Hermanos:
¡Dios me es testigo!
La palabra que os dirigimos no es sí y no.
Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue si y no, sino que en él solo hubo sí. Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en el. Así por medio de él, decimos nuestro “Amén” a Dios, para gloria suya a través de nosotros.
Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió, nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones.
Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma. R/.
La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R/.
Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R/.
Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que aman tu nombre. R/.
Asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna maldad me domine. R/.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Los seres humanos en todos los ámbitos de la vida, realizamos proyectos a corto o largo plazo, pero por diferentes motivos no siempre pueden llevarse a cabo, y que mal lo pasamos si se truncan los planes previstos.
Los proyectos de Dios no son los nuestros. Si leemos la Biblia, en toda la historia de la humanidad, cuántas personas han tenido que cambiar sus planes y han dicho “Si” por su Fe, cumpliéndose así los de Dios.
Un ejemplo son Diana de Andalò y Cecilia Romana, las primeras Beatas dominicas relacionadas con Santo Domingo de Guzmán en la fundación de los primeros monasterios de dominicas, cuya fiesta hoy celebramos. Diana tuvo que superar una gran oposición familiar, incluso le fracturaron una costilla, pero ella se mantuvo firme en su Fe y entró en el monasterio de Santa Inés; se comportó como una verdadera madre con todas sus hermanas. Cecilia es una figura importante en los anales de la Orden de Predicadores; fue piedra fundamental en la fundación del primer monasterio de dominicas en Roma por llevar el espíritu religioso del mismo Santo al monasterio de Santa Inés.
Los cristianos de Corinto se molestan por el cambio de planes de Pablo y le hacen sentir desproporcionadamente su disgusto. El Apóstol se defiende. Es cierto que modificó su proyecto inicial, pero no que lo hiciera con miras humanas. Prueba de ello es que imita la fidelidad de Dios. El Señor cumplió en Cristo Jesús todas sus promesas al pueblo de Israel.
Jesús es la descendencia de la Mujer que aplastó la cabeza de la serpiente. Jesús es la descendencia bendita de Abrahán, padre de los creyentes. Jesús es el nuevo David del Reino mesiánico. Jesús es el “Dios-con-nosotros”, anunciado por Isaías y el siervo de Yahvé, que cargaría con los pecados del pueblo para redimirlo.
Cristo realiza las promesas del Padre al cumplir con amor su voluntad salvadora. Cristo es el “Amén”, el sí de Dios. En Él Dios ha dicho amén a sus promesas y Él ha dicho siempre amén a la voluntad de Dios.
Cuando un cristiano responde “Amén” en las oraciones y en la liturgia, -sobre todo en la conclusión de la Plegaria Eucarística y al recibir el cuerpo de Cristo en el momento de la Comunión-, está manifestando su fe en la solidez del amor de Dios para con todos los hombres. Está aceptando con esperanza su plan de salvación. Por eso no debe ser una palabra vacía.
La Iglesia ha recibido a Jesucristo y, a través de Él, responde también a Dios “Amén”. Es evidente que la seguridad y firmeza de la Iglesia están en Dios. Él la ha fundado, ungiéndola y sellándola con su Espíritu. Pablo está describiendo la realidad del bautismo cristiano.
Finalizo este comentario con el versículo que termina la Biblia, (Ap 22,21) “Que la gracia del Señor Jesús sea con todos”. ¡Amén!.
¡Qué dos elementos más hermosos y necesarios para nuestro día a día se contemplan en este pequeño fragmento del Evangelio de San Mateo! Sal y Luz, su destino es estar siempre al servicio de los demás y los dos han tenido mucha importancia a lo largo de la historia de la salvación.
La sal tiene una función purificadora, da sabor, conserva, cura; es una sustancia de las más necesarias para la vida del ser humano.
La luz está hecha para romper las tinieblas y para que todos podamos ver.
En este texto Jesús habla a la muchedumbre desde una montaña. Acaba de proclamar un estilo de vida tan nuevo como sorprendente. Y lo ha hecho con autoridad divina. Él es el Mesías, el Salvador. Por Él vivimos la nueva y definitiva Alianza con Dios.
En esta perspectiva, quien dice sí con su vida a estas enseñanzas es sal y luz. Dos imágenes de lo que Dios quiere del cristiano en el mundo. La sal da valor y sabor a lo que toca. Para ello tiene que disolverse en los alimentos.
La luz sirve para ver, con ella se puede caminar. Ocultarla no tiene sentido.
Así el cristiano, portador del don de Dios, no se puede limitar a gozarlo y vivirlo él solo, debe vivir la misión de ser predicadores de esperanza, ser luz y vida para las personas con las que viven y se relacionan. Debe alumbrar y dar sabor al mundo. No por vanagloria ni haciendo alarde de lo que posee, sino para que los demás, viéndolo, den gloria al Padre. El ejemplo más claro es el mismo Jesús, que siempre actuó poniendo su poder y enseñanzas al servicio de la gloria del Padre.
¿Se han visto truncados nuestros proyectos por seguir a Cristo?
Como Predicador/a ¿doy sabor y aporto luz a mi alrededor?
Beatas Diana y Cecilia

Primeras beatas dominicas directamente relacionadas con Santo Domingo en la fundación y organización de los primeros monasterios de dominicas
vírgenes / memoria libre
Diana de Andaló nació en Bolonia hacia el 1200. Ayudó al beato Reginaldo de Orleans a fundar el convento en aquella ciudad, y en 1219 profesó en manos de santo Domingo, entrando más tarde en el monasterio de clausura de Santa Inés, fundando por ella y por el beato Jordán de Sajonia, donde vivió como madre y ejemplo vivo de las hermanas. Murió el 10 de junio de 1236. Su cuerpo se venera en el monasterio de Santa Inés; su cabeza en la basílica de Santo Domingo. Su culto fue confirmado en 1888.
Cecilia Cesarini nació en Roma a principio del s. XIII y en 1221 profesó en manos de santo Domingo en el monasterio de San Sixto. Entre el 1223-1224 fue enviada por el papa Honorio III con otras tres monjas a Bolonia para ayudar a la beata Diana en la organización del monasterio de Santa Inés, donde condujo una vida religiosa ejemplar y antes de su muerte describió la fisonomía física y espiritual y los milagros de santo Domingo. Murió el año 1290 probablemente el 4 de agosto. Su cuerpo se venera en la iglesia del monasterio de Santa Inés. Su culto fue confirmado en 1891.
Oración colecta
Te pedimos, Señor,
que nos llenes de alegría
en la gozosa festividad
de las vírgenes beatas Diana y Cecilia;
concédenos, por su intercesión,
vivir con el corazón y con las obras
en la caridad fraterna
y en la búsqueda de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Celebrando, Señor, la memoria
de las vírgenes beatas Diana y Cecilia
te proclamamos admirable en tus santos
y te presentamos nuestras ofrendas,
para que, como te fueron gratos sus méritos,
aceptes también nuestra dedicación a tu servicio.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor,
que el sacramento que hemos recibido
en la festividad de las vírgenes beatas Diana y Cecilia,
nos anime y enseñe a esperar
convenientemente preparados la venida de tu Hijo
para ser admitidos a sus bodas celestiales.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Liturgia de las Horas. propio O.P.