En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había reunidas unas ciento veinte personas) y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, el que hizo de guía de los que arrestaron a Jesús, pues era de nuestro grupo y le cupo en suerte compartir este ministerio.
Y es que en el libro de los Salmos está escrito: «Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella», y también: «Que su cargo lo ocupe otro».
Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».
Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezando, dijeron:
«Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado, del que ha prevaricado Judas para marcharse a su propio puesto».
Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.
De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?. R/.
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento:
que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros».
La historia de Matías como la de los otros apóstoles nos ayuda a entender la vocación de “apóstoles” que todos tenemos en un sentido amplio: testigos de Cristo resucitado en el mundo de hoy. Anunciadores de la Buena Noticia, del plan salvador de Dios y la persona de Jesús.
La elección de Matías es el restablecimiento de la comunidad. Matías, ahora Elegido apóstol para ser testigo de la resurrección, sabe que forma parte de la comunidad. Necesita la comunidad para vivir la experiencia alegre de la resurrección.
Es tarea del elegido que se asocie con nosotros en comunidad para ser con su vida anuncio alegre, testigo de la resurrección de Jesucristo.
La comunidad anunciadora de la resurrección siempre tiene presente que quien elige es el Señor; sabe que el amor salvífico de Dios, manifestado en Jesucristo muerto y resucitado, es el gran motivo de alegría.
La resurrección de Cristo no es algo del pasado; sino fuerza de vida que ha penetrado en el mundo y en cada cristiano.
Vive en comunidad una fe alegre; haz de tu vida anuncio alegre del Evangelio; y testimonio alegre de la resurrección. Que así sea.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros.
Los cristianos estamos llamados a vivir en plenitud la felicidad, la alegría que nace del Evangelio.
Para vivir con alegría necesitamos conectarnos a la fuente del verdadero gozo, que es el amor de Dios, revelado en Jesús.
El amor es la clave hoy del Evangelio.
Esta insistencia en el amor y nuestra propia experiencia nos descubren que la necesidad fundamental de toda persona es ser amado y amar. Amar es decisión de la voluntad, actitud a favor del otro que genera vida y alegría.
La vida y el amor son inseparables de la experiencia de un Dios que es vida y amor y al que podemos llamar Padre.
El Evangelio nos invita a una relación con Dios que prolonga en nosotros la comunión de vida que une al Padre y al Hijo. Jesús lo expresa diciéndonos esto mando que os améis unos a otros.
Él nos ama entregando su vida por nosotros. Que nosotros cumplamos el mandato grande del amor amando a Dios en los hermanos.
Cristo te ama. Dios te quiere. Déjate querer por Dios; cada día recibe su beso y abrazo.
De parte de Jesús: déjate querer por Dios… y vive amando a los demás. Se feliz. Se cristiano. Que así sea.
San Matías

Se le considerá un don del Espíritu a la Iglesia de Jesús para llenar el puesto que había sido dejado vacío por Judas. Es el apóstol acogido por la oración de la comunidad y destinado a integrarla de forma viva y activa. Ha de vivir la dinámica del seguimiento de jesús y ser testigo de su resurrección.
Su nombre es una abreviación de Matatías, que vendría a significar «don de Yahvé». Se puede decir que, por esta vez, el nombre de la persona responde plenamente a su historia personal y social, San Matías es un don del Espíritu a la Iglesia de Jesús para llenar el puesto que había sido dejado vacío por Judas Iscariote (cf. Mt 27, 3-10) en el colegio de los apóstoles de Jesús.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos refiere cómo después de la Ascensión, Pedro reunió al pequeño grupo de los discípulos para que eligieran a un suplente del traidor (cf. Hch 1, 15-26). Judas, en efecto, había ido a acabar con su vida en el campo que había comprado «con el precio de su iniquidad». Un campo que desde entonces se llamaría Haqueldamá, es decir, «Campo de Sangre».
El candidato habría de ser uno que hubiera «seguido» a Jesús durante el ministerio de su vida pública y precisamente desde el bautismo de Juan y hasta el día en que había sido llevado de entre los suyos. El seguimiento era la categoría fundamental del discipulado y se convierte, en consecuencia, en la condición indispensable para ocupar el puesto ahora vacío.
Por otra parte, el discurso de Simón Pedro deja bien claro que el elegido ha de ser un «testigo» de la resurrección del Señor. De este modo, Matías se convierte en el paradigma de todo apóstol de Jesucristo. El seguimiento del Maestro y el testimonio de su vida resucitada han de ser las claves para el discernimiento de todo apostolado, a través de los siglos.
Los ciento veinte «hermanos», con que contaba la Iglesia naciente de Jerusalén, presentaron a dos candidatos. Uno de ellos, José, llamado Barsabás o «hijo de Sabas», era también conocido con el apelativo de «el Justo». El otro era Matías, del cual no se nos ofrece ningún dato biográfico.
La elección tiene lugar tras una oración comunitaria, que el texto resume para los futuros lectores: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse a donde le correspondía» (Hch 1, 24-25).
Por otra parte y como era habitual, la elección se realiza por medio de la apelación a la suerte: echaron suertes, bajo la guía del Espíritu. Contra todos los pronósticos, el designado por la suerte no es «el Justo», sino el otro. El episodio, aparentemente anecdótico, se ha convertido en lección y categoría para la Iglesia. Como se ve a través de tantos relatos bíblicos, los juicios de Dios no siempre coinciden con los juicios humanos. Efectivamente, Dios conoce los corazones. Una vez más, es elegido el que parece menos apropiado según la prudencia humana.
La Liturgia de las Horas nos ofrece en el día de hoy algunos pasajes tomados de una homilía de San Juan Crisóstomo sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles, en la que se comenta precisamente la elección de San Matías, siguiendo paso a paso el texto bíblico:
«Hermanos, tenemos que elegir de entre nosotros. Acepta el parecer de los reunidos, y al mismo tiempo honra a los que son elegidos, e impide la envidia que se podía insinuar. ¿No tenía Pedro facultad para elegir a quienes quisiera? La tenía, sin duda, pero se abstiene de usarla, para no dar la impresión de que obra por favoritismo. Por otra parte, Pedro aún no había recibido el Espíritu Santo.
«Propusieron —dice el texto sagrado— dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. No es Pedro quien propone los candidatos, sino todos los asistentes. Lo que sí hace Pedro es recordar la profecía, dando a entender que la elección no es cosa suya. Su oficio es el de intérprete, no el de quien impone un precepto.»
Más adelante, el Crisóstomo se fija en la exigencia de que el elegido ha de ser testigo de la resurrección de Jesús, y comenta: -No dice: Testigo de las demás cosas, sino Testigo de la resurrección de Jesús. Pues merecía mayor fe quien podía decir: “El que comía, bebía y fue crucificado, este mismo ha resucitado”. No era necesario ser testigo del período anterior ni del siguiente, ni de los milagros, sino sólo de la resurrección. Pues aquellos otros hechos habían sido públicos y manifiestos; en cambio, la resurrección se había verificado en secreto y sólo estos testigos la conocían».
San Juan Crisóstomo no deja de subrayar el papel que la oración de los reunidos juega ante el momento decisivo de la elección: -No dicen: elige; sino: muéstranos a cuál has elegido, pues saben que todo ha sido prefijado por Dios».
Nada más sabemos sobre el origen, sobre el ministerio o sobre las circunstancias de la muerte de Matías. Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica (siglo IV), asegura que Matías fue uno de aquellos 70 ó 72 discípulos que Jesús envió en una primera misión evangélica. Una leyenda lo hace natural de Belén y otra tradición, que carece de fundamento sólido, identificó a San Matías con Zaqueo.
Incluso sobre sus reliquias ha existido un contencioso histórico. pues han sido reivindicadas por la basílica de Santa María de Tréveris, adonde habrían sido llevadas por Santa Elena, y por la de Santa María la Mayor, de Roma, en la que se encuentra un mosaico de finales del siglo XIII que representa la predicación de este apóstol.
De todas formas, el apóstol san Matías es para los cristianos una especie de icono del apóstol de Jesucristo. Como él, el cristiano se sabe elegido gratuitamente por el Dios que conoce la interioridad de las personas. Como él, ha de vivir la dinámica del seguimiento de jesús y ser testigo de su resurrección. Como él, es acogido por la oración de la comunidad y destinado a integrarla de forma viva y activa. Como a San Matías, a todo cristiano es confiado el tesoro del Evangelio para que lo difunda por el mundo.
José-Román Flecha Andrés
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.