Volved, hijos apóstatas —oráculo del Señor—, que yo soy vuestro dueño. Os iré reuniendo a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sion. Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Os multiplicaréis y creceréis en el país. Y en aquellos días —oráculo del Señor— ya no se hablará del Arca de la Alianza del Señor: no se recordará ni se mencionará; nadie la echará de menos, ni se volverá a construir otra.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono del Señor».
Todas las naciones se incorporarán a ella en el nombre de «El Señor que está en Jerusalén», y ya no se dejarán guiar por su corazón perverso y obstinado.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño». R/.
«Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Después de la alianza sellada por Yahvé con su pueblo: “yos seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”, muchos del pueblo de Dios no permanecieron fieles a esta alianza y se fueron detrás de otros dioses. El Señor, a través de este oráculo de Jeremías, pide a los “hijos apóstatas” que se conviertan, que vuelvan a él. Les anuncia que les mandará “pastores conforme a mi corazón” para que les guíen por los verdaderos caminos. El Señor cumplió su palabra y, después del destierro de Babilonia, les mandó excelentes pastores como Zorobabel, Esdras, Nehemías que guiaron a su pueblo.
Sabemos que esto era el preludio antes de que nuestro Dios Yahvé mandase a toda la humanidad al Buen Pastor, a su Hijo Jesús, para que apacentase su rebaño y le condujese por el camino que lleva a la viva y vida en abundancia.
La verdad es que da reparo comentar la parábola del sembrador cuando el mismo Jesús nos la explica. Lo único que podemos hacer es confirmar la explicación de Jesús sobre la suerte que corre su Palabra, su buena notica, que cae al borde del camino, en terreno pedregoso, entre zarzas y en buena tierra…
Lo que sí nos corresponde a nosotros es pedirle que no dejemos que las diversas situaciones en las que nos vemos envueltos impidan que su Palabra penetre en nuestro corazón y dé fruto abundante. Pedirle que nos regale la luz y la fuerza suficientes para hacerle caso… que es lo la mejor manera, la única manera, para conseguir la alegría de vivir que tanto anhelamos y deseamos.
Beata Juana de Orvieto

Laica dominica, fue admitida en la Orden Tercera de la Penitencia de Santo Domingo. Su frágil salud hizo que se identificara con la Pasión del Señor. Fue espejo y maestra de vida cristiana para sus conciudadanos de Orvieto
Juana o Vanna nació en Carnaiola, cerca de Orvieto (Umbría, Italia), hacia 1264. Huérfana cuando era niña, vivió de su trabajo de bordadora. Entró en la Orden de penitencia de Santo Domingo siendo modesta y diligente, por lo que todos le pedían consejo e intercesión. Fue una gran contemplativa de la pasión del Señor, con amor ferviente y paciencia perfecta, recibiendo toda clase de dones celestiales por la gracia del Salvador. Murió en Orvieto el 23 de julio de 1306 y su cuerpo se venera allí en la iglesia de Santo Domingo. Su culto fue confirmado en 1754.
Del Común de vírgenes o de santas
Oración colecta
Oh Dios, que enriqueciste
con divinos carismas
la pureza eximia
y la caridad ferviente de la beata Juana;
haz que nosotros imitemos
con la inocencia de vida
y con la laboriosidad
lo que en ella admiramos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.