Hermanos:
El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.
Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: «Le he podido»,
ni se alegre mi adversario de mi fracaso. R/.
Porque yo confío en tu misericordia:
mi alma gozará con tu salvación,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R/.
En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.
Uno le preguntó:
«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».
Él les dijo:
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”.
Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él os dirá:
“No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos»
Magnífico texto oímos en esta primera lectura. Texto para repensar nuestra oración, en concreto la de petición. Sabemos que Jesús invitó a sus discípulos a orar, a pedir al Padre bueno: “pedid, llamad, buscad”. (No pasemos por alto el “buscar”, que no se limita a pedir, sino a poner de nuestra parte lo que podamos para alcanzar lo que pedimos). El problema en la oración de petición es saber cuándo pedimos “pan y no piedras, peces y no serpientes, huevos y no escorpiones”. “No sabéis lo que pedís” dice a los Hijos del Zebedeo cuando piden -ellos o su madre- sentarse a su derecha e izquierda en el Reino. Pablo es claro: necesitamos que el Espíritu nos ayude a saber lo que hemos de pedir, o sea lo que “nos conviene”. En la versión de Lucas cuando Jesús habla de la petición, dice “¿qué padre entre vosotros si su hijo le pide un pez le dará una serpiente… y termina: “si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el espíritu Santo a los que se lo piden”. Esa es la petición esencial que el Espíritu Santo nos ayude a saber qué hemos de pedir. Decía santa Teresa de Jesús “¡Qué bajo quedaríamos si conforme a nuestro pedir fuese vuestro dar!”. Quedémonos con la afirmación de Pablo: “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”. Es una gran petición: que sepamos descubrir el bien donde lo que aflora es el mal, al considerarlo desde un Padre que nos ama.
¿No merece la pena que analicemos nuestra oración, en concreto la de petición? Pablo nos invita a ello en la lectura de hoy.
¡Cuántas veces aparece en los Evangelios, la expresión con la que termina el texto de hoy: “hay últimos serán primeros y primeros serán últimos!”. Como “los que se humillan, será exaltados, y los que se exaltan humillados. Sí, Jesús invierte valores vigentes en la sociedad de entonces y de ahora. Y eso nos es duro, es entrar por la “puerta estrecha”. La amplia es la del aplauso por lo que somos o hacemos, las satisfacciones inmediatas, la ausencia de dificultad, la negación de todo dolor, también del de compasión por quien sufre; en fin, querer que todo discurra como nos gusta sin que nadie ni nada, ni principios ni personas dificulten nuestros gustos…
No se trata de buscar el dolor o el fracaso o la renuncia sin más a lo que nos gusta, sino saber que todo eso pertenece a nuestro vivir humano, a la realidad de lo que somos. Se trata de ser sinceros con la vida, la nuestra y la de los demás, no engañarnos. Se trata de buscar lo noble, aunque lo menos noble o innoble sería más fácil y compensatorio… de momento. Se trata de buscar lo bueno, lo humanamente bueno, a la luz del Evangelio…, aunque cueste, y no sea valorado por los demás; o sea nadar contra corriente. También para esto necesitamos el Espíritu Santo, que nos ilumine y dé energía para vivir en la verdad. Hemos de pedirle, como decía Pablo, y promete Jesús, que venga en nuestra ayuda. Lo que hemos escuchado en la primera lectura sobre lo que hemos de pedir, es necesario para vivir de acuerdo con lo que nos dice el texto evangélico. ¿Somos capaces de entenderlo y aplicarlo a nuestro vivir?
Beato Bartolomé de Vicenza

Fraile dominico del siglo XIII, tomó el hábito de manos de Santo Domingo. Profesor de Sagrada Escritura y predicador y pacificador de Lombardía y Emilia. Teólogo del papa Gregorio IX, asistiendo al Concilio de Lyon, acabó siendo nombreado obispo de Vicenza
Bartolomé nació en Vicenza (Venecia, Italia) a principios del s. XIII y, siendo estudiante en Padua, entró en la Orden, recibiendo el hábito de manos de santo Domingo en Bolonia. Inicialmente fue profesor de sagrada Escritura, pero más tarde fue predicador y pacificador en las regiones de Lombardía y Emilia, fundando la Milicia de Jesucristo para la defensa de la fe católica y libertad de la Iglesia. Fue religioso de gran discreción y rectitud, que evangelizó con su ejemplo, sermones y escritos. Era teólogo consejero del papa Gregorio IX, asistiendo al concilio de Lyon y el año 1253 fue nombrado por el papa Inocencio IV obispo de Limasol (Chipre) y en 1255 de su ciudad, Vicenza, donde fundó el convento e iglesia dedicada a La Corona de Espinas del Señor. Él tuvo la homilía en la segunda traslación del cuerpo de santo Domingo en 1267. Murió en Vicenza en 1270 después del 20 de octubre, y su cuerpo se venera en la iglesia de La Santa Corona. Su culto fue confirmado en 1793.
Del Común de pastores: para un obispo.
Oración colecta
Oh Dios, que hiciste del beato Bartolomé
un apóstol admirable
para llevar la luz de la verdad a los extraviados
y la paz y concordia entre los pueblos;
concédenos, por su piadosa intercesión,
que nuestro corazón y pensamientos
mantengan en Cristo Jesús esa paz que tú das
y que supera todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Liturgia de las Horas. Propio O.P.