Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:
«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen. R/.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Es la impronta de Dios: muestra su compasión y su amor sobre lo débil, permite seguir gozando de su favor a todo aquello perecedero que muestra su debilidad. La imagen que Isaías nos da del siervo de Yahvé la vamos a ver claramente en Jesús de Nazaret. Jesús pasará por esta vida, viviéndola como un simple hombre, ayudando a quien lo necesita. Se lo vamos a escuchar al mismo Jesús cuando se presentan los discípulos de Juan para preguntarle quién es él. La respuesta no contesta directamente la pregunta, sino que remite a su vida y obras. Los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan… Somos nosotros la caña cascada, el pábilo vacilante, el ciego que necesita ver y para eso tenemos al Siervo de Yahvé que pasa a nuestro lado ayudando en lo que es necesario.
No es un predicador vociferante en plazas, teatros, pantallas de TV. No. Es el predicador sencillo que te habla en el silencio, que susurra al oído, que difunde el mensaje sin alharacas, alejado de una solemnidad impostada, tonante y amenazadora. La palabra de Jesús, el Siervo de Yahvé, es suave, está bañada en el amor y en ningún momento produce miedo. Y, ¡cuidado!, si te atemoriza y espanta, no es Dios quien te habla, sino el maligno.
Temamos a los profetas que dicen venir en nombre del Señor aterrorizando a los fieles que escuchamos asustados tremendas diatribas ácidas y violentas. Muy alejadas del espíritu que se desprende del Siervo de Yahvé, de Jesús, el Cristo que nos habla con la Palabra definitiva de Dios, del ABBA, del papaiño que te tiende la mano.
Las horas de Jesús están contadas. Las autoridades civiles, militares y, sobre todo, religiosas, han decidido que tiene que morir y solo falta encontrar una ocasión propicia para eliminarle. Han tenido oportunidades para detenerlo, pero siempre les ha frenado el miedo a la reacción de las gentes. Jesús tiene seguidores y simpatizantes que podrían aguar las fiestas del templo y eso sería un problema. Hay que proceder con nocturnidad y alevosía y buscan el momento propicio.
A esto se añade que Jesús ha resucitado a su amigo Lázaro y ver a este muerto caminando, hablando, comiendo, en definitiva: viviendo, es un fuerte golpe en su contra. Es, pues, necesario acabar también con él. Tal vez sea Lázaro ese mal colateral, necesario a los ojos de los estrategas, para lograr un golpe publicitario que ponga la situación a su favor.
En esta era cibernética esto sería fácil de solucionar con unas cuantas “fake news” bien dirigidas en las redes para inclinar la opinión pública a favor del enemigo y lograr que el pueblo, puede que debamos llamarlo “populacho”, a poco que lo animemos, grite “¡Crucifícalo, crucifícalo!, tal vez sin convicción, pero sí con un aparente entusiasmo capaz de convencer a un cobarde Pilatos, a quien la vida de un judío le trae sin cuidado, con tal de conservar la paz en su finca.
Y nos falta recordar a María que unge los pies del Maestro con un magnífico perfume, caro, intenso que Jesús interpreta como la unción que se aplica a su cadáver antes de depositarle en el sepulcro. María se ha anticipado a los hechos que se van a producir en breve. Pero, siempre surge un pero…, algunos de los presentes, Judas entre ellos, critican la acción y se escudan en una aparente caridad que no tienen, posiblemente, ninguna intención de ejecutar.
Y ¿cómo estamos hoy?, ¿comemos con Jesús o nos escudamos en unas oraciones con las que traspasamos a Dios los problemas (-escúchanos Padre-) mientras seguimos viviendo tranquilos y contentos con nuestras mediocridades. ¿No será ahora mismo el momento de cambiar nuestro ser y actuar y acercarnos a Dios?
San Estanislao de Cracovia

Fue obispo durante nueve años celoso de la gloria de Dios y del bien de los fieles, singularmente de los pobres. Estanislao significa la oposición de la Iglesia a los abusos del poder real y la libertad apostólica de ser conciencia crítica de los poderosos en favor de la justicia.
La historia de San Estanislao, obispo de Cracovia y mártir, ha sido objeto de polémica, basada en las fuentes contradictorias por donde llegan las noticias sobre él. Una tradición religiosa, recogida principalmente por el proceso de canonización y por el posterior historiador polaco Vicente Kadlubek (siglo XV), lo presenta como una víctima del odio del rey, cuya conducta Estanislao había denunciado y que por ese motivo lo mandó asesinar mientras celebraba la misa en la iglesia de San Miguel. Pero una crónica más antigua, firmada por Gall, atribuye su muerte a castigo o venganza del rey por haberle traicionado Estanislao. Según esta versión, Estanislao habría sido condenado a la pena de los traidores, la desmembración; según la versión que llamaremos religiosa, Estanislao habría sido sencillamente eliminado por un sicario mientras celebraba la misa.
No hay duda de que muy poco después de su muerte empezó su culto, y que éste se afirmó y oficializó en cuanto fue posible, siendo el pueblo llano el más adicto a la memoria de Estanislao, y pasando de ahí, tras su canonización, a ser el patrono de la nación polaca. Este culto solamente tiene explicación histórica si su muerte fue vista como martirial desde el principio, no pudiendo olvidarse que en la Edad Media numerosas muertes violentas eran tenidas como martirio, con criterio obviamente más ancho que el vigente ahora. Y aunque fuera verdad que su muerte hubiera sido un auténtico acto oficial de la justicia real, es decir, un ajusticiamiento en regla, no por eso se le tiene que negar el carácter martirial, ya que miles de mártires han muerto tras procesos llevados a cabo por la autoridad real, por ejemplo, los mártires ingleses. Se ha hecho hincapié en que la palabra traidor, que Gall aplica a Estanislao, no significaba necesariamente entonces alguien nefando; todos los opositores a un rey eran calificados así. Bastaba un conflicto de Estanislao con el rey para que éste lo calificara de traidor y los partidarios del rey hicieran lo mismo.
De todos modos, subrayemos un dato seguro, y es que el obispo Estanislao de Cracovia, y por orden del rey Boleslao II, el Atrevido, fue muerto violentamente, y esto indica necesariamente un enfrentamiento entre el prelado y el monarca. Y es seguro este otro dato, decisivo en una hagiografía: el pueblo vio aquella muerte corno un martirio, y la Santa Sede, canonizando a Estanislao, ratificó esta apreciación popular.
Demos los demás datos que parece pueden aceptarse como bastante seguros.
Nació en el año 1030, en la aldea de Szczepanowo, en la diócesis cíe Cracovia, de donde le vino el que se le llamara Estanislao Szczepanowski, y es la suya una familia modesta, pero de caballeros. Luego de haber hecho los estudios primarios en algún monasterio de la diócesis de Cracovia, fue enviado a estudiar a Lieja. Decidido por la vida sacerdotal, a su vuelta a Cracovia es ordenado sacerdote y nombrado canónigo de la catedral de su diócesis. Su buena preparación cultural y su piedad y buena conducta lo hicieron acreedor de este cargo.
El prestigio que se granjeó en el tiempo de su sacerdocio hizo que en 1072, a la muerte del obispo Lamberto Zula, fuese nombrado obispo por el papa Alejandro II. Así se le había pedido desde Cracovia no solamente por parte de los fieles, sino también del propio rey Boleslao y de la nobleza.
Fue obispo durante nueve años y fue un obispo celoso de la gloria de Dios y del bien de los fieles, singularmente de los pobres. Se dedicó también a extender el cristianismo a las zonas de su diócesis aún no cristianizadas. Inicialmente tuvo el apoyo del rey para su labor.
Las relaciones con el rey, sin embargo, empeoraron hasta llegarse al conflicto final, en el que el rey lo mandó matar. Su muerte tuvo lugar el 11 de abril del año 1079. Fue enterrado en el cementerio adjunto a la iglesia de San Miguel, en la que, según la tradición, el santo celebraba misa cuando fue asesinado por orden del rey.
En este cementerio reposó el cuerpo del santo hasta el año 1088 en que fue trasladado a la catedral cíe Wawel en Cracovia, y comenzó entonces el culto popular en torno a su tumba.
La fama de su martirio y de sus milagros persistió durante todo el siglo XII y provocó que en 1229 se iniciase el proceso de canonización en la diócesis, continuado luego en Roma. La canonización la realizó solemnemente el papa Inocencio IV en la basílica de San Francisco en Asís, el día 17 de agosto del año 1253.
La presencia de polacos en Estados Unidos ha llevado hasta aquel país la memoria del santo obispo, que tiene dedicadas allí numerosas iglesias, siendo naturalmente muchísimas las que le honran en su propia patria.
Estanislao significa la oposición de la Iglesia a los abusos del poder real y la libertad apostólica de ser conciencia crítica de los poderosos en favor de la justicia.
José Luis Repetto Betes
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.