Ya llegan días – oráculo del Señor – en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será un alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor – oráculo del Señor -.
Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días – oráculo del Señor – : Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo:
«Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor – oráculo del Señor -, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R/.
Desde Sion extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R/.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
entre esplendores sagrados:
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora». R/.
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan, y pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo».
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
La lectura de Jeremías, todavía en el Antiguo Testamento, nos habla de la nueva alianza que va a realizar Yahvé con su pueblo. Es nueva porque la primera se rompió. La rompió el pueblo siendo infiel a la palabra dada, se fue detrás de otros dioses y dio la espalda a su Dios.
Pero como es Dios, no es como nosotros los hombres, es Dios y fiel a la palabra dada, sigue empeñado en acercarse a su pueblo y en realizar una nueva alianza con él. “He aquí que vienen días en que yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza”. Pero les anuncia también que será distinta la primera, la pactada con ellos a través de Moisés. En esta nueva alianza, Yahvé está decidido a adentrase con más fuerza en el interior de cada miembro del pueblo. “Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mu pueblo… todos me conocerán del más chico al más grande”.
En esta alianza los sacerdotes eran los encargados de ofrecer los diversos sacrificios a Dios, principalmente de animales. Estas ofrendas podían ser de alabanza, de expiación por los pecados, de acción de gracias…
Llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio hijo hasta nosotros. Retocó en bastantes puntos la antigua alanza. Esta vez, la extendió más allá del pueblo judío, a toda la humanidad. Dios y su hijo Jesús no querían dejar a nadie fuera de su amistad, de su alianza. Borró el sacerdocio y todos los sacrificios de la antigua alianza y ofreció al Padre Dios su persona, su vida. Con su sangre, expresión de su amor, selló para siempre la nueva alianza con toda la humanidad. Para que no se nos olvide nunca su pacto de amor con nosotros, en la última cena inventó la eucaristía, para recordarnos cada día su entrega, su amor hacia nosotros. En cada eucaristía, renovamos esta única ofrenda, este único sacrifico de Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote: “Tomad, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos”.
Todos los cristianos, los seguidores de Jesús, participamos de su único sacerdocio. Unos participamos del sacerdocio ministerial y otros del sacerdocio común. Lo que nos toca es imitar al único y eterno Jesucristo. Entregando también nosotros nuestra vida a favor de nuestro hermanos.
¡Que el Señor, nos ayude a cada uno, a vivir el sacerdocio que él nos ha regalado!
Beato Andrés Franchi

Dominico toscano, promotor de la Reforma de la Orden, obispo de Pistoya, fue admirable por sus obras sociales de acogida y ayuda a los necesitados, por sus sermonarios y por las constituciones sinodales
Andrés Franchi nació en Pistoya (Toscana, Italia). Entró muy joven en la Orden en el convento de Santa María Novella de Florencia. Fue uno de los restauradores de la disciplina regular, prior de Pistoya y durante dieciocho años su obispo. Convirtió a muchos pecadores, pacificó la ciudad, fue admirable por sus obras sociales de acogida y ayuda a los necesitados, por sus sermonarios y por las constituciones sinodales. Murió en el convento de Santo Domingo de Pistoya, donde se había retirado renunciando al obispado, el 26 de mayo de 1401 y allí se venera su cuerpo. Su culto fue confirmado en 1921.
Del Común de pastores: para un obispo.
Oración colecta
Oh Dios, que hiciste del beato Andrés
un modelo excelso
por su piedad y doctrina
del predicador de tu Palabra
y del servicio pastoral;
concédenos, por su intercesión,
que, luchando animosamente en tu servicio,
podamos obtener frutos abundantes.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Misal de la Orden de Predicadores