En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.
El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R/.
Conforme a la gracia que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, puse el cimiento, mientras que otro levanta el edificio. Mire cada cual cómo construye.
Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:
«El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Celebramos la dedicación de la primera Basílica, significa “Casa del Rey”; todas las lecturas nos hablan del Templo, el Santuario de Dios que somos nosotros. Impresiona comprobar la continuidad de conceptos, elementos y realidades que envuelven nuestra vida de relación con Dios, de Camino hacia Sus promesas. Casa/Iglesia, agua/gracia, oriente/Sol de la Vida, “el agua fluía del lado derecho=Llaga del Costado de Cristo, Gracia, Misericordia; el recorrido del agua hasta el Mar muerto, hediondo y que queda saneada (la Sangre y Agua limpian los pecados, devuelven la Vida)”; por donde pasa la corriente habrá Vida, “peces abundantes” =convertidos; “la Vida prospera donde llega el Torrente”, la Gracia se ensancha en torrente caudaloso y fresco y ha de difundirse comunicando la Buena Nueva, supone la Evangelización al mundo entero. La Vida es para todos y la Iglesia habrá cumplido su misión cuando todos sean uno en el Amor, “el Cielo y tierra nuevos”. Es la imagen de la cierva que, herida, corre vertiginosamente hacia las fuentes de agua para saciar su sed. Es N.P. Sto. Domingo, el predicador de la Gracia que nos da a beber el Agua de la Sabiduría. Es el ansia, el fuego que nos arde por dentro por conocer y zambullirse en Cristo el Señor: “no daré sueño a mis ojos ni descanso a mis párpados hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Dios de Jacob”.
Y esta Morada somos nosotros, porque Dios se ha dignado hacernos a “su imagen y semejanza”, queriendo que seamos cimientos de su Reino viviendo con sinceridad y verdad. La obra de cada cual quedará al descubierto en el Encuentro entre Dios y la verdad de cada uno.
“Sois SANTUARIO DE DIOS, el Espíritu de Dios habita en vosotros”. Impresiona la dignidad de cada hombre y la necesidad e importancia de no ´vender` el cuerpo a tanto desorden: vicios, abusos, eutanasia, aborto, manipulación… Si alguno destruye el Santuario de Dios (cuerpo) que es sagrado, Dios le destruirá a él, “ese TEMPLO SOIS VOSOTROS”.
(Dios ha dado al hombre todas las capacidades para desarrollar su ser en plenitud; pero es imprescindible respetar la Superioridad del Creador y su plan, es un “fruto prohibido” que hace barrera ante la libertad del hombre: “el celo de tu templo me devora”. La Verdad es una, el Amor tiene un solo Camino, el Bien es concreto y la raíz del Creador es el único Motor para la VIDA del hombre. Si este emplea mal su libertad… aun así Dios abre un Camino de retorno: Cristo, el Hijo que paga todas las deudas… pero sigue la libertad.)
La Pascua… Jesús sube a Jerusalén al templo, a la realidad del pueblo judío, se inserta porque su Revelación es continuidad, completamiento para la Plenitud del Reino. Pero se encuentra el panorama de la deformación de lo que tenía que ser: un mercado, un cumplimiento externo sin alma.
Sólo dos veces se le ve a Jesús airado: en este pasaje y con los fariseos y sale su ira santa, su indignación, porque aprobarlo, seguir la corriente, sería claudicar de la verdad, porque sabía bien que el horizonte de estos judíos y sus dirigentes se había deformado y acomodado al mundo que aparta de Dios: " el celo por tu Casa me devora”. ¡Esto no puede ser! Destruye las raíces, la esencia, la realidad del judaísmo y cristianismo, que es un culto bueno (aunque incompleto).
¿Señales? Todavía interpelan a Jesús, el Señor de los señores : " destruid este templo y en tres días lo levantaré " , es Su RESPUESTA , la respuesta de las respuestas, la definitiva, la que ilumina y da sentido a todo, la que vale la pena escuchar, por la que conviene orientar todo el vivir, el poseer y el dejar , porque la RESURRECCIÓN es la perla preciosa, el Tesoro escondido que se nos revela en el Señor Jesús que asume conscientemente todo lo que nos puede separar de su Cruz y de su Triunfo; asume y por eso rechaza esa comercialización de nuestra vida y de su culto para que espabilemos el oído y el corazón ante su SIGNO, que es garantía real de nuestra salvación. Así los discípulos, cuando resucitó, " se acordaron de lo que había dicho… ". En nuestra historia también hay ese momento de acordarnos y darnos cuenta de que Jesús nos lo había regalado.
¿Soy capaz de reconocer el SIGNO de la Salvación eterna que se esconde tras el desastre que vivimos detrás de nuestros tenderetes?
Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Celebrar la dedicación de la iglesia madre de todas las iglesias es una invitación a los cristianos de la Iglesia universal a vivir la unidad de fe y de amor, para ser piedras vivas en la construcción de la Jerusalén celeste
Basílica de Letrán, basílica del Salvador, basílica de San ,Juan de Letrán…, catedral de Roma, »madre de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe»…, son los nombres más significativos de la iglesia más venerable de la cristiandad, dedicada inicialmente a Jesucristo Salvador y posteriormente a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista. Consagrada en el año 324, desde el siglo XII toda la Iglesia, unida al papa, celebra el 9 de noviembre la dedicación de la primera catedral de la Iglesia.
A partir del histórico Edicto de Milán del año 313 —rescripto otorgado por los emperadores Constantino y Licinio, a favor de la libertad religiosa y de la presencia del cristianismo en la vida pública—, con la paz constantiniana comenzaba para la Iglesia una era de bonanza tras las terribles persecuciones que habían precedido.
Una de los favores que la Iglesia recibió del emperador Constantino, hijo de Santa Elena fue la donación del palacio de Letrán, que se constituyó en sede apostólica. […] A través de los siglos, la vida cristiana de la Urbe —y del Orbe— ha estado unida a la basílica de Letrán, inicialmente dedicada al Salvador del mundo, y, en tiempos de San Gregorio Magno (540-604), a los santos Juanes del Evangelio: Juan Bautista y Juan Evangelista. De ahí el nombre popular de »San Juan de Letrán». En Letrán estuvo inicialmente la Cátedra de Pedro en Roma. En Letrán se celebraron cinco concilios ecuménicos: los primeros que se celebraban en Occidente, en los años 1123, 1139, 1179, 1215 y 1512. En 1300, el papa Bonifacio VIII proclamaba en Letrán el primer Año Santo del cristianismo. En Letrán recibió Inocencio III a los grandes fundadores Francisco de Asís y Domingo de Guzmán y aprobó las órdenes de los Menores y de los Predicadores, que según sueños del papa, serían las fuerzas espirituales que fortalecerían la situación debilitada de la basílica de Letrán, símbolo de la Iglesia. La indiscutible preeminencia de Letrán en la vida eclesial duró hasta que el papa francés Clemente V trasladó la sede pontificia a Aviñón en 1309. Allí permanecerían los papas hasta 1378, en que Gregorio XI, siguiendo los consejos de Santa Catalina de Siena, volvió a Roma. Haciéndose eco del sentir de los cristianos de Roma —y del mundo—, Petrarca escribía al papa Clemente VI en 1350: Padre misericordioso, ¿con qué tranquilidad puedes dormir blandamente en las riberas del Ródano, bajo el artesonado de tus doradas habitaciones, mientras que Letrán se está desmoronando, y la madre de todas las iglesias, carente de techumbre, está a merced de lluvias y vendavales?
Los visitantes y peregrinos que llegan a Letrán, pueden leer en el frontispicio de la gran basílica: Por derecho papal e imperial, se ordenó que yo fuera la madre de todas las iglesias. Cuando se terminó mi construcción, determinaron dedicarme al Divino Salvador, dador del reino celestial. Por nuestra parte, oh Cristo, a ti nos dirigimos con humilde súplica para pedirte que de este templo ilustre hagas tu residencia gloriosa.
Con ser importantes los tesoros cíe arte e historia de la basílica de Letrán, la celebración de su dedicación no intenta quedarse embelesada ante el templo de piedra y oro. Celebrar la dedicación de la iglesia madre de todas las iglesias es una invitación a los cristianos de la Iglesia universal a vivir la unidad de fe y de amor, para ser piedras vivas en la construcción de la Jerusalén celeste, la Iglesia sin mancha ni arruga, cuyo templo, altar y víctima es Jesucristo, el Cordero inmaculado.
José A. Martínez Puche, O.P.
Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.