Hermanos:
Hasta hoy, cada vez que se lee a Moisés, cae un velo sobre los corazones de los hijos de Israel; “pero cuando se conviertan al Señor, se quitará el velo”.
Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.
Mas todos nosotros, con la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; por la acción del Espíritu del Señor.
Por esto, encargados de este ministerio por la misericordia obtenida, no nos acobardamos.
Y si nuestro Evangelio está velado, lo está entre los que se pierden, los incrédulos, cuyas mentes ha obcecado el dios de este mundo para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y nosotros como siervos vuestros por Jesús.
Pues el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».
San Pablo nos habla de una de las tareas del Espíritu con nosotros. La de transformarnos cada vez más en la imagen del Señor, que también podemos traducir, por la de cristificarnos. De esta manera, podremos reflejar en nosotros mimos la gloria de Dios. Quien nos vea, quien vea nuestra vida, verá que Dios está detrás de nosotros y le podrá glorificar. “Así es como actúa el Señor, que es Espíritu”. San Pablo tiene el encargo de predicar el evangelio de Jesús, de predicar la obra del Espíritu en nosotros. Y lo hace con toda su intensidad, sin echarse para atrás. “Encargados de este servicio por la misericordia de Dios, no nos acobardamos”.
Pero no todo el mundo acogió la buena noticia que san Pablo difundía. “El dios de este mundo ha obcecado su mente”. Rechazan a Jesús, no van a poder disfrutar de la alegría que lleva consigo el seguimiento de Jesús, la amistad con Jesús.
Vemos que la historia se repite. En nuestro tiempo, muchas personas, impulsadas por el Espíritu aceptan, aceptamos a Jesús y lo que él nos anuncia. Y también hay otras personas que no quieren saber nada de él, más con tono de indiferencia que de rechazo frontal.
Siempre es un buen momento para agradecer a Jesús, con la ayuda de su Espíritu, la obra que ha hecho en nosotros.
Jesús se ha tomado muy en serio lo de que somos hijos de Dios y por lo tanto hermanos unos de otros, y nos pide que nos portemos como tales. Por eso, hoy en primer lugar insiste en lo de nuestra fraternidad, señalándonos algunas de las actitudes contrarias a ella. No ya matar al hermano, sino toda muestra de no amarle, como el estar peleado con él, el llamarle imbécil, renegado… son actitudes que debemos rechazar en nuestra vida de fraternidad.
Nadie como Cristo Jesús, en sus enseñanzas sobre el amor y tirando del hilo de la filiación y de la fraternidad, ha destacado tanto la unión total entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Es claro y rotundo. No se puede amar a Dios si no se ama al hermano. No se puede estar a bien con Dios si se está a mal con el hermano. No se puede llevar una ofrenda al altar de Dios y llevarse mal con un hermano. Es la lógica de Cristo, la lógica de la filiación divina y de la fraternidad universal con todo hombre. La lógica que hemos de vivir.
Beato Juan Domínici

Miembro de la Orden de Predicadores, diplomático y escritos, obispo de la diócesis de ragusa. Es considerado uno de los principales impulsores de la reforma de la vida religiosa tras la crisis de la claustra.
Juan Bianchini, apellidado Domínici quizá por el nombre de su padre, nació en Florencia hacia 1355. Fue el primer fraile que introdujo en Italia la observancia regular, promovida desde 1348 por el beato Raimundo de Capua, cuando éste en 1393 lo nombró vicario general de los conventos reformados. Fue arzobispo de Ragusa (Dubrovnik, Croacia) y cardenal legado de los papas Gregorio XII y Martín V. Escribió doctos comentarios espirituales y colaboró eficazmente en la unidad de los cristianos en el concilio de Costanza. Murió en Budapest el 10 de junio de 1419 y fue enterrado en la iglesia de los Eremitas de San Pablo, destruida en el s. XVI. Su culto fue confirmado en 1832.
Oración colecta
Oh Dios, que nos das
tu sabiduría y tu amor,
y que, para mantener la unidad de tu Iglesia
y restaurar la observancia regular,
llenaste de fortaleza
al obispo beato Juan Domínici;
concédenos, por su intercesión,
buscar constantemente
lo que favorece la unidad y la paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad
las oraciones y ofrendas de tu Iglesia,
y llénanos de un espíritu
de humildad y auténtica caridad
a quienes deseamos servirte con fidelidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Danos, Señor, a los que has alimentado
con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
que verdaderamente nos llenemos
de un espíritu de amor
que ref uerce en todos nosotros
la paz que él nos dejó.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Liturgia de las Horas. Propio O.P.