En aquellos días, los hijos de Israel obraron mal a los ojos del Señor, y sirvieron a los baales. Abandonaron al Señor, Dios de sus padres, que los había hecho salir de la tierra de Egipto, y fueron tras otros dioses, dioses de los pueblos vecinos, postrándose ante ellos e irritando al Señor. Abandonaron al Señor para servir a Baal y a las astartés.
Se encendió, entonces, la ira del Señor contra Israel, los entregó a manos de saqueadores que los expoliaron y los vendió a los enemigos de alrededor, de modo que ya no pudieron resistir ante ellos. Siempre que salían, la mano del Señor estaba contra, ellos para mal, según lo había anunciado el Señor y conforme les había jurado. Por lo que se encontraron en grave aprieto.
Entonces el Señor suscitó jueces que los salvaran de la mano de sus saqueadores. Pero tampoco escucharon a sus jueces, sino que se prostituyeron yendo tras otros dioses y se postraron ante ellos. Se desviaron pronto del camino que habían seguido sus padres, escuchando los mandatos del Señor. No obraron como ellos.
Cuando el Señor les suscitaba jueces, el Señor estaba con el juez y los salvaba de la mano de sus enemigos, en vida del juez, pues el Señor se compadecía de sus gemidos, provocados por quienes los vejaban y oprimían. Pero, a la muerte del juez volvían a prevaricar más que sus padres, yendo tras otros dioses que sus padres, para servirles y postrarse ante ellos. No desistían de su comportamiento ni de su conducta obstinada.
No exterminaron a los pueblos
que el Señor les había mandado;
emparentaron con los gentiles,
imitaron sus costumbres. R/.
Adoraron sus ídolos
y cayeron en sus lazos.
Inmolaron a los demonios
sus hijos y sus hijas. R/.
Se mancharon con sus acciones
y se prostituyeron con sus maldades.
La ira del Señor se encendió contra su pueblo,
y aborreció su heredad. R/.
Cuántas veces los libró;
mas ellos, obstinados en su actitud.
Pero él miró su angustia,
y escuchó sus gritos. R/.
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».
Jesús le contestó:
«¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos».
Él le preguntó:
«¿Cuáles?».
Jesús le contestó:
«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
El joven le dijo:
«Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
Jesús le contestó:
«Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo – y luego ven y sígueme».
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.
En esta primera lectura se nos presenta el esquema de la conducta del pueblo judío con Dios, después de la alianza que había hecho con él. El primer paso es abandonar al Señor su Dios e irse detrás de otros dioses, los dioses de las naciones vecinas, a los que adoraron. El Señor se enfada con su pueblo Israel y deja que les venzan los saqueadores. “En todo lo que emprendían, la mano del Señor se les ponía en contra”. Pero el Señor tiene misericordia de su pueblo y les suscita Jueces que les libran de las bandas de salteadores. Pero el pueblo de nuevo vuelve a dar la espalda a Dios “yendo tras otros dioses, rindiéndoles adoración; no se apartaban de sus maldades ni de su conducta obstinada”.
Así acaba esta primera lectura de hoy. Pero sabemos que ya entonces el Señor vuelve a perdonar a su pueblo y ofrecerles su amistad. Algo que vemos con más rotundidad cuando nos envió a su Hijo Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo Unigénito”, que vino a ofrecernos el eterno amor y el eterno perdón de Dios a toda la humanidad, ante nuestras desviaciones y pecados.
El evangelio de hoy nos presenta el conocido pasaje del joven rico. Acude a Jesús porque le considera “Maestro”, un hombre especial, alguien que sabe más que los demás, y puede aclararle una duda clave que tiene sobre el punto más importante de su existencia: “Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?”. Y Jesús le da la respuesta que vale para cualquier hombre: “Guarda los mandamientos”.
Pero este joven, que siempre ha cumplido los mandamientos, busca algo más para él. Y Jesús que se da cuenta del buen deseo de este joven, le da la respuesta que buscaba: “Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego vente conmigo”. Jesús le propone seguirle a Él, por el camino de la pobreza y el desprendimiento, dejando sus riquezas.
Ante esta disyuntiva, el joven decide quedarse con las riquezas, pero podemos destacar que “se fue triste”, porque sabía que con las riquezas, poniendo su corazón en las riquezas, no iba a conseguir lo que buscaba: obtener la vida eterna, que podemos traducir por lograr ser feliz.
San Pío X

Fue el papa 257º de la Iglesia católica entre 1903 y 1914. Introdujo grandes reformas en la liturgia y facilitó la participación del pueblo en la celebración eucarística. Promovió mucho el estudio del catecismo y ordenó la confección del Código de Derecho Canónico
[De nombre José Melchor Sarto, fue ordenado sacerdote en 1858, y consagrado obispo de Mantua en 1884. El 12 de junio de 1893 es nombrado cardenal y trasladado al patriarcado de Venecia.]
Cuando murió el papa León XIII, en julio de 1913, después de un largo pontificado, Sarto era un cardenal modesto, sin especial significado dentro del colegio cardenalicio y nadie -y menos él- pensaba o hablaba de él como futuro papa. Pero tenía mejor fama de lo que él sospechaba, y aunque al principio el cónclave pareció dirigirse a la elección del cardenal Rampolla, no faltaron algunos votos por Sarto, que él se tomó con buen humor.
El vuelco del cónclave se produjo cuando el cardenal Puzyna, en nombre del emperador Francisco José I de Austria, interpuso veto a la elección de Rampolla. La reacción de los cardenales no fue la de apoyar al vetado, sino que empezaron a pensar en otro candidato, sin que se consolidase el que hasta entonces venía detrás de Rampolla. Poco a poco los votos se fueron sumando a Sarto y éste se encontró con la posibilidad real de que iban a elegirlo papa. Sano lloró y pidió que pensaran en otro: no se sentía preparado para tal carga, dado el concepto humilde que tenía de sí mismo. Y esta humildad, que se puso de manifiesto en la sinceridad con que rechazaba el pontificado, sirvió para que finalmente los votos necesarios confluyeran en él. El 4 de agosto de 1903 se producía la elección. Sarto respondía: Acepto el papado como una cruz. Y tomó el nombre de Pío X en honor a los papas que, con el nombre de Pío, desde la revolución francesa tanto habían sufrido por la Iglesia. Tomó como lema: Instaurar todas las cosas en Cristo. Y dejó claro el programa de su pontificado en la encíclica E supremi apostolatus Cathedra, del 4 de octubre de 1903.
A veces se resume el pontificado de San Pío X aludiendo a su ruptura con Francia y a su ataque al llamado modernismo. Y no es justo. Porque es cierto que en aras de la independencia de la Iglesia se mantuvo firme con la República francesa y ésta se orientó a un laicismo tremendo que hizo padecer mucho a la Iglesia y como resultado del cual la Iglesia perdió para siempre su influencia sobre la sociedad francesa. Y es cierto que, viendo en el modernismo un resumen de todas las herejías, lo combatió de forma implacable, pero San Pío X fue un verdadero pastor y un gran reformador de la vida católica, a la que llamó a nuevos impulsos, a proponerse nuevas metas y saber estar en medio de una sociedad que renegaba de Dios de forma tan clara.
Sobre la sede de Pedro brillaron en San Pío X todas las virtudes que ya había practicado en la parroquia y en la diócesis, pero ahora el candelero era más alto y su luz se difundía más ampliamente. Tenía una fidelidad heroica a los principios y pensaba en la Iglesia sobre todo a partir de su misión atemporal, que debe ejercer lo mismo en los tiempos favorables que en los de tribulación, y creía firmemente que la Iglesia tiene de suyo recursos morales y culturales como para bastarle su propia tradición sin tener que acudir a préstamos del mundo moderno. EI papa hacía gala de una fortaleza moral que recordaba la de los mártires. Y creyó en conciencia que el depósito mismo de la fe era puesto en peligro gravísimo por el modernismo, y de ahí su reacción, una reacción brotada del más estricto sentido del deber.
San Pío X reformó muchas cosas, sin tener miedo de qué cosas necesitasen reforma. Y así modificó la curia romana dándole una nueva estructura. Igualmente introdujo reformas en el calendario, en el breviario y en otros aspectos de la liturgia. Promulgó normas sobre la edad, más temprana de la primera comunión de los niños y sobre la comunión frecuente, que alejaron de la Iglesia los restos del jansenismo. Impulsó la música sacra, recuperando para ella el sentido religioso y alejando los modos profanos que se habían introducido. Dio a la parroquia la principalidad que tiene en el fomento de la vida cristiana. Con ayuda de monseñor Casparri, el futuro cardenal, Pío X acometió la codificación del derecho canónico, aunque moriría sin haber podido promulgar el código, cosa que haría su sucesor Benedicto XV. Formó una comisión para promover los estudios bíblicos, cuya primera tarea era la revisión del texto de la Vulgata y en 1909 fundó el Pontificio Instituto Bíblico, encomendado a la Compañía de Jesús. Dio diferentes y oportunas normas sobre el catecismo y se publicó uno con su nombre.
[… ] Pío X vio venir la Primera Guerra Mundial y se dio cuenta de los horrores que iba a significar y de su inutilidad para solventar los problemas sociales y políticos de su tiempo, e hizo los esfuerzos que estaban a su alcance para impedir la guerra. Sobre su apoyo a Austria circulan versiones contradictorias, una de ellas, la de que se negó a bendecir al ejército austriaco, diciendo que él bendecía la paz y no la guerra. Ciertamente el 2 de agosto de 1914 lanzó un llamamiento manifestando su dolor personal ante la inminencia del conflicto y solicitó de los católicos sus más fervorosas oraciones por la causa de la paz.
Se dice que la declaración de la guerra arruinó definitivamente la salud del papa. Se sintió ante ella sumamente triste y dolorido. Una bronquitis le condujo a la muerte el día 20 de agosto de 1914.
Pío X gozó en vida de gran fama de santidad. Todos los que lo trataron estuvieron de acuerdo en que la conciencia del papa era inmaculada, su bondad no tenía límites, su humildad era sincera, su pobreza voluntaria la había llevado adelante incluso en el papado, no beneficiándose en riada de la nueva situación. No quiso tener consigo a sus hermanas en el palacio apostólico, sino que les buscó una casita en Roma, y les pasó una modesta pensión. En su testamento simplemente las encomienda a la caridad de su sucesor. Se negó a que su familia fuera ennoblecida ni llevaran sus parientes títulos pontificios, diciendo que ellos eran simplemente los familiares del papa. Todos exaltan su caridad sin límites, pues no podía enterarse de una necesidad sin intentar en seguida remediarla, desprendiéndose de todo lo suyo con enorme facilidad y viviendo por ello siempre en carencia de fondos. Hospitales y casas de beneficencia romanos aprendieron bien la eficaz y generosa caridad del papa. Había aprendido a vivir de la forma más austera. Había sido un alma de continua oración y diálogo con el Señor y había dado un alto ejemplo de servicio desinteresado y generoso a la Iglesia.
Millones de fieles veían en Pío X al hombre santo que había acertado con la renovación espiritual de la Iglesia. Sus normas prácticas sobre confesión y comunión, sobre primeras comuniones, sobre las misas dominicales y la música, su catecismo, su impulso a la Acción católica, a la caridad con los pobres y otras muchas cosas habían dejado en los fieles la sensación de haber tenido al frente de la Iglesia a un verdadero santo.
La introducción de su causa de beatificación tuvo lugar el año 1923 y en su proceso se estudió cuanto había hecho y dicho, quedando clara su buena fe y voluntad y su unión con Dios. Por ello, aprobados dos milagros, fue beatificado en 1951, procediéndose a su canonización el 29 de mayo de 1954. Era el primer papa canonizado después de San Pío V. Su cuerpo reposa ahora debajo del altar de la capilla de la Presentación en la basílica vaticana, donde puede ser visitado y venerado por los fieles.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.