno de los padres de la Iglesia.Piadoso y discreto a la vez, muy laborioso y de feliz ingenio, su producción literaria resultó abundante
De familia visigoda muy elevada, Ildefonso, nombre al parecer germano, nace a principios del siglo VII, durante el reinado de Witerico. El hecho de su vida monástica en el monasterio agaliense induce a suponer su nacimiento en la ciudad de Toledo.
En efecto, muy joven aún ingresó, contra la voluntad de los suyos, en Agali, el monasterio de San Cosme y San Damián, en las cercanías de Toledo, célebre centro monástico en la historia eclesiástica de España, aunque no hay certeza de si ya entonces hizo profesión de los votos monásticos. De todos modos, ordenado hacia el 630 diácono de la Iglesia toledana, no fue impedimento para volver al monasterio, donde no sólo se hizo monje, sino que llegó a ser elegido abad. […] Muerto el arzobispo Eugenio II en noviembre del año 657, Recesvinto decide nombrar metropolitano de Toledo, la Urbs regia, a Ildefonso, cuya consagración episcopal se celebra muy a finales del mismo 657.
[…] De nuestro personaje, destaca como primer rasgo de singular brillantez el fulgor de la elocuencia. El fervor de las páginas consagradas por San Ildefonso a defender la virginidad de María hacen, es verdad, muy verdadero el Elogio. Temeroso de Dios, lleno de piedad y religión, grave en su modo de andar, venerable por la honestidad de su vida, de paciencia singular, fiel guardando el secreto, sumo en sabiduría, de ingenio penetrante en sus razonamientos, son, entre otras, algunas de las características definitorias más salientes de su personalidad. Piadoso y discreto a la vez, muy laborioso y de feliz ingenio, su producción literaria resultó abundante.
Duró su pontificado al frente de la sede metropolitana de Toledo, según San Julián, nueve largos años, que sirvieron para acrisolar su virtud y poner de manifiesto sus cualidades pastorales. El hecho de que durante esos años no se celebrase ningún concilio tampoco significa que fuera hombre falto de talento, como algún especialista ha llegado a escribir. Su obra literaria, en cambio, nos descubre al hombre preocupado por los problemas pastorales de su tiempo y al incansable y formidable buscador de soluciones. Flórez data su muerte en enero del año 667. Otros tiran por el 665. Sepultado en la iglesia de Santa Leocadia, de la capital de la España visigótica, su cuerpo fue trasladado en los primeros tiempos de la invasión musulmana a Zamora.
El período más importante de la vida de San Ildefonso es, a todas luces, el de su arzobispado, pues como consejero de Recesvinto influyó notablemente en los principales sucesos de su tiempo. Velando por la integridad del dogma, escribió Libellus de virginitate, obra de controversia teológica –sostiene la tradición que por entonces cruzaba los cielos y almas de España algún error mariano que Ildefonso habría querido atajar–, llena de doctrina católica y muy elegante, a la que luego volveremos. Refiere de igual modo la tradición que, cuando acabó de escribir esta obra el autor recibió en premio una casulla de manos de la Virgen. El arzobispo don Rodrigo y Lucas de Tuy son los primeros en narrarnos este hecho prodigioso inmortalizado en su día por el pincel de Murillo. Actualmente puede verse en la catedral metropolitana de Toledo el altar levantado en el mismo lugar de la aparición de la Virgen.
Pedro Langa, O.S.A.
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.