Dios creó al hombre incorruptible y lo hizo a imagen de su propio ser; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los de su bando.
En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará.
Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz.
Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad.
Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de Él.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto.
En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo.
Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
Los que confían en Él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.
En aquel tiempo, aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida ven y ponte a la mesa”?
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Por primera vez aparece con este lenguaje filosófico propio del libro de la Sabiduría, el tema de la vida eterna. Al autor de este libro le preocupaba mucho la retribución final, los justos deben ser recompensados por su justicia, los malvados deben ser castigados. Vida y muerte están en lucha desde los orígenes de la humanidad. Es una dialéctica que nos acompaña siempre: la posibilidad de hacer el bien o el mal, de optar por el buen camino o dirigirnos decididamente hacia el malo, está ahí en nuestro corazón, donde se debaten ambos en arduo combate.
La frase “por envidia del diablo entró la muerte en el mundo”, me parece fundamental, porque centra la cuestión; el diablo tiene envidia de que Dios sea bueno, y por eso se dedica a hacernos la guerra, encontrando en nosotros el caldo de cultivo de nuestra alma herida por el pecado.
¿Qué podemos hacer? Confiar en el Señor, aceptar la prueba, dejar nuestras vidas en manos de Dios y permanecer fieles ante la necedad de los malvados. “Porque los fieles permanecerán junto a Él en el amor”. Permanecer en el amor es el salvoconducto que nos guiará a la vida eterna. Sólo así resplandecerá la imagen de Dios oculta en lo profundo de nuestro ser y sacaremos a la luz la mejor versión de nosotros mismos.
¡Cuántas veces esperamos recompensa por nuestros servicios! Creemos que somos imprescindibles y que, sin nosotros, la Iglesia estaría incompleta. Contra esta actitud soberbia y vanidosa, nos alerta hoy el Señor con estas comparaciones.
El que se siente pobre, humilde, no espera recompensa, porque no hay ningún motivo de gloria en lo que hacemos, al contrario, servir debería ser para nosotros el motivo de gloria. Deberíamos ser nosotros quienes diéramos continuamente gracias a Dios por habernos llamado a su Iglesia, por habernos concedido ser hijos suyos por el Bautismo, y porque nos permite estar en su Iglesia.
Quien sabe que su vida y todo lo que le rodea es fruto de un amor sobreabundante de Dios, no exige nada, al contrario, está en deuda de amor con Él. Todo es gracia, y por eso se trata de vivir gratuitamente, desde la gratuidad.
Esto no quiere decir que no vayamos a sentarnos a la mesa y disfrutar del banquete del Reino; ¡claro que sí!, pero será después, cuando llegue el tiempo, ahora estamos en el tiempo de servir, de entregarnos, de dar la vida hasta las últimas consecuencias, conscientes de que todo procede de Dios y todo debe volver a Él. A nosotros nos toca dar amor, con humildad, desde nuestra pequeñez y pobreza, pero siempre desde el amor.
¿Vivo mi vida sabiendo que estoy en manos de Dios?
¿Me cuesta permanecer en el amor? ¿Qué cosas me apartan de esta entrega amorosa siempre y a todos?
¿Vivo mi vida de fe, como cristiano, con la conciencia de que todo es gracia recibida? ¿Qué actitudes me ayudan a permanecer pobre y humilde?
Beata Lucía de Narni

Fundó el monasterio de Santa Catalina de Siena. Fue mujer de vida purísima, de santidad casi celestial y de inquebrantable paciencia
Lucía Brocadelli nació en Narni (Umbría, Italia) en 1476. Contrajo matrimonio en 1491 con el conde Pedro de Alessio, y a los tres años, conservada de común acuerdo la castidad dentro del matrimonio, entró en la Orden regular de Santo Domingo, a la vez que su esposo entró en la Orden franciscana. Trasladada a Roma y más tarde a Viterbo, en 1499 llegó a Ferrara a petición del duque Hércules I d’Este, que allí fundó para ella el monasterio de Santa Catalina de Siena. Fue mujer de vida purísima, de santidad casi celestial y de inquebrantable paciencia, y el Señor la decoró en 1496 con sus llagas. Al final de su vida sufrió muchas humillaciones. Murió en Ferrara el 15 de noviembre de 1544, y desde 1935 su cuerpo se venera en la catedral de Narni. Su culto fue confirmado en 1710.
Del Común de vírgenes.
Oración colecta
Oh Dios, que otorgaste a la beata Lucía,
admirablemente adornada
con las señales de la pasión de tu Hijo
y con los dones de la virginidad y de la paciencia,
superar las insidias y persecuciones;
concédenos, por su intercesión y ejemplo,
la fuerza de vencer los halagos del mundo
y no ser abatidos por las adversidades.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Liturgia de las Horas. Propio O.P.